lunes, 25 de mayo de 2009

El prócer desconocido de la Revolución de Mayo: Julián Álvarez


Cuando San Martín pisó tierra argentina, en 1812, procedente de Londres, junto a un notable grupo de revolucionarios (Zapiola, Alvear, Holmberg, Chilavert, Vera Arellano, el padre Anchoris entre otros) fue recibido por el jefe de la masonería local que presidía la "Logia Independencia", doctor Julián Alvarez.

Alvarez era un morenista jacobino, que trabajó en La Gaceta de Buenos Aires, designado en ese cargo por Mariano Moreno y dirigía varios centros conspirativos del liberalismo revolucionario, tanto de filiación masónica o eminentemente política, entre éstos últimos el club que se reunía en el Café De Marcos y la Sociedad Patriótica.

Luego de la muerte prematura de Mariano Moreno, le tocó dirigir durante un breve período La Gaceta mencionada. Alvarez puso a San Martín en contacto con tres cuadros revolucionarios que lo acompañarían durante su campaña libertadora: Manuel Guillermo Pinto (1783-1853), José Gregorio Gómez (1780-1876) y el publicista Bernardo de Monteagudo (1789-1825). Gómez (el "Goyo" Gómez), fue la única persona que se tuteó con el Libertador durante la campaña emancipadora. Provenía de la "Logia San Juan de Jerusalén de la Felicidad de esta parte de América", según datos aportados por los historiadores Vicente Cutolo y A. J. Pérez Amuchástegui.

Alvarez había nacido en Buenos Aires el 9 de enero de 1788. Pertenecía a una familia rica, su padre era el español Saturnino Alvarez y su madre, Ana María Perdriel. Ello le permitió frecuentar las mejores escuelas, colegios y estudios terciarios. La educación dirigida por los jesuitas, y enseñanzas que recibió en el Colegio San Carlos, en Córdoba y en Chuquisaca le permitieron obtener el título de Teólogo, pero paralelamente a sus estudios sacerdotales, en Chuquisaca, leyó los libros prohibidos de Juan Jacobo Rousseau, de los enciclopedistas, las ideas de los jesuitas Mariana y Suárez sobre el tiranicidio y el derecho de resistir a la opresión.

Se trata del prócer desconocido de la Revolución de Mayo, que tuvo en aquellos acontecimientos de 1810 y en la década posterior, una actividad central pero que ha sido ignorado por los historiadores liberales, católicos, revisionistas o de otras tendencias, probablemente por su carácter de dirigente masónico. Posee una calle en la Buenos Aires actual, en el Barrio Norte, pero difícilmente alguien conozca realmente, incluidos los profesores de historia, quién era, sus datos biográficos, su actividad política revolucionaria y su obra como destacado jurista.

Prócer argentino y uruguayo

Julián Alvarez se exilió en Uruguay con su mujer María Pascuala Obes y el resto de su familia en 1820, al comenzar la guerra civil. En Montevideo fundó El Constitucional, destinado a difundir el credo republicano e institucionalista, que desalentara las contiendas internas de las nuevas naciones.

Como nadie es profeta en su tierra, en Uruguay, Julián Alvarez es considerado uno de los Padres de la Patria y, al morir en 1843, hay que destacar que se desempeñaba como presidente de la Corte Suprema de Justicia de la nación oriental.

Cuando estalló el proceso de Mayo, dejó la sotana y se unió a los revolucionarios en su fracción más combativa. Amigo y colaborador estrecho de Mariano Moreno con quien trabajó en los once meses de vertiginosas jornadas, conocía con seguridad las ideas del Secretario de la Primera Junta y su famoso "Plan de Operaciones", escrito por Moreno.

Es interesante constatar que cuando el Libertador San Martín implantó la economía de guerra en Mendoza, coincidió con las ideas de Moreno, impulsor de la industrialización, el proteccionismo económico y una suerte de estatismo.

También es probable, teniendo en cuenta que Alvarez hasta 1820 trabajó estrechamente con San Martín, realizando misiones que éste le encomendó u organizando grupos revolucionarios o de choque en Buenos Aires, haya sido el nexo entre las ideas morenistas del período de mayo de 1810 y las de San Martín, en Mendoza, durante la organización del Ejército de los Andes.

Juan Andrés Gelly fue contemporáneo de Julián Alvarez, y probablemente la suya sea la primer biografía escrita sobre el prócer, un año después de su muerte. Así lo testimonió con su trabajo Apuntes biográficos del Dr. D. Julián Alvarez, presidente de la Honorable Cámara de Representantes, en el año de su fallecimiento y presidente jubilado de la Excma. Cámara de Apelaciones de la República del Uruguay.

Posteriormente, Vicente T. Caputi (1882-1939), publicó en 1930, las Rememoraciones centenarias. Gestación y jura de la Constitución de la República Oriental del Uruguay reproduciendo las intervenciones y discursos de Julián Alvarez en la Constituyente uruguaya de 1829, donde el prócer rioplatense tuvo una activa participación en su calidad de político y jurista.

Hombre de Mayo

Fue uno de los que suscribieron la presentación popular del 25 de Mayo de 1810. En enero de 1811, se le nombró como funcionario en la Secretaría de Gobierno de Buenos Aires, al lado de Moreno. Posteriormente fue diputado por San Juan a la Asamblea de 1812-3. Fue procesado y encarcelado por sostener, desde la prensa, en contra de la Asamblea General Constituyente, la necesidad de que el poder se concentrara en una sola persona. Al instalarse el Directorio fue absuelto y pasó a desempeñarse como oficial en la Secretaría de Estado. Desde 1816 hasta 1820, tuvo a su cargo la redacción de la Gaceta para quien cumplió diversas tareas revolucionarias.

Junto a Alvarez Thomas, cumplió otras tareas ante el gobernador de Santa Fe, Estanislao López. En 1820, enfrentado con el partido porteñista, luego de ser encarcelado por poco tiempo, partió a Montevideo con su familia. Sobre el prócer, Mitre dijo que era de "un bellísimo carácter, talento epigramático sin amargura, escritos fácil aunque algo difuso, nutrido de estudios serios, que derramaba en sus escritos toda la savia exuberante de la juventud".

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El empleado de correos que llego a general revolucionario: Domingo French


Hombre de acción de la Revolución de Mayo, como otros morenistas, fue un jacobino. Provenía de una familia de pequeños comerciantes. Su nombre completo era Domingo Cristóbal French.

Había nacido en Buenos Aires el 21 de noviembre de 1774 y era hijo de Patricio French, comerciante español, y de María Isabel de Urreaga y Dávila.

Estudió en la escuela que los jesuitas anexaron al templo de San Pedro Telmo. Se fue muy joven de su hogar paterno y el 7 de octubre de 1798 -a los 24 años- contrajo matrimonio, en oposición de su familia y la de su novia, que era su prima, Juana Josefa de Posadas y Dávila.

Para dar sustento a su familia fue asalariado del Convento de la Merced y, en 1802, comenzó a ganarse la vida como "cartero único" de la Administración de Correos.

French era un hombre de acción, es decir, decidido. Lo demostró ingresando a las milicias y luchando durante las invasiones inglesas, ya que formó parte, primero, de los Húsares Voluntarios y luego de los legendarios Húsares de Pueyrredón. Por su heroísmo le fue dado los grados de teniente y sargento mayor. En 1807 logró prender a José Presas y Marull y sacarlo del país en un navío, rumbo a Río de Janeiro.

Desde luego, no fue, junto a Antonio Luis Berutti, un "muchacho que repartía cintas y escarapelas", como cuenta la historia mítica. Era un revolucionario consecuente que debió cumplir tareas difíciles como fue la de fusilar a los elementos contrarrevolucionarios en Cabeza de Tigre, entre ellos a Liniers, cumpliendo órdenes de la Primera Junta patria.

Berutti, su compañero en los días de Mayo, perteneció a la masonería (logias "Independencia", "Lautaro", "Ejército de los Andes" y "San Juan de la Frontera" de San Juan). Ambos alentaron a grupos civiles de choque como la denominada "Legión Infernal" y los llamados chisperos.

Asistió al Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, reproduciendo el voto de Saavedra. No está claro si las cintas que repartía junto a Berutti para identificar al sector independentista eran celestes y blancas o rojas. Poco interesa saberlo. Lo cierto es que con esos distintivos y con arengas movilizaron a muchos sectores de los suburbios de la Vieja Aldea ya que la gente rica miraba con desconfianza la causa independentista y la Iglesia Católica estaba dividida entre revolucionarios y contrarrevolucionarios. Muy pocos saben que el Vaticano y el papado apoyaron a España y se pronunciaron contra la Revolución de Mayo. El reconocimiento de la Independencia se produjo muchos años después. Y, en el caso de Cuba, hasta fines del siglo XIX y comienzos del XX, Roma se mantuvo junto a los despojos del imperio español.

El coronel revolucionario

A pocos días de constituido el gobierno patrio, fue promovido al grado de coronel, encargándosele la formación del regimiento de infantería "América" o "de la estrella" roja, por el color de la insignia que los soldados y oficiales llevaban en la manga del uniforme. Con este cuerpo, French marchó a Córdoba a sofocar la insurrección realista y a pasar por las armas a los enemigos de la Revolución.

Morenista y jacobino intransigente, durante el motín del 5 y 6 de abril de 1811, se lo separó del regimiento, siendo desterrado a Carmes de Patagones, en el sur. Julián Álvarez, una vez derrocados los saavedristas, lo hizo retornar a Buenos Aires, donde se le restituyó su cargo militar y al mando de su regimiento -que desde entonces se lo llamó 3 de Infantería- produjo el sitio y toma de Montevideo. Por esos servicios, el Director Posadas le acordó la "medalla a los vencedores".

Pero Posadas, su cuñado, estaba molesto por el casamiento de French, que era la comidilla de la sociedad porteña y un tiempo después, lo desterró. Con el advenimiento al gobierno de Álvarez Thomas, fue rehabilitado y pudo volver al país, reconstituyendo su familia. En 1815 reforzó con su regimiento al Ejército del Norte que comandaba Rondeau, recientemente derrotado en Sipe-Sipe. Relevado Rondeau, fue sustituido por Belgrano, French y Pagola que criticaron al gobierno de Buenos Aires por la conducción de la guerra y su política aislacionista.

French retornó a Buenos Aires y como la mayor parte de los morenistas se unió al coronel Manuel Dorrego, federal doctrinario, rebelde y crítico del partido rivadaviano. French y Dorrego se definieron como federales, republicanos y partidarios de la democracia, denunciando a Juan Martín de Pueyrredón por "monarquista".

Pueyrredón lo desterró a los Estados Unidos, donde estuvo dos años, hasta que el mismo Pueyrredón lo restituyó al país otorgándole el grado de coronel mayor, en abril de 1819. El gobernador Martín Rodríguez lo nombró "Comandante del resguardo de Mar y Tierra", pero French no aceptó el cargo meramente honorífico y permaneció adscripto al Estado Mayor.

Falleció en Buenos Aires, el 4 de junio de 1825, a los 51 años de edad. Hijos suyos fueron Domingo, que fue fraile dominico y Aurelio, de profesión farmacéutico.

French fue uno de los valientes que se comprometieron con la causa de la Revolución, en cuerpo y alma. Se destacó por su decisión cuando muchos, por intereses personales o ideológicos, dudaban. Por la estirpe de esos hombres, Mayo se hizo popular y la causa de la Independencia logró finalmente imponerse. Hoy habría que aprender mucho del ejemplo de French.

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