jueves, 24 de septiembre de 2009

Contraofensiva

Juan Diego García (especial para ARGENPRESS.info)

La contraofensiva de la derecha en Latinoamérica se incrementa con los últimos acontecimientos, en particular el golpe palaciego en Honduras y sobre todo la decisión estadounidense de ampliar su presencia militar en Colombia con nuevas bases; siete en total, que se sepa.

Contra los gobiernos más nacionalistas y populares se mantiene la estrategia del golpe militar, el sabotaje económico y mediático y la nunca descartada intervención militar, una estrategia bélica que gana mayor realismo precisamente con la renovada alianza entre Uribe Vélez y los halcones de la gran derecha gringa.

Contra los llamados “gobiernos moderados” se busca recuperar el control mediante victorias electorales para lo cual se acude a todo tipo de tácticas y se invierten ingentes recursos para desgastar a los gobernantes y propiciar triunfos electorales con la vieja o la nueva derecha manteniendo, a pesar del amplio rechazo popular, las mismas consignas neoliberales cuyos efectos perniciosos para las mayorías explican en gran medida las derrotas de la derecha en el continente.

Brasil se destaca en este panorama convulsionado por su peso específico en el área mucho más que por la radicalidad de las medidas de su gobierno. En los hechos, Lula ha mantenido con matices sociales la misma política neoliberal de sus predecesores, pero dadas las dimensiones del país y los intereses generados que chocan parcialmente con la expansión estadounidense en la región, el coloso del sur genera una dinámica de contradicciones que llevan a competir con los grandes países capitalistas por zonas de influencia y a encabezar un proyecto de integración regional sin los Estados Unidos. La dura oposición de Brasil a la instalación de bases estratégicas en Colombia es buena muestra de ello, así como la adquisición de armamento sofisticado a Francia en cantidades infinitamente mayores que las realizadas por Venezuela a Rusia; en ambos casos con evidentes propósitos de defensa. Hay demasiadas experiencias amargas en el pasado que sugieren no confiar en las explicaciones de Bogotá y Washington acerca del papel inocente de las bases militares. Es obvio que no se trata de combatir el narcotráfico ni menos aún de exterminar un supuesto terrorismo, definido siempre a conveniencia. Resulta paradójico que –a excepción probable de Perú- ningún país latinoamericano califica a los insurgentes de la izquierda colombiana como terroristas. Igualmente destacable es el actual rol de Brasil en la crisis de Honduras dadas las enormes repercusiones que tendría para todos dejar impunes a los golpistas.

Externamente la ofensiva viene de los Estados Unidos (y de la Unión Europea, incapaz de afirmar una política propia). La nueva administración en la Casa Blanca introduce matices que sin embargo no se traducen en cambios importantes en la línea general de su política exterior. En los asuntos decisivos la nueva administración se parece cada vez más a la anterior. No por azar puestos claves del equipo de gobierno sigue en manos de personajes centrales del período de Bush.

La correlación de fuerzas, sin embargo, no resulta tan favorable a los Estados Unidos y sus clases aliadas en el continente americano como era usual en el pasado.

El golpe de estado en Honduras, el despliegue de la IV Flota, las instalaciones militares en Colombia, los intentos de golpe de Estado, la permanente y agresiva política de las empresas multinacionales en busca de mercados y materias primas en el continente y su grosera intromisión en los asuntos internos de los países, la hostilidad hacia Cuba y otros estados, todo ello ha provocado una reacción considerable entre la ciudadanía y una respuesta contundente de casi todos los gobiernos, muchos de ellos amenazados con golpes civiles o militares similares al de Honduras. 

Cada vez resulta más difícil ocultar la realidad y se hace más evidente la manipulación y el engaño que se realiza a través de los medios de comunicación (casi todos en manos de grandes conglomerados económicos). Resultó inútil, por ejemplo, el intento de vender el golpe de Honduras como una “medida constitucional” y ya es casi imposible ocultar a la opinión pública que el régimen colombiano no es más que un entramado autoritario, excluyente y en manos de una elite civil-militar que combina las formas externas de la democracia con la eliminación sistemática de los opositores. El ex presidente Carter acaba de confirmar en una entrevista a El Tiempo de Bogotá la directa implicación del gobierno de Bush en el golpe de estado contra Chávez. Se podría agregar sin duda que El Pentágono y la CIA están detrás del golpe contra Zelaya. Siguen tan activos como siempre a pesar de las buenas palabras de Obama.

Aunque soplan vientos de tormenta en Latinoamérica no todo es favorable al imperialismo. Las medidas que favorecen a las mayorías populares concitan apoyos electorales muy significativos a los gobiernos progresistas y permiten cambios constitucionales de gran relevancia. En todos los casos esos cambios han sido sometidos a la voluntad popular en las urnas obteniendo respaldos contundentes que dan mucha legitimidad a los gobernantes y dificultan la acción de la derecha. Al mismo tiempo se incrementa la defensa de los recursos naturales y aumenta el sentimiento nacionalista y la reivindicación de la propia identidad, en duro contraste con la vergonzosa obsecuencia de las elites tradicionales respecto a europeos y estadounidenses y su no ocultado racismo y desprecio de indígenas, negros y mestizos, a quienes siempre han mirado como a etnias inferiores.

La soberanía y la autodeterminación ganan nuevas dimensiones en el actual proceso nacionalista y popular en contraste con el discurso tradicional de las clases dominantes que entremezclan con cinismo las palabras más solemnes de supuesto patriotismo con la entrega vergonzosa a intereses foráneos. Uribe Vélez, por ejemplo, clama que Colombia da una prueba fehaciente del ejercicio de su soberanía nacional…entregándola a los gringos. O sea, el país es soberano para vender su soberanía mediante tratados militares secretos, hurtados al conocimiento del país y ocultando a los vecinos las reales intenciones de estas bases, todo lo cual aumenta las suspicacias y provoca el rearme general como medida de disuasión o al menos para hacer muy costosa una posible agresión colombo-gringa contra cualquiera que se convierta en objetivo. Venezuela, por ejemplo.

Estas corrientes populares de tan claro protagonismo constituyen la fuerza fundamental que sostiene a los gobiernos nacionalistas y populistas del continente y son el mayor obstáculo a los planes de la derecha. La destacada movilización popular en Honduras y la airada reacción continental contra la instalación de siete bases militares en Colombia –para no citar sino los dos hechos actuales más significativos- muestran las dificultades de una política imperialista en la región y el laberinto en que se mueven las clases dominantes de estos países. 

Por supuesto, la contraofensiva de la derecha criolla e internacional no ha sido vencida, ni mucho menos. Volverán a intentar otro golpe como el de Honduras y otras provocaciones como el ataque colombiano a Ecuador. Y no debería descartarse aquí un conflicto armado más o menos general y la vuelta a los baños de sangre con los cuales se ha destruido siempre en Latinoamérica a los movimientos populares y nacionalistas. Solo que esta vez lo tienen más difícil y la consigna del comandante cubano Juan Almeida Bosque, recientemente fallecido, llena hoy las calles de Tegucigalpa y otras ciudades del continente como grito de batalla: “aquí no se rinde nadie”.

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¡150.000 hondureños en la calle en la capital!

Dick Emanuelsson (especial para ARGENPRESS.info)

Pese al toque de queda (lunes 16.00 horas-miércoles 10.00 horas) que fue suspendido a las 10 de la mañana el martes por siete horas, la Resistencia contra el golpe de estado logró a juntar 150.000 hondureños en la capital hondureña.
En esta misma noche esta llegando reportes sobre fuerte represión en los barrios populares de Tegucigalpa en donde la Resistencia se ha consolidado su presencia.

Concluyendo la gigantesca marcha elementos del ejercito y la policía nacional y sus comandos Cobras agredieron salvajemente a los manifestantes en el pleno centro de Tegucigalpa. En las fotos que miembros de la resistencia han publicado esta noche se puede constatar que las victimas han sido golpeadas con “toletes” y torturado, como el caso de Walter Javier Rodríguez, 21 años, con cigarro.

Hay versiones relatadas en Radio Globo que dice que los detenidos son llevados a un cerro en la cercanía de los bomberos de la capital en donde, supuestamente, son torturados por la policía.

Durante la marcha pudimos entrevistar varios hondureños, activistas como dirigentes, sobre la actual situación después el regreso del presidente elegido por los hondureños, Manuel Zelaya Rosales, y sus visiones sobre el panorama político de la lucha por la restauración del orden constitucional.

Entrevistas en audio (mp3) por Dick Emanuelsson:

1. Andres_Pavon, presidente del CODEH: ¡”Este es un fascismo total”!

2. Jose Efraín Andino, víctima de la brutal represión en la madruga al frente a la embajada de Brasil: “Estoy mayugado en todo el cuerpo por los golpes y las patadas militares”

3. Manifestante joven: ¡“Somos Morazanistas hasta la muerte”!

4. Tomas Andino, diputado de la Unificación Democrática (UD): ¡“Estamos sumamente contento por que la Resistencia se ha vuelto indesstructible”!

5. Maria Galeas, 80 años: “No es justo lo que hicieron al presidente hondureño, por eso ando en la Resistencia”

6. Augosto Palma, 82 años: ¡“Vamos a luchar hasta el último momento de la vida”!

7. “¿Por qué las Cobras estan golpeando el carro”? pregunta un señor en Plaza Miraflores después que unidades del Comando Cobra le pegaba su carro con el tolete.

8. José Maldonado Manzanares, secretario general de la Confederación Nacional de Campesinos, CNC: “Estamos en 87 días de la toma del Instituo Nacional Agrarario para proteger a los expedientes”

9. Manuel de Jesús Sosa, presidente del Sindicato de Trabajadores del Instituo Nacional Agrarario, SITRAINA: “Con el golpe de estado nos quieren quitar nuestros derechos”

10. Nehemias Martinez, candidato del Partido Liberal del Oriente: “Nuestro es la vía rápida a una Asamblea Constituyente donde hay una recomposición de toda la estructura social del país”.

11. Bertha Cáceres Flores, líder indígena de CHOPIN: “Cada día hay municipios y comunidades estructurando la Resistencia contra la dictadura”

Foto 1: Honduras, Golpe de Estado - Carlos humberto Izaguirre de 51 años y según su testimonio fue torturado por elementos de la Policía Nacional. / Autor: RESISTENCIA NACIONAL
Foto 2: Honduras, Golpe de Estado - Walter Javier Rodríguez. Tiene 21 años y fue detenido y luego torturado en dos postas policiales de Tegucigalpa. / Autor: RESISTENCIA NACIONAL

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“Pobretariado”: ¿nuevo sujeto revolucionario?

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

1.Esquemas clásicos y neoliberalismo

Cuando a mediados del siglo XIX Marx y Engels escribían el Manifiesto Comunista, no cabía ninguna duda que el fermento revolucionario de la sociedad industrial que tenían a la vista era la clase obrera. El llamado de “¡Proletarios del mundo, uníos!” tenía una lógica indubitable en ese contexto. Hablando de una sociedad altamente industrializada como la británica de ese entonces -marcando el ritmo del capitalismo ascendente que comenzaba a expandirse por todo el mundo y que sepultaba definitivamente al feudalismo en Europa terminando al mismo tiempo con otro tipo de formaciones económico-sociales precapitalistas en los países donde iba imponiéndose- se desprendía de suyo que esa clase trabajadora estaba llamada a ser el motor del cambio social en ciernes -que, se suponía en ese momento, incluso como casi inminente-.

En los países periféricos, en aquellos donde el capitalismo se abría paso pero que estaban lejos de estructurarse aún según el modelo ya triunfador en la Inglaterra decimonónica, sin una producción fabril considerable y, por tanto, sin una clase obrera industrial numerosa y organizada, surgía la pregunta de quién, y de qué manera, sería el elemento transformador. ¿Cuál es el sujeto revolucionario de los países con economía básicamente agraria? Pregunta que mantuvo en vilo la reflexión de los socialistas por mucho tiempo. ¿Es posible hacer una revolución socialista en un país poco desarrollado industrialmente? La realidad vino a responderlo: todas las experiencias socialistas surgidas hasta ahora en la historia se dieron en sociedades poco o casi nada industrializadas, con gran base campesina: Rusia, China, Cuba, Vietnam, Corea, Nicaragua. 

Desde Latinoamérica, continente muy poco desarrollado en términos industriales en comparación con las metrópolis que le marcaban el paso, e incluso con una gran presencia de población indígena -lo cual abre otra compleja problemática paralela- surgieron muchas respuestas a esos interrogantes teóricos. La clase obrera industrial, característica dominante de los países industriales del Norte -europeos y Estados Unidos- es una realidad de los modelos de sociedades desarrolladas, con una gran producción dedicada a mercados ampliados, con tradición sindical, con poca población campesina. Y esa fue -¿sigue siendo?- la vena revolucionaria, el elemento llamado a cambiar las relaciones de producción -al menos así siempre lo concibió la teoría- a través de una acción transformadora, en lo político en principio, y a mediano y largo plazo en lo económico y en lo socio-cultural. Pero la experiencia de la mayoría de los países del mundo no fue por ahí: lo que predominó durante todo el siglo XX fueron sociedades agrarias, casi sin proletariado urbano, con poco desarrollo sindical, basadas en la producción agroexportadora o de productos primarios para beneficios de sus oligarquías y en precarias economías de subsistencia para las grandes masas, campesinas en su mayoría, sociedades que abren entonces interrogantes a la teoría marxista, no para negarla, sino para invitar a nuevos planteamientos. 

Así fueron surgiendo, en distintas latitudes del llamado Tercer Mundo, nuevas reflexiones sobre estos temas: ¿cuál es el “verdadero” sujeto revolucionario?; ¿qué pasa cuando hay una clase obrera muy pequeña o cuando esta no existe?, ¿es posible el paso al socialismo en países enteramente agrarios? Líderes y pensadores socialistas dejaron importantes aportes al respecto: Mao Tse Tung, Ho Chi Ming, Ernesto Guevara, Patrice Lumumba, José Mariátegui, Franz Fanon, Julius Nyerere, entre otros -la lista es larga y de muy alta calidad- son algunos de los numerosos interlocutores de este debate. En ese sentido puede decirse que hasta la década de los 70 del pasado siglo, estos temas estaban en la agenda del campo popular y revolucionario de todo el mundo, dado que se vivía para entonces un clima de cambio y, de hecho, con el flujo de movimientos populares en ascenso en los países de base campesina del Sur, estas cuestiones estaban a la orden del día. Mientras tanto, el proletariado industrial de los países desarrollados del Norte por diversos motivos no había llegado aún a su cita con la revolución socialista.

La euforia revolucionaria de aquellos años fue respondida con brutalidad; al ascenso de movimientos populares y grupos de acción armada de los 60 y 70, con una Unión Soviética aún pujante y una República Popular China que despertaba actuando ambas como telón de fondo de esa marea transformadora que se movía por todos lados, siguieron en años posteriores represiones feroces (las dictaduras que bañaron en sangre Latinoamérica por ejemplo), sobre las que se erigieron más tarde los planes neoliberales. Con la caída del campo soviético, en la década de los 90 el triunfo del capital global (léase multinacionales con socios locales en los distintos países según los casos) fue absoluto, y la marea de cambios de décadas atrás quedó sepultada. Así, en la lucha entre capital y trabajo asalariado, para decirlo en términos de análisis marxista, triunfó el primero de ellos. El retroceso en los derechos de los trabajadores fue enorme; conquistas laborales obtenidas en gloriosas jornadas de lucha a lo largo del siglo se perdieron de un plumazo. La precariedad laboral se impuso por todos lados, en la industria próspera del Norte y en el siempre postergado y empobrecido Sur. 

Así fue constituyéndose un nuevo panorama sociopolítico y económico del mundo: para los 90, para los inicios del nuevo siglo, la revolución socialista parecía haber “pasado de moda” ganando en preponderancia la lucha por la pura sobrevivencia, cada vez más difícil, dado que las condiciones laborales y de subsistencia en general se habían tornado desastrosas. Los sectores asalariados, a lo largo y ancho del planeta, quedaron golpeados e indefensos ante el capital que impuso leoninas condiciones de superexplotación. Para decirlo con nombre y apellido: contratos “basura” sin prestaciones laborales, tercerización o subcontratación, deslocalización laboral (eufemismo por expresar: condiciones de trabajo de terrible explotación en la región Sur del mundo donde no existen mayores controles), virtuales situaciones de esclavitud en muchos casos (27 millones de esclavos en el planeta según datos de la Organización Internacional del Trabajo), retroceso en las ocho horas como jornada laboral universal -en la Unión Europea se planteó recientemente llevar esa jornada a 60 horas semanales-, aumento del trabajo infantil (en vez de disminuir, crece el número de niños trabajadores y de niñez de la calle), sobreexplotación de la mano de obra femenina… Los éxodos internos de población rural que huye de la pobreza crónica de su medio hacia las grandes ciudades (dentro de su país o hacia otros países del Norte próspero, que ven como el sueño que podrá resolver sus vidas) son cada vez más grandes, más incontenibles. El resultado de ello son mega-ciudades que no dejan de crecer con cinturones de pobreza cada vez más inaudita. Hoy día, según estimaciones fidedignas, aproximadamente el 60 % de la población económicamente activa del mundo labora en condiciones de informalidad, en la calle, por su cuenta (que no es lo mismo que “microempresario”, para utilizar ese engañoso eufemismo hoy a la moda), sin protecciones, sin sindicalización, sin seguro de salud, sin aporte jubilatorio, peor de lo que se estaba décadas atrás, ganando menos y dedicando más tiempo y/o esfuerzo a su jornada laboral. El obrero industrial, entrevisto como el artífice de la revolución socialista un siglo y medio atrás, pareciera hoy una especie en extinción. 

Ese contexto general y sus inmediatas repercusiones lo explica perfectamente Atilio Borón, refiriéndose a la experiencia latinoamericana, cuando dice que [el esquema neoliberal] “precipitó el surgimiento de nuevos actores sociales que modificaron de manera notable el paisaje sociopolítico en varios países. Es el caso de los piqueteros en Argentina; los pequeños agricultores endeudados en México, organizados en el movimiento “El campo no aguanta más”; el fortalecimiento de los sectores indígenas en Bolivia y Ecuador. Habría que añadir a los jóvenes privados de futuro por un modelo económico que los condena a su suerte. En fin, el neoliberalismo dio paso a la aparición de un voluminoso subproletariado que Frei Betto ha denominado “pobretariado” del cual hacen parte desempleados, subempleados y trabajadores precarizados e informales.”

Con lo cual llegamos a un planteamiento nuevo, quizá inconcebible hace 30 años atrás: ¿quién es hoy el sujeto de la revolución (que obviamente “no pasó de moda”) luego de estos cambios dramáticos en que los trabajadores han perdido tanto terreno? Fidel Castro se preguntaba recientemente: “¿Puede sostenerse, hoy por hoy, la existencia de una clase obrera en ascenso, sobre la que caería la hermosa tarea de hacer parir una nueva sociedad? ¿No alcanzan los datos económicos para comprender que esta clase obrera -en el sentido marxista del término- tiende a desaparecer, para ceder su sitio a otro sector social? ¿No será ese innumerable conjunto de marginados y desempleados cada vez más lejos del circuito económico, hundiéndose cada día más en la miseria, el llamado a convertirse en la nueva clase revolucionaria?”

Decíamos “planteamiento inconcebible” puesto que, en el medio de aquella marea revolucionaria de hace unos pocos años, con sus excesos si se quiere, pero tan llena de una energía que hoy pareciera hacer falta, jamás a nadie se le hubiera ocurrido pensar en una “heterodoxia” tan grande como que el catalizador del cambio social vendría dado por trabajadores desocupados, por “informales”. Con el nuevo escenario abierto por las políticas del Consenso de Washington, se abren nuevas preguntas. Quizá no sin cierto esquematismo, pero con una vitalidad definitivamente honesta y sana, desde una visión clásica del socialismo, años atrás se podría haber considerado a los sectores informales como parte de lo que se llamaba “lumpen” (término alemán utilizado por Marx e incorporado al vocabulario de las izquierdas para referirse a la marginalidad, siempre con un sentido un tanto despectivo). Y nunca, tanto en un esquema de revolución proletaria industrial con base urbana o de proceso campesino-agrario, esa “marginalidad”, ese sector informal, se lo pensaba como un factor de cambio. 

Lo cierto es que desde hace algunos años, con el desarrollo de las políticas neoliberales de ajuste estructural y super división internacional del trabajo, el mundo fue tomando tales características que hicieron que el fenómeno de la marginalidad dejara de ser algo circunstancial para devenir ya estructural. Hoy día asistimos a la marginación ya no sólo del harapiento, del mendigo en la puerta de la iglesia, sino de poblaciones completas. Se habla de “áreas marginales” (los barrios precarios, las “zonas rojas”, que en muchas grandes ciudades latinoamericanas representan más de una cuarta parte de su población. ¿Acaso de verdad “están al margen”?). Si bien nadie lo dice en voz alta la lógica que está en la base de esta nueva exclusión parte del supuesto de “gente que sobra”. Estamos ante un mundo dual: uno oficial, el integrado, y otro que sobra, marginal, excluido de raíz. 

2.Un nuevo sujeto social

Ahora bien: ¿de qué manera ese “pobretariado”, ese variado abanico de marginalizados y empobrecidos, quienes obviamente siguen siendo trabajadores pero que están cada vez más a merced de las fuerzas del capital, de qué manera puede constituirse en la nueva clase revolucionaria? 

Por lo pronto, centrándonos en la experiencia reciente de América Latina, vemos que esas masas empobrecidas muchas veces toman la palabra, y quizá sin una dirección clara, producen respuestas insurreccionales. Eso fue lo que pasó, por ejemplo, con el ya histórico “caracazo” de Venezuela en 1989 -primera reacción a las políticas de ajuste neoliberal-, o los alzamientos indígena-campesinos de Bolivia y Ecuador, que defenestraron sendos presidentes. O el descontento generalizado y amorfo de la Argentina en el 2001 que, tras los cacerolazos de protesta, terminó quitando al presidente de turno, y a otros varios sucesores en un breve lapso de semanas, al grito de “que se vayan todos”. Todas esas fueron reacciones populares que, vistas objetivamente, crearon climas pre-revolucionarios. Si no terminaron en procesos abiertamente revolucionarios -como pasó, por ejemplo, con la insurrección popular que en Nicaragua sacó del poder a Somoza en 1979 dando paso a la revolución sandinista- fue, básicamente, por la ausencia de conducción, por la desorganización imperante. Y algo similar sucedió en otras latitudes, por ejemplo la reacción de los inmigrantes afrodescendientes y musulmanes en París en 2005, que creó condiciones de rebelión social nunca vistas anteriormente, pero que quedaron en la protesta inmediata y visceral por la falta de una dirección conducente. La vaga idea de “multitud” surgida recientemente con las propuestas de Michael Hardt y Antonio Negri -que, por tan amplia, puede albergar en su seno tanto a empresarios y torturadores como a pobres y desempleados- no sirve. Las clases sociales, aunque golpeadas fenomenalmente por esta ola neoliberal, siguen existiendo, siendo el concepto de “pobretariado” una buena descripción del fenómeno de empobrecimiento generalizado, aunque no reemplaza la idea de lucha de clases como motor de la historia, sino que la complementa. 

Todo lo cual plantea la pregunta -¿la duda?- respecto a las posibilidades reales de transformar todo ese potencial de disconformidad en una lucha clara por la toma del poder político y la construcción efectiva de alternativas superadoras en términos socioeconómicos. Ese “pobretariado” disperso, sin mucha cohesión como clase, más desesperado por la sobrevivencia cotidiana que las políticas de ajuste estructural le han impuesto que preocupado en proyectos políticos transformadores de largo alcance, en principio se ve como bastante disperso, desunido. Al respecto no puede dejarse de considerar que, ante tanta dispersión/desesperación y falta de proyecto, esas masas pueden terminar siendo fácilmente clientelas de las fuerzas políticas demagógicas y populistas de las derechas. No podemos negar que en muchos de los países latinoamericanos, merced a esa despolitización forzada a que llevó el neoliberalismo, agravada por los niveles de violencia cotidiana siempre crecientes (muchas veces manipulaos por las mismas derechas) ante lo que las respuestas mesiánicas aparecen como maderos salvadores, enormes cantidades de pobres -pobres de siempre, nuevos pobres, obreros desocupados, campesinos urbanizados en condiciones de precariedad, jóvenes sin futuro, etc.- han ido a parar a partidos y organizaciones de derecha (semi-fascistas en muchos casos), o a iglesias evangélicas fundamentalistas -siendo estas últimas una geoestrategia montada por Washington para contrarrestar la rebelde Teología de la Liberación de década atrás, y que hoy día ya se expandieron de forma alarmante por todo el continente-. Revertir esa situación de desmovilización y desideologización no será tarea fácil. 

3.¿Qué hacer?

Hoy por hoy el proletariado como clase, como obreros industriales que operan las maquinarias en los enormes centros fabriles, no es mayoría numéricamente. Las nuevas tecnologías de automatización y robotización lo van adelgazando a pasos agigantados mientras el sector servicios crece sin par. Por otro lado, no hay dudas que se le ha golpeado muy duro como clase, tanto en el Norte como en el Sur, haciéndosele retroceder en sus conquistas laborales, desmovilizándolo, maniatándolo -ya sea por su asimilación como consumidor acrítico en los países con mayor poder adquisitivo durante largas décadas en el siglo XX y por su pérdida de conquistas sociales recientemente, o más aún, por la represión abierta cuando se pasa de la raya en sus reclamos, agravado ello en estos últimos años, más aún en el Sur-. Por otro lado, el campesinado de los países dependientes cada vez más queda subsumido a la producción agroexportadora que fijan las potencias del Norte en connivencia con las oligarquías del Sur, perdiendo su capacidad productiva para la autosubsistencia. En ese mercado internacional manejado por multinacionales planetarias su incidencia se ve reducida en este enfrentamiento asimétrico con los grandes capitales globalizados, con el consiguiente empobrecimiento que ello le acarrea. En síntesis: todos los trabajadores, industriales o agrarios, al igual que los otros sectores urbanos (sector servicios, profesionales), quedan cada vez más sujetos a las fuerzas de los insaciables capitales, por lo que el proceso de “pobretarización” avanza por todos lados. Cada vez más gente se “pobretariza”, se precariza.

Ante ese panorama, y con realismo político, no hay más alternativa que tomar la situación político-social tal como está planteada y trabajar a partir de esos datos concretos. Esperar la movilización de las “grandes masas proletarias” para acometer una nueva toma “del palacio de invierno del Zar”… sería un dislate. La realidad impone que hoy la madera del posible sujeto revolucionario está dada por otra cosa: jóvenes desocupados de los barrios marginales, quizá muy próximos a ingresar en una pandilla, o madres solteras que sobreviven como vendedoras informales, quizá inmigrantes indocumentados o movimientos étnicos que reivindican su cultura ancestral así como sus territorios históricos de los que fueron despojados, campesinos sin tierra desposeídos de sus parcelas por los cultivos de agroexportación, habitantes de los interminables cinturones de pobreza urbana… Esa amplia sumatoria de descontentos y no un proletariado organizado sindicalmente pareciera ser hoy el verdadero fermento que puede encender procesos de transformación. Temáticas que algunos años atrás, no sin cierta cuota de dogmatismo, se veían como productos marginales (lumpen-proletariado), pasan a ser hoy la chispa que puede disparar cambios.

El descontento, la angustia por las pésimas condiciones de vida, el malestar generalizado siguen estando. Las políticas neoliberales de estos últimos años vinieron a potenciar todo ello. Si por un lado sirvieron para quebrar procesos organizativos, por otro ampliaron la masa de disconformes, y en mucho casos desesperados, que “no tienen nada que perder más que sus cadenas”. De ningún modo puede decirse que el neoliberalismo fue una buena noticia para el campo popular pese a que puede haber abierto los ojos de muchos sectores. Creer eso sería incorrecto, y fundamentalmente: muy injusto. Pero es cierto que igualó hacia abajo a variados y enormes colectivos sociales, y ahora hay ahí un potencial de disconformidad, de descontento muy grande que debe saber usarse para encauzarlo con fines antisistémicos. Descontento, en ese sentido, mayor que el de algunas décadas atrás. 

La lucha que tiene por delante un planteamiento de izquierda es grande; grande y sumamente difícil: ante ese enorme descontento generalizado, ante esta precarización que toca cada vez a más sectores, las propuestas clientelistas de la derecha o las salidas individuales de salvación que ofertan los proyectos religiosos cada vez más en boga, son una tentación. La lucha revolucionaria hoy en cierta forma se enfrenta a esa oferta, a una parálisis de pensamiento crítico, a estómagos vacíos con la incertidumbre de no saberse cuándo volverán a llenarse. Ese es un desafío grande, enorme: las fuerzas de la izquierda se enfrentan hoy a la desesperanza. Ese es, en un sentido, el peor de los enemigos. 

El trabajo político en el campo popular ante esta bastante desoladora situación debe intentar recomponer una unidad entre los trabajadores hoy día sabiamente destruida. Son aquí elocuentes las palabras de Raúl Scalabrini Ortiz: “nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabiduría”. Parafraseándolo podría decirse, viendo la situación mundial actual, que “nuestra desunión fue planificada por una gran unión”. El capitalismo, que ya no el neoliberalismo, se muestra en la actualidad, luego de la caída del muro de Berlín, como sistema monolítico. Por supuesto que tiene fisuras, que hace agua, que su expresión financiera a ultranza entró en crisis recientemente ocasionando pérdida multimillonarias; pero como sistema, insistimos, como gran capital globalizado, está aún lejos de caer. Pero no está escrito para la eternidad que no vaya a caer. Aunque el campo popular aparece hoy golpeado y bastante desorganizado, sigue estando presente. Y así como todo cambia, también las formas de lucha popular cambian. Lo que años atrás no se concebía sino como marginalidad -equivocadamente o no-, hoy puede ser un elemento de la más grande importancia por su potencial de transformación. Es ahí, entonces, donde los planteos progresistas deben poner el acento.

Transformar revolucionariamente la sociedad, en definitiva, es eso: permitir abrir nuevas actitudes, nuevas visiones de lo humano, buscando mayores cuotas de justicia para todas y todos. Si el vehículo que posibilita eso es la clase obrera u otros sujetos sociales, ese no es el fondo último de la cuestión. Lo que sí está claro es que las sociedades basadas en la propiedad privada -invento bastante reciente en la historia de la Humanidad, con no más de 12,000 años de antigüedad-, es decir: basadas en la apropiación del trabajo de un grupo (siempre mayoritario) por otro (curiosamente siempre una minoría), crean necesariamente su germen de autodestrucción. Por años se pensó que eran los que creaban la riqueza, los obreros industriales, los llamados a poner en marcha el cambio y la superación de esas sociedades clasistas. Hoy día podríamos decir, dada la curiosa arquitectura que fue tomando el capitalismo imperialista en su variante neoliberal post Guerra Fría, que son los expulsados del circuito de creación de riqueza los elementos de mayor explosividad social. Pero sean quienes fueran los que pondrán en marcha los cambios, esa conflictividad está ahí presente como bomba de tiempo; y tarde o temprano, la bomba se activa, estalla. La función histórica de las vanguardias políticas de la izquierda es saber cómo ayudar a iniciar ese proceso. Todo indica hoy que trabajar políticamente con ese amplio “pobretariado” es el camino más importante en la actualidad, quizá imprescindible. Trabajar para recrear esperanzas, solidaridades, perspectivas de futuro, y poder salir de la lucha por lo puntual, por la pura sobrevivencia. 

El neoliberalismo imperante en estos últimos años, hoy en crisis, viene a demostrar en definitiva que lo que no tiene viabilidad es el sistema capitalista en su conjunto. Un mundo dividido en “integrados” y “sobrantes”, además de ser un disparate en términos éticos -eso no admite discusión siquiera- es insostenible en términos políticos, a no ser que se elimine físicamente a todo aquel que sobra. Y si por último esa fuera la estrategia que anida en los planes maestros del gran capital, es decir: un mundo para una pequeña cantidad de población y la consecuente eliminación de todos los que “sobran”, los que no “se integran”, los “pobretarizados” del mundo que consumen recursos pero no pagan por estar excluidos del sistema económico, por razones de sobrevivencia elemental de nuestra especie no podemos permitirlo. 

Autor foto: Jose Lirauze - ABI

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Argentina: Hacia el fin de un ciclo (Parte III)

Christian Castillo - Fredy Lizarrague (IPS KARL MARX)

Este trabajo fue realizado el 26 de Mayo de 2009, publicamos el mismo por la validez del análisis.

La vuelta de los sindicatos al primer plano de la política

En diversas ocasiones hemos polemizado con quienes han sostenido las tesis del “fin del trabajo” y del advenimiento de los “nuevos movimientos sociales” en reemplazo de la clase obrera. Estas visiones ganaron renovado espacio durante la década de los ‘90 y luego de diciembre de 2001, recurriendo en nuestro país a dos artilugios: a) no mencionar que los desocupados y los trabajadores estatales (que protagonizaron gran parte de los enfrentamientos contra el menemismo y el gobierno de la Alianza) constituyen fracciones de la clase obrera, algo que luego se repitió con las fábricas ocupadas; b) volver invisibles las acciones protagonizadas por los sindicatos y centrales sindicales, que constituyeron la mayoría de los hechos de protesta realizados en el período20. Esos planteos fueron “expresión en nuestro medio de los planteos que internacionalmente acompañaron la ‘ofensiva neoliberal’ en los ‘80 y los ‘90”21. Hoy esto es reconocido por intelectuales cercanos a las posiciones del gobierno. En el blog “Datos, observables y hechos” un artículo toma dos estudios sobre “protestas sociales” de distinto origen y metodología22, y concluye: “las organizaciones sindicales (de cualquier nivel, se entiende, no sólo las centrales) son las principales convocantes de las protestas durante el período 1992- 2002: según la fuente que se tome el porcentaje de protestas convocadas por las mismas oscila entre 36,8% y 38,4%”. La conclusión es: “Aquel (discurso) que decía que se acababa la clase obrera, que perdía peso en la estructura social argentina y que, por lo tanto, las organizaciones de los trabajadores, perdían peso en la protesta social, perdían capacidad de negociación y sobre todo: perdían capacidad de convocatoria, de inserción social y de conducir (o al menos de tener un rol relevante en) la protesta social. En su reemplazo aparecían los ‘nuevos movimientos sociales’, donde los trabajadores y sus organizaciones no tenían relevancia. Se escribieron toneladas de páginas al respecto […] En la opinión de este blog, este es un discurso que se compraron las ciencias sociales argentinas (y latinoamericanas, por lo menos). Y es un discurso que es cualquier cosa menos inocente, un discurso que era producido por los organismos de crédito, por cierta intelectualidad del gran capital y que tenía por objetivo debilitar y aislar a los trabajadores y producir el ocultamiento de sus luchas”.

Esto no significa, sin embargo, que la clase trabajadora no haya sufrido derrotas ni retrocesos durante esos años, más bien todo lo contrario. El aumento de la precarización laboral y de los niveles de explotación y desocupación fueron grandes conquistas del capital impuestas bajo el neoliberalismo, gracias a la complicidad de gran parte de las direcciones sindicales, algunas de las cuales fueron directamente compradas dando lugar a lo que se llamó el “sindicalismo empresario”.

Esto llevó, a su vez, al surgimiento de sectores del propio aparato sindical que se convirtieron en opositores al menemismo, la CTA y el MTA, que luego pusieron su peso al servicio de cada uno de los dos proyectos de reemplazo al riojano, la Alianza en el primer caso, el duhaldismo en el segundo. En el caso de Moyano, su oposición a las políticas antiobreras del gobierno de De la Rúa, al que le hizo siete paros generales, fue instrumentada a favor del bloque capitalista devaluador que se terminó imponiendo en la puja interburguesa de fines de la convertibilidad. La CTA, por su parte, había impulsado en este período el Frenapo junto a políticos centroizquierdistas y figuras entonces secundarias del radicalismo y el peronismo, como lo eran Elisa Carrió y Néstor Kirchner. El 19 y 20 de diciembre de 2001 estuvo completamente por fuera de los acontecimientos levantando las movilizaciones previstas anteriormente, llegando en algunos casos a denunciar la movilización popular como una mera instrumentalización por parte de Duhalde (como sostuvo Luis D’ Elía).

La clase trabajadora, luego de haber recibido un duro golpe a sus ingresos con la devaluación de comienzos de 2002, donde el salario real cayó en promedio un 30%, comenzó un proceso de recomposición no sólo social sino también sindical. Si bien la continuidad de niveles de trabajo “en negro” en torno del 40% han condenado a una fracción muy importante de la clase obrera a vender su fuerza de trabajo por debajo de su valor y no contar con ningún tipo de derecho sindical, en estos años los sindicatos ganaron renovado peso político al calor de la creación de unos 3.500.000 nuevos puestos de trabajo. Hugo Moyano, vuelto Secretario General de la CGT, fue –es– uno de los aliados fundamentales de los Kirchner (y antes de Duhalde). Las negociaciones colectivas se multiplicaron y las capas más altas del proletariado fueron las que vieron una mayor recuperación de sus salarios, ampliándose la desigualdad al interior de la propia clase obrera. Esto no quita que siga siendo también muy limitada la organización sindical en los lugares de trabajo: sólo un 12% de los establecimientos privados cuentan con representación de base, cifra que sube al 55% en aquellos de más de 200 trabajadores23.

Hubo una primera e importante oleada de conflictos sindicales que se extendieron de fines de 2004 a comienzos de 2006, que la burocracia sindical y el gobierno “resolvieron” con ciertas concesiones de las patronales en las negociaciones paritarias (aumentos de salarios, siempre por detrás de la inflación). En este período se desarrolló lo que el periodismo llamó el “sindicalismo de base”, con el Cuerpo de Delegados del Subte y la Comisión Interna de ATE del Hospital Garrahan como principales símbolos. En varias fábricas se recuperaron Comisiones Internas (como el ejemplar conflicto de la ex Jabón Federal, o los delegados de FATE, que luego consiguieron ganar la seccional San Fernando del SUTNA y posteriormente sufrieron un duro ataque de la patronal y el gobierno, con la complicidad de la dirección nacional del gremio que responde a la CTA). Se incorporaban así a las ya “viejas” conquistas como los obreros que gestionan Zanon en Neuquén y su sindicato ceramista (SOECN) o las seccionales opositoras de los sindicatos docentes (en la Provincia de Buenos Aires, Neuquén, Santa Cruz y otras).

Pero a partir de 2006, Moyano (y Yasky en la CTA) garantizaron una suerte de “pacto social” de hecho, aceptaron techos salariales a cambio de cierta recuperación salarial para los trabajadores en blanco respecto de la caída sufrida en 2001. Así vimos como un porcentaje importante de las luchas que se dieron en los años posteriores fueron encabezadas por dirigentes opuestos a las direcciones oficiales de los sindicatos o las centrales, y recibieron una dura respuesta de la “santa alianza” de las patronales, el gobierno y la burocracia sindical: esos fueron los casos de la ex Jabón Federal, la textil Mafissa, los jóvenes del Casino Flotante, la textil Pagoda, los obreros de FATE y las masivas huelgas docentes en Neuquén (donde el asesinato de Carlos Fuentealba obligó a la dirección nacional de la CTA a convocar al primer paro nacional bajo el gobierno K, el 9 de abril de 2007), Santa Cruz, Salta y otras provincias. En el 2008, el debilitamiento del kirchnerismo a partir de la derrota sufrida en el conflicto con las patronales agrarias, fortaleció el protagonismo de Moyano, transformado en un puntal clave del oficialismo. La muy importante movilización realizada por la CGT el 30 de abril de este año (en realidad por una fracción de los sindicatos que la componen, fundamentalmente los del transporte más UPCN, Luz y Fuerza y SMATA), mostró una capacidad de movilización de los sindicatos como no ocurría hacía mucho tiempo y llamó a la cordura –al menos por un tiempo– a quienes daban por enterrada antes de tiempo a la clase obrera. Con la marcha y el apoyo explícito llamando a votar por los candidatos oficialistas el 28 de junio, Moyano no sólo consiguió lugares destacados en las listas del Frente Para la Victoria, como hacía muchos años no se veía24, sino también “marcó la cancha” para el “día después”, cuando con los resultados electorales en la mano comiencen a discutirse los espacios de poder dentro del peronismo y la propia sucesión presidencial de Cristina Fernández.

Y es también un acto de “defensa propia” ya que sabe que una debacle abrupta del kirchnerismo posiblemente también se lo “lleve puesto” o provoque una sensible disminución de su poderío a manos de los “gordos”, los “independientes” (Caló de la UOM) o algún nuevo enjuague burocrático25.

Hoy la burocracia sindical peronista se encuentra conformada por distintos bloques: los moyanistas (que son los que movilizaron fuerte para el acto del 30 de abril); los “independientes”, que tienen a la UOM como referencia y se acercan o alejan del moyanismo según la ocasión; los “gordos”, con bajo perfil en esta etapa después de haber conducido la CGT bajo el menemismo; y los gremios que forman parte de la CGT Azul y Blanca encabezada por Luis Barrionuevo. De conjunto los sindicatos que forman parte de ambas CGT agrupan unos 2.500.000 afiliados.

Mucho se ha escrito acerca de la pérdida de peso de los sindicatos dentro del peronismo de los ‘90 en adelante26. Pero lo cierto es que es el control de éstos, y no meramente el peso que mantienen en el “territorio” los intendentes en los sectores más pauperizados mediante su red de punteros y control de la ayuda social, lo que le permite presentarse como garantía de “gobernabilidad”.

Es este un activo central que los distintos políticos del PJ tienen a la hora de tratar de ganar los favores de la burguesía como opción de gobierno. Si bien ideológicamente la burguesía argentina, como la de todo el mundo, es partidaria de que no haya organización sindical alguna, visto el peso que mantienen los sindicatos y la imposibilidad por el momento de aplastarlos por métodos de guerra civil, tiende a preferir un gobierno con capacidad de maniobrar con los mismos que uno que los tenga permanentemente en la oposición.

Es más, la crisis y la debilidad de aparato del gobierno llevarán a los capitalistas a apelar “a la colaboración con la cúpula de los sindicatos para hacer pasar los salvatajes a las patronales y hacer pagar la crisis a los trabajadores. Así son los acuerdos de suspensiones con rebaja salarial que hacen los dirigentes en el SMATA con las multinacionales automotrices, mientras General Motors, Mercedes-Benz y Peugeot-Citroën negocian con la ANSES el financiamiento de parte de sus operaciones por un total de 250 millones de pesos, amén de los subsidios que ya reciben del Estado para el pago de salarios. Esta colaboración puede incluir, incluso, cargos en directorios de las empresas ‘intervenidas’ ante la bancarrota, para que la burocracia sindical se haga cargo de la gestión capitalista en la crisis a cambio de nuevas prebendas. Ya se vio que después del vaciamiento de la francesa Aguas Argentinas, la dirección sindical que conduce José Luis Lingieri de Obras Sanitarias, entró al directorio y participa con el 10% de las acciones de AySA, creada por los Kirchner. El fenómeno de ‘la burocracia empresaria’ se propagó en los ‘90 durante Menem cuando, en sentido inverso, las empresas del Estado vaciadas pasaban a precio de remate a los capitalistas privados, y se dio la colaboración entre una capa alta de burócratas sindicales y los gerentes del capital financiero, como lo sintetizó la dupla entre Jorge Triacca y María Julia Alsogaray en la privatización de Somisa a manos de la trasnacional Techint de los Rocca (uno de los padres del actual ‘modelo’) y con participación en las acciones para la cúpula de la UOM local. La versión criolla de la Perestroika (nombre que dio Gorbachov en la Unión Soviética al pasaje de la burocracia gobernante a socia del capital); creó toda una elite privilegiada de dirigentes sindicales con participación en las ganancias de las empresas, al mismo tiempo que millones de trabajadores quedaban por fuera de los convenios colectivos de trabajo y de toda representación sindical o directamente engrosaban el desempleo de masas, una hiperburocratización de los sindicatos. El fenómeno recorre transversalmente todas las fracciones de la CGT, por ello es que en el palco del acto del 30 de abril estuvo el ex-menemista Lezcano del sindicato de Luz y Fuerza, que comenzó a ocupar cargos co-gerenciales o directamente empresarios –como en la mina de Río Turbio en la provincia de Kirchner–, sigue participando en las nuevas empresas eléctricas impulsadas en la actualidad. Incluso es de prever una mayor participación de la cúpula de los sindicatos en la gestión del Estado capitalista, como muestra la puja entre la titular Ocaña y los hombres de Moyano por ocupar el Ministerio de Salud. Los sindicatos estarán cada vez más sometidos a una doble tensión en la crisis capitalista. Desde abajo, la bronca y la presión de los trabajadores que sufren despidos y recortes de salario, y desde arriba la cooptación del Estado y los ataques patronales. La misma burocracia sindical que en épocas de crecimiento aparece negociando a favor de los trabajadores en la puja por la ‘redistribución de la renta’ y hasta con un barniz de introducir ‘reformas’ favorables (los varios proyectos de leyes con que amagó tantas veces el diputado Recalde), se transforman en auxiliares del capital en sus momentos de crisis”27.

En el caso de la CTA, desde el conflicto entre el gobierno y las patronales agrarias se produjo una fuerte división entre el sector kirchnerista alineado con Hugo Yasky (donde entre otros se cuentan Luis D’ Elía, Edgardo Depetris, Roberto Baradell y Claudio Marín) y el sector que responde a Víctor De Gennaro (donde están Claudio Lozano y Pablo Michelli de ATE), que se alineó vergonzantemente con las patronales agrarias a partir de su alianza histórica con la Federación Agraria Argentina. La CTA cuenta, aproximadamente, con 1.500.000 de afiliados, parte importante de los cuales –posiblemente alrededor de un tercio– pertenecen a movimientos sociales y de desocupados como la FTV de D’ Elía, el MTL de Carlos Chile y la Tupac Amaru de Milagros Salas en Jujuy.

Su columna vertebral son los gremios docentes nucleados en CTERA y, con menor peso, ATE. En el proletariado industrial sólo cuenta con la UOM Villa Constitución, nuevamente dirigida por Alberto Piccinini y el SUTNA, el sindicato de los trabajadores del neumático. Su división interna entre “oficialistas” y “opositores” y el papel preponderante que ha tomado la figura de Moyano en los gobiernos kirchneristas, ha debilitado a la CTA, aunque el debilitamiento del kirchnerismo también ha dado protagonismo en sus listas a sectores de la CTA28 en la Ciudad de Buenos Aires, donde busca un perfil más centroizquierdista.

Más allá de la coincidencia coyuntural en el apoyo a la candidatura de Martín Sabbatella en Provincia de Buenos Aires de sus dos sectores (en Capital los seguidores de De Gennaro van con Pino Solanas y Yasky apoya a Heller), su proyecto expresa una crisis estratégica en el sentido de no poder ser la “pata sindical” de un “partido progresista” a construirse con sectores provenientes del peronismo y del radicalismo, cuestión con la que coqueteó Kirchner en sus primeros años cuando planteaba la “transversalidad” y jugaba con la idea de dejar atrás el PJ. Con la tendencia a la reconstitución bajo forma de coaliciones tanto del peronismo como del radicalismo, sus proyectos no van más allá de actuar como un grupo de presión del kirchnerismo (el ala Yasky) o reconstruir un nuevo PI –Partido Intransigente– o un Frepaso (el sector de De Gennaro). Es decir, en este último caso, un nucleamiento de sectores progresistas que terminen como auxiliar del peronismo o del radicalismo y que, por ello mismo, termine siendo fagocitado por alguno de ellos o estallando en varios pedazos. En Neuquén, donde pusieron en pie el UNE (Unión de los Neuquinos), están mostrando esta misma dinámica siendo parte junto con los radicales (ex-radicales K, actualmente “cobistas”) y peronistas kirchneristas del gobierno municipal de la capital provincial, que fue responsable, en noviembre de 2008, de una salvaje represión a familias sin techo en el barrio Confluencia, al mejor estilo MPN.

Hasta el momento, el gobierno ha tratado de amortiguar los efectos de la crisis económica entre los sectores sindicalizados, subsidiando directamente el pago de los salarios de más de 65.000 trabajadores y tratando de negociar suspensiones y rebajas de salario a cambio de mantener el empleo. Las direcciones burocráticas de los sindicatos, tanto los encuadrados en la CGT como en la CTA, han sido cómplices de esta política, como vimos, entre otros, en los casos del SMATA cordobés o en Paraná Metal en Villa Constitución. Los despidos han golpeado más de lleno a los sectores contratados y a los trabajadores que están “en negro”. De esta manera, intenta contener las disputas hasta después de las elecciones de junio y presentarse ante los trabajadores como el “menos malo” y menos antiobrero de los proyectos en disputa, un perfil no muy difícil de construir teniendo como rivales a un empresario multimillonario como De Narváez o a Elisa Carrió y el radicalismo, cuyo discurso sostiene la vuelta al endeudamiento con el FMI de la mano de un hombre de las finanzas como Alfonso Prat Gay.

Pero lo cierto es que, pasadas las elecciones, quedará claro que pasó el tiempo en el cual los sectores sindicalizados conseguían aumentos que más o menos acompañaban la inflación. Para las patronales la crisis es un momento para apretar el torniquete sobre la clase trabajadora, como estamos viendo en la negativa a dar aumentos tanto por los banqueros como por las patronales metalúrgicas. Y en el caso de los gobiernos provinciales y del gobierno nacional será posiblemente el momento de un “ajuste fiscal”, con el fin de cubrir los rojos provinciales y hacer frente a los pagos de la deuda externa. De ahí que posiblemente, con un kirchnerismo debilitado y presionado por derecha en medio de la crisis capitalista internacional, lo que se abra es una situación con tendencias a mayor enfrentamiento entre los trabajadores, las patronales y el gobierno, una situación más favorable para el avance de la izquierda revolucionaria en los sindicatos y en el conjunto de la clase obrera. La politización que han introducido las propias dirigencias sindicales, al “jugarse” con el kirchnerismo o la centroizquierda, facilitará la experiencia sobre qué tipo de política necesita la clase trabajadora y qué rol deben jugar los sindicatos.

Enfrentar a la burocracia para recuperar los sindicatos para la lucha y abrir el camino de un gran partido de la clase trabajadora

El tiempo político por venir exige combatir todo rutinarismo. El peso social y político de las organizaciones obreras que reconocen el kirchnerismo o el centroizquierdismo tienen un precio: utilizarlas para negociar una reconfiguración del peronismo unos, o para construir un nuevo FrePaSo, otros (por vía kirchnerista con Sabbatella, o por vía sojera con Solanas). Si la situación se torna más aguda, la burocracia sindical peronista volverá a jugar el rol nefasto de los ‘70, ya sea como patota (no por casualidad Moyano está acusado de haber sido un joven colaborar de las Tres A en Mar del Plata en los ‘70) o en algún ministerio. Los sectores “progresistas” de la CTA, se propondrán para recrear frentes de colaboración de clases incluso más combativos que el FrePaSo si hace falta, con programas y política de tipo “frente populistas” (de los que un ejemplo puede ser el gobierno de Evo Morales), pero que jugarán el mismo rol político de impedir la conquista de poderosas organizaciones de lucha y una dirección política capaz de defender un programa anticapitalista consecuente, es decir, obrero y socialista.

Lamentablemente, la práctica de la mayoría de las organizaciones de izquierda combina una actividad estrechamente sindicalista en ciertas organizaciones de los trabajadores (por lo general, estatales, algunas de servicios y casi nada en la industria) con una participación marginal en las elecciones nacionales organizadas de forma cada vez más restrictiva por el régimen burgués.

Durante los últimos años, nuestra corriente se esforzó en lograr una mayor estructuración en el proletariado industrial, acompañando los procesos de surgimiento de nuevos delegados y de lucha contra los despidos y cierres primero, y por recuperar el salario y condiciones de trabajo en los años de la “recuperación” económica. Esta decisión estratégica, que nos permitió por ejemplo asumir un papel decisivo en la lucha de los obreros de Zanon y otras fábricas de Neuquén, de la ex Jabón Federal, de Mafissa, de las automotrices de Córdoba, de las fábricas de la alimentación y del neumático de la zona norte del GBA, etc., fue contraria al abandono de la mayoría de las organizaciones de izquierda de este sector clave de clase obrera. Aunque haya perdido peso social y político, la clase obrera industrial sigue siendo uno de los sectores más concentrados, ubicada en el corazón de la producción capitalista y que, por las mismas condiciones de explotación que sufre, porque vive bajo un régimen dictatorial al interior de las fábricas (con la burocracia sindical haciendo de policía), porque en cada lucha reivindicativa los trabajadores ponen en riesgo su puesto de trabajo (y el salario para mantener a sus familias), alberga los sectores que pueden ser más decididos en el combate de clase. Por esto sigue más vigente que nunca aquella afirmación de Lenin que consideraba las luchas económicas en estas condiciones como “escuelas de guerra”. Pensar en formar militantes y dirigentes revolucionarios por fuera de esta ardua labor en la clase obrera industrial, es no querer construir un partido verdaderamente de combate.

Sin embargo, siempre hemos combatido toda visión que reduzca la clase obrera al proletariado industrial. Como polemizamos con Negri y otros, para nosotros la clase trabajadora incluye al conjunto de los asalariados que no cumplen funciones de gerenciamiento capitalista ni en las jerarquías del aparato estatal ni en las fuerzas de represión del Estado capitalista. En el caso de los docentes, sus sindicatos tienen unos 200.000 afiliados que se encuentran en los gremios de la CTERA, sobre un total de alrededor de 800.000 trabajadores.

De conjunto constituyen, junto con el gremio de camioneros que controla Moyano, uno de los principales sindicatos que poseen capacidad de acción a nivel nacional. Por esto, siendo claramente la corriente con mayor peso en la industria, a la vez avanzamos también en el desarrollo de agrupaciones en los sindicatos estatales, docentes y de servicios, donde la actividad sindical es más legal y hay un mayor peso de la izquierda, jugando un papel importante en la lucha por constituir el nuevo sindicato de los trabajadores del Subte.

Pero todo esto es claramente insuficiente frente a las tareas planteadas. Nos proponemos –y creemos que toda la izquierda debería hacerlo– poner el peso conquistado en función de lograr una influencia sindical y política en las organizaciones de masas del movimiento obrero que nos permita ser alternativa a las direcciones burocráticas y sus proyectos de colaboración de clases. En los sindicatos que responden a las distintas alas de la CGT, esta batalla comienza por recuperar las comisiones internas y cuerpos de delegados, impulsando la elección donde no los haya, para enfrentar los despidos, suspensiones y ataques al salario y condiciones de trabajo. Aquí la burocracia sindical actúa como policía de la patronal, por lo cual es preciso un trabajo muy cuidadoso y paciente, estudiando caso por caso las condiciones, sin descartar el impulso de nuevos sindicatos cuando las condiciones lo imponen, como ocurrió en el Subte. Ya vimos en el SMATA Córdoba cómo la menor señal de disidencia fue respondida por la burocracia con el pedido de desafuero y expulsión de los delegados combativos por el “delito” de no firmar un acta en contra de la voluntad de la asamblea, y haber defendido a los contratados de IVECO y Gestamp.

En los gremios nucleados en la CTA, al estar limitada el arma del despido por parte del Estado/patronal y al existir también una mayor legalidad para el debate político al interior de las organizaciones sindicales, se torna imprescindible emprender de inmediato una fuerte lucha contra los dos proyectos impulsados desde la cúpula que, como ya explicamos, nada aportan a conquistar fuertes organizaciones de lucha y una herramienta política que nos permita vencer.

Es muy importante seguir y apoyar, en este sentido, la iniciativa de los dirigentes del SOECN que, en una asamblea extraordinaria donde participaron obreros de las cuatro fábricas que agrupa (Zanon, Cerámica Neuquén, Cerámica Stefani y Cerámica del Sur), abrieron el debate sobre la necesidad de ingresar a la CTA provincial (que es la principal central sindical de la región, agrupando a los docentes, estatales, salud, judiciales, etc., mientras la CGT agrupa al poderoso gremio de los petroleros, entre otros, pero responde a los gobiernos de turno y no tiene vida interna) para hacer más fuerte la lucha por la unidad de los trabajadores y por la construcción de una herramienta política de independencia de clase, contraria al UNE que impulsan los dirigentes actuales de la central. Todo agrupamiento combativo y clasista que se desarrolle en el seno de la CTA, alentará “desde fuera” el desarrollo de agrupamientos y corrientes de estas características en los gremios de la CGT y aún sobre los sectores precarizados que no cuentan hoy con organización sindical. Sería también un punto de apoyo más favorable para impulsar la coordinación de los que están luchando.

Más estratégicamente, el desarrollo de corrientes de estas características en los sindicatos, que levanten un programa obrero frente a la crisis, para que la paguen los capitalistas y no los trabajadores, y que defiendan la necesidad de poner en pie un partido político basado en la independencia de clase y la lucha por un gobierno de los trabajadores, permitirá acompañar la evolución política de la experiencia de la clase obrera con el peronismo, y poder lanzar iniciativas audaces de acuerdo al desarrollo real de los acontecimientos.

A grandes rasgos, hay dos caminos posibles para la construcción de un partido revolucionario en Argentina. De un lado, el posible surgimiento de algún tipo de Partido de Trabajadores en el que los revolucionarios conformemos un ala en lucha por el programa y los métodos de lucha para llevar adelante (es decir, por su dirección). De otro lado, por el fortalecimiento directo de las corrientes actuales que nos reclamamos obreras y socialistas producto de una radicalización política más general, lo que implicará rupturas y fusiones para dar paso a nuevas formaciones. Seguramente la realidad será combinación de estas variantes con otras nuevas. De todos modos, los tiempos por venir anuncian nuevos fenómenos políticos que no podremos enfrentar con los viejos métodos. Para ellos nos preparamos.

El internacionalismo y las tradiciones nacionales

Frecuentemente se acusa a los marxistas (con particular virulencia en nuestro país desde las tradiciones peronistas y radicales) de pretender “importar” modelos revolucionarios que nada tienen que ver con las raíces nacionales. La crisis capitalista actual debería hacer reflexionar a todos los “nacionales y populares”, ya que demuestra no sólo la fenomenal internacionalización de los capitales, sino también la internacionalización de las respuestas capitalistas, incluso cuando estas significan medidas proteccionistas de cada país para descargar los costos de la crisis en otro.

Los trabajadores que ocupan fábricas en Estados Unidos, Francia o Alemania, sin más objetivo “revolucionario” que defender su puesto de trabajo, y se interesan en aprender de las experiencias de las fábricas ocupadas en la Argentina como Zanon, están por delante de muchos intelectuales kirchneristas o populistas que reniegan del internacionalismo como una “costumbre europea” (aunque a Néstor ahora le gusta llamarse “keynesiano”, bien a la moda burguesa “progresista”).

Nadie puede ofrecer un proyecto revolucionario serio a los trabajadores y la juventud de nuestro país si no está sólidamente fundamentado en las tendencias de la economía, la política y la lucha de clases internacional. Y ha sido el marxismo revolucionario la única corriente del movimiento obrero internacional que se propuso un método que interprete la experiencia concreta de cada país (“la revolución comienza en la arena nacional”) a la luz de la realidad política del sistema capitalista mundial. Sin esto no hay proyecto revolucionario capaz de enfrentar con éxito la opresión imperialista y la explotación capitalista (como muestra el nacionalismo limitado de Chávez o el indianismo de Evo Morales, que no son más que reformas parciales del capitalismo).

El PTS inscribe su construcción y actuación en Argentina como parte de la lucha por la reconstrucción de la Cuarta Internacional, la última de las internacionales revolucionarias que forjaron los mejores combatientes del movimiento obrero. La clase obrera argentina fue parte de esas tradiciones, aunque el peronismo avanzó mucho en sembrar el chovinismo nacionalista. Apostamos a nuevas generaciones de obreros, estudiantes e intelectuales que creen una nueva tradición en nuestro país de unidad latinoamericana e internacional contra el imperialismo y sus lacayos, y por la reconstrucción del partido mundial de la revolución socialista.

* * *

En síntesis, nos preparamos para intervenir en una situación en la cual estén planteadas nuevas convulsiones políticas, y en la cual para poder pesar en los futuros acontecimiento nos planteamos construir una poderosa corriente en las organizaciones de masas de la clase trabajadora, poniendo todas nuestras fuerzas para que ésta se transforme en sujeto político y, ejerciendo su hegemonía sobre el conjunto de los explotados y oprimidos, pueda ser alternativa revolucionaria de poder ante las futuras crisis del poder burgués.

Notas:
20) Ver Christian Castillo, “Acumulación de experiencias y desafíos de la clase trabajadora argentina” en AA.VV., Los ‘90: Fin de ciclo. El retorno a la contradicción, Bs. As., Editorial Final Abierto, 2007.
21) Ídem.
22) N. Iñigo Carrera, y M. C. Cotarelo, (2005): “Algunos rasgos de la rebelión en la Argentina 1993-2001”, DT N° 49 en PIMSA. Documentos y comunicaciones 2004, Buenos Aires (Datos de PIMSA)/AA. VV. (2006): “Transformaciones de la protesta social en Argentina 1989-2003” [en línea]. Buenos Aires: Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires (Datos de GESPAC) http://observablesyhechos.blogspot.com.
23) Continuando una tendencia que viene de los ‘90, en los últimos años se amplió la cantidad de convenios colectivos que establecen cláusulas de “contribuciones voluntarias” mediante las cuales se descuenta al trabajador un porcentaje de su salario que va a parar a la organización sindical independientemente de su afiliación a la misma, cuestión que favorece los acuerdos entre las patronales y burócratas para que se mantengan sin ningún tipo de representación sindical numerosos establecimientos.
24) En las listas de diputados de Provincia de Buenos Aires, sumó a la casi segura reelección de Héctor Recalde (va en el quinto lugar) la candidatura expectante de Omar Plaini (que va en el puesto número 13). En la Ciudad de Buenos Aires, van el incondicional de Moyano, Julio Piumato y también puede contarse como aliada cegetista a la viceministra de Trabajo Noemí Rial. En Córdoba, la lista a diputados kirchnerista está encabezada por la dirigente docente Carmen Nebreda, alineada con Moyano (aquí es uno de los pocos distritos del país donde el principal gremio docente, si bien está afiliado a la CTERA, no está en la CTA). El Frente para la Victoria santafesino, que lidera Agustín Rossi, lleva como candidato a senador nacional a Claudio Leoni, actual secretario general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Municipales de la Provincia de Santa Fe (Festram).
25) Con la ventaja para el dirigente de los camioneros que no ha asomado en estos años ningún líder con cierto carisma o prestigio de masas que le haga sombra. El grueso de la burocracia de la CGT se ubica a su derecha.
26) Un texto clásico en este sentido es el de Steven Levitsky, La transformación del justicialismo. Del partido sindical al partido clientelista (1983-1999), Bs. As., Siglo XXI Editores, 2005.
27) Manolo Romano y Ruth Werner, “Los sindicatos deben tomar un curso independiente”, editorial de La Verdad Obrera Nº 325.
28) En los legisladores porteños, quien encabeza la lista es un hombre de Yasky, “Tito” Nenna, el ex Secretario General de UTE, el principal gremio docente de la Ciudad.

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Palabras que no están en el Presupuesto

Oscar Taffetani (APE)

En el Presupuesto General de Gastos y Cálculo de Recursos del Estado Nacional para el Ejercicio Fiscal del año 2010, presentado el 15 de septiembre en Diputados, con la firma del ministro Amado Boudou (vaya paradojas que la historia depara a los nombres de los funcionarios), no está la palabra hambre. Tampoco pobreza, trabajo, niñez, minoridad. Ni trigo, ni carne, ni pueblo. Ni siquiera democracia. Ni ciudadanía. Ni futuro.

Amado puede alegar que un presupuesto no es lugar para esas palabras. ¿Qué sentido tendría incluirlas? ¿Humanizar un cálculo? ¿Para qué? Los economistas trabajan a nivel macro. Nos hablan de recursos tributarios; nos hablan de Servicio de la Deuda; nos hablan de Política de Ocupación y Salarios; y de Servicios sociales.

Alfredo Palacios, socialista, elegido diputado nacional gracias al voto de los inmigrantes de La Boca, allá por 1904, decía que las leyes argentinas estaban escritas en lenguaje esotérico: nadie puede entender qué dicen, y entonces se necesita el auxilio de un exégeta, un abogado, un apéndice del Sistema, presto a hacer difícil lo que es fácil, para que el pueblo no se entere de las exacciones y despojos de las que ha sido objeto.

¿Qué pasaría si una ley dijera que todo argentino tiene derecho al pan en la mesa? ¿Eh? Difícil de distorsionar, esa ley. O, por ejemplo, que un niño tiene, por el hecho de haber nacido en este suelo, derecho a que lo alimenten, a que lo eduquen, y también a una porción de tierra de la pampa, sí la pampa, donde cumplir con el bíblico mandato de ganarse el pan con el sudor de su frente. ¿Eh? Lenguaje esotérico, para adormecer, para acostar y para dormir para siempre al soberano. 

Trampas del que hace las reglas

Aunque seríamos ingenuos si pensáramos que todo se reduce a poner ciertas palabras y ciertos conceptos en los documentos oficiales. Las palabras podrían ser apropiadas. Y los conceptos, respetables. Y sin embargo, al trasladarlas a esa escena de los acontecimientos llamada realidad, perder sentido, vaciarse de contenido, convertirse en letra muerta.

El Presupuesto de Amado Boudou está lleno de optimismo: alza de los commodities, mucha soja para exportar y retener. Aumento de las exportaciones (léase $$$). Aumento de las importaciones (léase $$$). 

Los especialistas dicen que habrá una N de la crisis (subida al tope, caída al fondo, nueva subida) o también una W (subida al tope, caída al fondo, subida al tope, caída al fondo, nueva subida al tope). 

Otros especialistas (esos expertos que el Sistema contrata para que expliquen lo inexplicable) dirán que habrá un récord de reservas, y que será buena oportunidad para saldar de una vez la deuda con el Club de París, con los holdouts, con los buitres que supieron esperar.

Con 5.000 millones de dólares -cuarta parte de la masa de recursos aplicados a la nueva negociación de deuda- podría resolverse el problema del hambre y de la extrema pobreza en este ejercicio fiscal. Vade retro Satana. Fusilen a ese periodista. No le den cabida en los medios oficiales. La plata del Club de París no se toca. Los intereses y comisiones de los buitres son sagrados. 

Pero además (perdón por tanto realismo) cualquier cosa que diga el amado presupuesto puede ser trastocada, cambiada de lugar, alterada, mediante renovados superpoderes y renovados superministros, que nos dirán, en cada momento, cuánto le toca a cada uno en esta ruleta.

Primeras (e inconvenientes) objeciones

Claudio Lozano, diputado nacional por la Capital Federal, del Proyecto Sur, observó que en el amado presupuesto hay "una sobreestimación de los recursos” (entre otras cosas, Lozano apuntó que las mediciones que toma el Ministerio de Economía son las del INDEC). Y los diarios de esta semana informan que para el INDEC, actualmente, sólo el 14% de los argentinos vive en la pobreza y sólo el 4% es indigente. Absolutamente todas las mediciones privadas duplican esas tasas, pero esto es sólo un detalle. El sentido común, entonces, nos dice que el amado presupuesto se encamina hacia la misma galaxia que el INDEC. Es decir, compartirá su irrealidad. Compartirá su ficción.

Al margen de cálculos y predicciones, hay hechos objetivos como la reducción de ciertas partidas presupuestarias. Por ejemplo, en lo referente a la gripe A y al dengue (azote previsto para esta primavera y este verano), el presupuesto 2010 contempla un 7,1% menos que el del año pasado. 

¿Es que ha desaparecido la amenaza? ¿Es que el actual ministro Manzur ha descubierto el secreto para controlar los virus y las pandemias?

Las conjeturas son infinitas. Muchas palabras faltan en el amado presupuesto. Falta hambre, falta pobreza, falta futuro. Hay otras palabras que podrían estar, pero no están, por ejemplo Bicentenario. 

¿Es que el Presupuesto del Bicentenario de la Patria no se ha planteado ser distinto a los presupuestos anteriores? ¿Es que no se ha propuesto, por ejemplo, poner el énfasis en el desarrollo humano, en una asignación y distribución más justa de los recursos que son de todos? 

“No, para nada”, nos contesta el amado Presupuesto. “Lo suyo -parece decirnos- es una superstición. Tenga en cuenta que la inequidad es la única política de Estado que se viene cumpliendo sin variaciones, desde hace 200 años”.

Fuente imagen: APE

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El aborto: Mantener el fuego del debate

Sandra Chaher (ARTEMISA)

Las declaraciones a favor de la despenalización del aborto, de Carmen Argibay, jueza de la Corte Suprema de Justicia de Argentina, y la presentación del libro El aborto en debate, de la periodista Mariana Carbajal, fueron los dos momentos destacados del seminario internacional El aborto: sus diferentes realidades, organizado por Católicas por el Derecho a decidir de Buenos Aires, que se realizó los días 16 y 17 de septiembre en Buenos Aires.

El seminario empezó el miércoles 16 con un homenaje a la activista por los derechos de las mujeres y abogada Dora Coledesky, que falleció hace un mes a los 81 años.

La jueza Carmen Argibay, integrante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es una defensora histórica del derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos. En su conferencia del miércoles 16 destacó la importancia de enmarcar el derecho al aborto dentro del acceso completo a los derechos sexuales y reproductivos: educación sexual, anticoncepción y derecho a decidir en caso de un embarazo no deseado son partes de un todo al que las mujeres deberíamos tener acceso integralmente. En este sentido, la jueza cargó contra la Iglesia Católica que se empeña en obstaculizar el acceso en los tres niveles. Argibay señaló que debe clarificarse el artículo 86 del Código Penal, que tipifica las causales de aborto, de tal manera que abarque cualquier tipo de violación; señaló que recién cuando nace un feto pasa a ser persona desde el punto de vista jurídico; y criticó a 'algunos grupos que buscan empañar la discusión del aborto haciendo imposible del debate'. 'No dejan discutir las ideas básicas –señaló-. A mí me han gritado muchas veces asesina, abortista. Ese no es un argumento. Somos pro-libertad de decidir. No somos abortistas. Abortistas son los que no quieren que nazca ningún bebé.'

En los años 2008 y 2009 la Asociación Civil Artemisa Comunicación hizo un monitoreo de medios de comunicación en el que analizó cómo se desarrollaba la cobertura de los temas de aborto en diez diarios nacionales de Argentina –también en el marco de un proyecto de Católicas por el Derecho a Decidir de Córdoba- y una de las conclusiones del análisis de cuatro diarios nacionales y seis provinciales es justamente que la cobertura es subjetiva y poco informada, anclada en las secciones de opinión, cartas de lectores/as y editoriales, coincidente con el análisis que hace la jueza Argibay sobre la necesidad de que el debate social esté apoyado en la discusión argumentada y con datos y no en la polémica subjetiva y poco clara.

Uno de los ponentes del día 17 fue el médico ginecólogo brasilero Jefferson Dresset, director del Servicio de Aborto del Hospital Pérola Byington, de San Pablo. En Brasil, donde a una mujer violada se le reconoce el derecho de interrumpir ese embarazo no deseado desde 1940, el primer aborto hospitalario se hizo en 1989 y desde entonces los servicios en todo el país fueron creciendo. Según una medición del 2006, actualmente existen 702 ciudades con al menos un servicio de aborto. En el Hospital Byington se realizaron 705 interrupciones del embarazo entre 1994 y 2008, el 27% entre niñas y adolescentes, y en ningún caso hubo complicaciones ni muertes.

Dresset también trajo ejemplos de otros países para demostrar que la prohibición del aborto no disminuye la realización del mismo pero sí aumenta el riesgo en la salud y la vida de las mujeres. Uno de los ejemplos más contundentes es el de Rumania, donde el aborto fue penalizado en 1966 bajo el régimen de Nicolás Ceauşescu. La consecuencia fue el aumento de la natalidad pero también de la mortalidad de mujeres gestantes (muerte materna) debido a los abortos inseguros. Cuando en 1989 el aborto fue nuevamente legalizado, la tasa de MM (muerte materna) descendió abruptamente. El 95% de los abortos inseguros (que se realizan en condiciones riesgosas para la salud o la vida de la mujer) se producen en los países en desarrollo en los que el aborto legal está totalmente prohibido o permitido en unas pocas causales, como Argentina y Brasil. Muchas de esas interrupciones inseguras del embarazo derivan en consecuencias graves para la salud de las mujeres y muchas otras en muertes: según datos de la Organización Mundial de la Salud traídos por Dresset, cada siete minutos muere en el mundo una mujer como consecuencia de un aborto inseguro.

El primer panel de la tarde reunió a legisladoras con el objetivo de relevar el estado parlamentario de los proyectos vinculados al tema. Silvia Augsburguer, diputada nacional por el Partido Socialista, se retira en diciembre pero comprometió el apoyo de su compañero Miguel Ramos para acompañar el proyecto de la Campaña por el Derecho al Aborto que prevé la interrupción legal del embarazo y que necesita recuperar estado parlamentario el año próximo. A la vez, María Luis Storani, diputada nacional electa por el Acuerdo Cívico y Social, también lo rubricará y se comprometió a sumar a otras diputadas electas por el radicalismo. La mesa estuvo completada por la abogada Silvia Juliá, de Católicas por el Derecho a Decidir de Córdoba, quien se preguntó si en un momento en que la sociedad está debatiendo el derecho a la privacidad, como consecuencia del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia vinculado a la tenencia de marihuana para consumo personal, no es un buen momento para plantearse el acceso al aborto, que también tiene que ver con la no intromisión del Estado en la vida privada, en este caso sobre el cuerpo de las mujeres.

El seminario concluyó con la presentación del libro El aborto en debate. Aportes para una discusión pendiente, en el que la periodista Mariana Carbajal recopiló entrevistas, notas y temas tratados durante los últimos cuatro años en coberturas para el diario Página 12. La presentación, en la que estuvo acompañada por representantes del movimiento de mujeres, fue una oportunidad para recorrer algunos de los casos de mujeres que pidieron el acceso al aborto en los últimos años, encuadradas en las casuales permitidas por el actual código penal argentino, y que deben enfrentarse a muchísimas dificultades porque el Estado no les brinda el acceso al derecho que tienen otorgado por ley.

El espíritu de producción colectiva del libro fue destacado por la periodista y las demás panelistas. Si bien fue escrito por Carbajal, y está basado en sus artículos, la propuesta de escritura surgió de Marta Alanis, directora de Católicas por el Derecho a Decidir de Córdoba, y el movimiento de mujeres cuenta con utilizarlo como herramienta para sostener el tema en agenda y avivar el debate social en un país en el que según investigaciones del Centro de Estudios para el Estado y la Sociedad, entre el 44% y el 62% de la población acuerda con al despenalización del aborto y el 95% está muy o bastante de acuerdo con que mujeres y varones podamos decidir cuántos hijos queremos tener y cuándo.

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Día del Jubilado: "Con la fuerza de los que no se resignan, lo vamos a lograr"

Nadia Mansilla (ACTA)

“En la permanente lucha por la dignidad, festejamos con renovados esfuerzos el Día del Jubilado”, señalaban en la convocatoria los jubilados y pensionados. Es que, lamentablemente, tuvieron que celebrar su día yendo a pie hacia la marcha número 911 que fue desde el Congreso de la Nación hacia el PAMI, de esta Capital. Hubo una radio abierta de jubilados en Paraná.

Los ejes de la movilización fueron la recuperación del 82% móvil de los salarios como haber básico jubilatorio; haber mínimo compatible con las necesidades elementales del jubilado en un monto de $1600; redacción, debate y promulgación de una nueva Ley de Previsión Social; recuperación por parte de los jubilados de la obra social PAMI, la finalización de todo tipo de intervención, y contra el financiamiento de emprendimientos con fondos de los jubilados.

Allí estuvieron presentes la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE-CTA) de la provincia de Buenos Aires; la Mesa Coordinadora de Organizaciones de Jubilados y Pensionados; la Federación Nacional de Trabajadores Jubilados y Pensionados (FETRAJUB-CTA); la junta interna de ATE PAMI y el Movimiento Territorial de Liberación (MTL-CTA), entre las muchas banderas que flameaban en el frío, de cara al acto.

En el acto, la primera en hablar fue Lidia Mesa, secretaria de Previsión Social de la CTA: “A nosotros también nos duelen los huesos con todas las cuadras que caminamos hoy. Pero nos lo bancamos porque venimos a pelear por lo que es nuestro. No venimos a pedir una limosna, venimos a pedir lo que nos corresponde. Para eso trabajamos treinta y cinco o cuarenta años y siempre aportamos. Y resulta que ahora los señores del PAMI y del ANSES están prestando nuestro dinero a cualquiera, sin solucionar los problemas que tenemos los viejos y los jubilados”, afirmó.

Luego de la intervención de Marcelo Fisina, miembro de la junta interna de ATE PAMI y de Olivia Ruiz, del Centro de Jubilados de la Asociación Trabajadores del Estado, tuvo la palabra Claudio Lozano, miembro de la conducción nacional de la CTA y diputado nacional. El economista expresó: “si estoy con ustedes es porque sé que nos hacemos cargo del pasado, reivindicando que en este país se vivió distinto, y por eso se puede hacer otra cosa.Y tenemos la vocación de seguir peleando, porque ustedes son uno de los bastiones principales de la resistencia frente a una democracia vacía de contenido popular. Y de este presente que peleamos, ustedes son también garantía de la pelea por el futuro”.

Después de señalar que “hay que democratizar el PAMI y el ANSES; hay que derogar la tramposa ley de movilidad, que es la que no permite usar la guita para lo que debe usarse, que es recomponer los haberes de los jubilados y hay que garantizar una nueva reforma previsional para que esto funcione como corresponde”, Lozano le dio lugar a Marcos Wollman, secretario general de la Mesa Coordinadora Nacional de Jubilados y Pensionados.

Wollman festejó las 911 marchas, al tiempo que indicó que el día del Jubilado se celebra en conmemoración a la salida de la primer ley previsional en la Argentina. También apoyó la lucha de los trabajadores de salud, de los despedidos de Kraft y afirmó: “Continuamos marchando por el 82% móvil, porque el PAMI sea una entidad del Instituto Nacional de Servicios Sociales de Jubilados y Pensionados, que sea dirigida por sus beneficiarios”. Y finalizó señalando que “Hay que terminar con la intervención del PAMI y dar lugar para conocer qué se hace con el dinero”.

El cierre del acto estuvo de la mano de las palabras de Elías Moure, secretario de la FETRAJUB-CTA, quien minutos antes había ingresado a la sede del PAMI, en cuyas puertas se realizó el acto: “Subimos esos once pisos para pedir una entrevista con Luciano Di Cesare (director ejecutivo del PAMI), que como todos los funcionarios, cuando saben que vamos a venir, se van”.

Moure concluyó su intervención afirmando “vamos a venir las veces que sean necesarias. No hasta que nos atienda este señor, si no las veces necesarias hasta que los compañeros trabajadores activos y jubilados, podamos dirigir esto, porque esta es nuestra casa. Y con la fuerza de los que no se resignan, lo vamos a lograr”.

Radio abierta en Paraná

Jubilados nucleados en la Central de Trabajadores de la ARgentina (CTA) realizaron este miércoles a la mañana una radio abierta y recolección de firmas en la Plaza 1º de Mayo reivindicando los derechos y la lucha de los pasivos. Según informó Marta Scarafía, secretaria de Jubilados de la Asociación Gremial de Magisterio de Entre Ríos (Agmer-CTA), seccional Paraná, y dirigente del Centro de la CTA, "pedimos jubilaciones dignas que superen la línea de pobreza".

"Estamos conmemorando el Día del Jubilado del CTA que se celebró el 20 de septiembre. Los pasivos nacionales y provinciales luchamos, participamos y seguimos adelante. Somos los más vulnerables y el poder se acuerda muy poco de nosotros. Estamos tratando de concienciar a la gente para que se dé cuenta que la lucha tiene que continuar", indicó Scarafía.

Según la representante, "a los jubilados nacionales se los condena a tener dos aumentos anuales en marzo y en septiembre, pero en el primer mes no alcanzamos a cobrar 70 pesos y en el último no alcanzó a cobrar 50, mientras que las arcas de la Anses son multimillonarias y prestan plata a empresas multinacionales y nacionales".

Asimismo contó que estuvieron en la Plaza 1º de Mayo recolectando firmas: "Estamos peticionando una verdadera seguridad social donde el dinero vaya al bolsillo de sus verdaderos dueños, que somos los jubilados, que garantice jubilaciones dignas que superen la línea de pobreza. También pedimos el restablecimiento del 82 por ciento móvil, por una verdadera movilidad previsional y no las de marzo y septiembre que no superan los 120 pesos", continuó.

"Luego de 30 años de haber luchado y trabajado los jubilados no se merecen un sueldo indigente. También queremos reivindicar los derechos de salud y vivienda", sostuvo por último.

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Horacio Ballester: “Ningún militar está obligado a aceptar órdenes ilegales e ilegítimas”

REDACCION ROSARIO

El primer testigo en declarar en el marco de la novena jornada de audiencias del Juicio contra los represores de la Quinta de Funes y Fabrica Militar de Armas, fue Horacio Ballester, coronel retirado del Centro de Militares para la Democracia Argentina (CEMIDA), que refutó la tesis de la Obediencia Debida y aportó diferentes conceptos contextuales referidos a la actividad castrense.

También aportaron sus testimonios el periodista Daniel Santoro, quien publicó los documentos desclasificados del Operativo México, en el que los represores de la Quinta de Funes entraron clandestinos al país azteca para asesinar a la exiliada cúpula de la Montoneros; el director de Rosario 12, Pablo Feldman; el ex preso político y sobreviviente Eduardo Ferreyra; y el antropólogo Juan Carlos Nóvile.

Durante la novena jornada de audiencias, Horacio Ballester refutó los fundamentos de la “obediencia debida” y explicó que ningún militar está obligado por norma alguna a “aceptar órdenes ilegales e ilegítimas” y dio el ejemplo de los mismos militares del CEMIDA, los cuales se apartaron de las fuerzas militares argentinas por su oposición al golpe de estado perpetrado el 24 de marzo de 1976.

El militar refutó también los argumentos de varios de los represores procesados o condenados en distintas causas contra el terrorismo de estado en el país –uno de los que lo ha usado es el imputado de esta causa, el ex teniente Juan Amelong–, que explica el accionar de las fuerzas armadas bajo la tesis de que “en la argentina hubo una guerra de baja intensidad”.

Ballester fue muy gráfico cuando replicó que las guerras de baja intensidad los “son para los que la desarrollan”, mientras que para los pueblos que las sufren son “guerras de alta intensidad” y agregó que en este país lo que se vivió más que una guerra fue “represión ilegal”.

Luego del Ballester fue el turno de del periodista del diario Clarín, Daniel Santoro. El cronista porteño vino a refrendar sus investigaciones sobre el operativo México, basadas en documentos desclasificados del National Security Archive de los Estados Unidos.

Santoro recordó su investigación que fundamentó con copias de los documentos de la National Security Archive, donde consta cómo se logró seguir la pista y capturar a los agentes de inteligencia argentinos que ingresaron clandestinamente a México con el detenido de la Quinta de Funes, Tulio Valenzuela, –quien sería la carnada para asesinar a la conducción de montoneros exiliada en ese país y del cual tenían a su mujer embarazada, Raquel Negro, como rehén en Funes–.

Las fichas del DFS con fotografías de los agentes argentinos los describen con sus nombres falsos. En una posterior entrevista con el sobreviviente Jaime Dri, el National Security Archive confirmó que uno de los agentes era el Teniente Daniel Amelong mientras que otros dos, Rubén Fariña y Jorge Cabrera habían logrado refugiarse en la Embajada Argentina de México cuando vieron a sus colegas ser apresados por la DFS.

El testigo siguiente fue el director del suplemento local de Rosario 12, Pablo Feldman, quien en su rol de editor del diario, acreditó las entrevistas realizadas al represor Eduardo Costanzo en distintos por dos periodistas del medio: Reinaldo Sietecase y José Maggi.

Además, declaró esta jornada el ex detenido Eduardo Ferreyra, que relató cómo fue traido desde Corrientes presumiblemente a La Calamita, donde registró los nombres de dos represores, Sebastian –el alias del ex Mayor Jorge Fariña– y Daniel –el apodo del ex teniente Juan Amelong–.

Finalmente dio su testimonio el antropólogo Juan Nóvile. El perito describió una serie de investigaciones aportadas a la causa, e hizo referencia a las excavaciones realizadas en el predio de La Calamita, en un lugar específico que había sido marcado por el mismo represor Costanzo, en donde el “Tucu” indicó que había sido enterrado un detenido asesinado de nombre Remo.

Nóvile explicó que sólo se revisó un 10% del predio –el marcado por Costanzo–, en el que no se hallaron restos, y afirmó que no debería dejarse sin investigar el resto del terreno.

Al cierre de la audiencia, el presidente del Tribunal, Otmar Paulucci, comunicó que el juicio se reanudaría el próximo martes por la mañana.

Foto: Argentina, Santa Fe - Horacio Ballester del CEMIDA. / Autor: UNC - REDACCION ROSARIO

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