jueves, 10 de diciembre de 2009

Tratado antimisiles: tiempo al tiempo

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
Sucedió lo esperado: Estados Unidos y Rusia anunciaron la imposibilidad de confeccionar por el momento el acuerdo sustitutivo del llamado START-1 para la reducción de sus respectivos arsenales atómicos.

El protocolo de marras llegó sin soluciones el pasado sábado a su fecha de vencimiento, a pesar de que ambas partes negociaban desde mayo último el texto que debería darle continuidad. Posiciones contrapuestas sobre diferentes aspectos no lograron que el proyecto finalmente cuajara.

De hecho, días antes el Departamento de Estado anunció en Washington la imposibilidad de tener listo hasta fines de año un nuevo documento.

Ian Nelly, portavoz de la diplomacia estadounidense, afirmó en esa ocasión que era “claramente imposible” sustituir en la fecha prevista al protocolo ya vencido y precisó que su país tiene el objetivo de hacerlo a finales de este mes.

En consecuencia, y de manera remedial, Moscú y Washington se dieron a la tarea de aplicar opciones para intentar prorrogar varias de las cláusulas del documento que data de 1991 e incluye provisiones de verificación mutua.

Agencias de prensa afirmaron incluso que desde la Casa Blanca se dijo que los mandatarios de ambas potencias habían acordado horas antes que el START continuaría vigente mientras se desarrollan los diálogos para reemplazarlo.

El START-1 logró en su momento la reducción de un tercio en los arsenales nucleares de Rusia y los Estados Unidos.

Actualmente, las fuerzas armadas norteamericanas almacenan casi cinco mil 600 cabezas nucleares y cerca de mil 200 portadores, en tanto Rusia posee alrededor de cuatro mil ojivas y poco más de 800 vectores. El nuevo acuerdo espera reducir esas cifras hasta unas mil 600 cabezas atómicas y menos de mil portadores para cada firmante.

Para quienes han seguido este farragoso proceso se hace evidente que una de las causas del retraso en las negociaciones ha sido el tozudo empeño de Washington en desplegar su sistema antimisiles en Europa del Este, decisión considerada por Moscú como amenaza a su seguridad.

Solo hasta hace pocos días la Casa Blanca estuvo insistiendo en la ubicación de radares de espionaje en la República Checa y baterías de misiles en Polonia, lo cual hizo que Rusia anunciara un posible despliegue coheteril en Kaliningrado como respuesta a la provocadora decisión de su oponente.

El sonado escudo antimisiles norteamericano persigue, según analistas, otorgar a los halcones de Estados Unidos la posibilidad de propinar un primer golpe nuclear y anular la posible respuesta del agredido, ventaja peligrosa, inadmisible y desestabilizadora de cuanto esfuerzo se ha realizado hasta hoy para frenar el riesgo de destrucción atómica global.

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