jueves, 7 de enero de 2010

Elección presidencial en Chile. El plan de estigmatizar a la Concertación

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

En Chile, a pocos días de segunda vuelta el 17 de enero, se abrió el período de subastas.

Los llamados varios a votar por la derecha en contra de la Concertación, revelan no solo el grado de polarización, sino también el espíritu de una metodología que se está aplicando en muchas áreas.

Es un tono entre desesperado y apocalíptico, engarzado en un “ahora o nunca”, invitando a un tipo de extremismo disimulado en el verbo.

Es propio de una euforia política creada por la crisis del capitalismo. Se observa un grado poco disimulado de angustia, revelando que la política está atrapada por la crisis económica.

Se traduce en que la continuidad de la coalición de Centro Izquierda que gobierna en Chile hace dos décadas, significaría que la derecha no tiene nada que ofrecer.

Bajo este clima, se recurre al argumento de estigmatizar a la Concertación, particularmente con el asunto de la corrupción.

La corrupción cala hondo porque es el argumento con mayor poder demagógico en política.

La campaña publicitaria en contra de la Concertación con el argumento de la corrupción ha sido formidable, porque prende en la propia piel. Al final, ¿Quién no engaña, al vecino, al estado? ¿Quién no se engaña así mismo?

Dicho esto así, no se justifica todo lo hecho por la Concertación en estos 20 años. Tampoco se deja de reconocer lo que no ha hecho, especialmente en reformar la constitución y contener el avasallamiento del ajuste estructural de los años 80.

Sin embargo, la corrupción ha sido un argumento usado como propaganda tipo Goebbels, cuando en Alemania se hablaba de que “todos los judíos eran corruptos”.

Ahora la Concertación es: corrupción y nada más.

Es muy peligroso porque se está estigmatizando una visión del mundo que nació en Chile bajo condiciones de dictadura, y que ha sido el proyecto que refundó la democracia, con defectos pero lejos de la dictadura.

En la práctica, lo que se persigue políticamente es homologar el proyecto democrático representado por la coalición de centro izquierda, con el mal gobierno y las malversaciones del erario público, lo que estaría justificando el regreso del autoritarismo de derecha.

Hay que considerar que el Partido Comunista se ha sumado en forma plena en la campaña del candidato de la Concertación Eduardo Frei, situación que la derecha resiente aún más. El alza en la temperatura anticomunista hace recordar épocas no muy lejanas.

Guardando las diferencias de contexto y época, la argumentación y el tipo de campaña de la derecha, no es distante de las que contribuyeron a derrocar finalmente a Salvador Allende en 1973.

Si bien hoy la metodología en apariencia es más sutil, el objetivo es el mismo: desmantelar un proyecto. Esta vez por la vía electoral bajo un clima de alta distorsión en la información disponible al público.

¿Y los que la atacan por corrupción, no provienen de las peores cloacas de la corrupción que Chile ha conocido?

Pensemos en las privatizaciones de las empresas públicas en la década de los años 70 y 80, en la cadena de malversaciones del gobierno militar.

Además, el volumen de corrupción atribuido a la Concertación y la forma que se divulga en los medios no son respaldados por tribunales ni por índices internacionales.

Lo que sí resulta indesmentible, es la campaña de estigmatización de la Concertación, y la carga peligrosa para el futuro.

Por cierto, el sistema económico magnánimo como es al restringir el sistema político genera angustia y esparce el extremismo.


El llamado a las personas que han votado por la Concertación, a votar por el candidato de la derecha S.Piñera generan un proceso de estigmatización que es peligroso, porque invita a dividir el mundo entre “moros y cristianos”.

Este llamado en un “ahora o nunca” a votar por la derecha, es el artefacto más de guerra fría que se pueda haber incorporado en esta contienda.

Los signos del clima desesperado generado por la derecha son preocupantes porque absorben el sello neoconservador que el establishment republicano de EEUU con su réplica en la región, desea imprimir en las contiendas electorales.

La polarización del “ahora o nunca para detener el avance izquierdista”, se observó en Honduras, en Uruguay, en Bolivia, y tiene presencia en el bombardeo de prensa local y continental contra Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, y Cristina Fernández.

Lula se salva un poco por el tamaño de Brasil. Es más complicado para los republicanos manipular opinión pública o infiltrar el espacio político en Brasil. Chile es diferente. El clima neoconservador que ha crecido en los últimos años lo hace permeable para la operación republicana.

Los estudios del War College del Pentágono señalan que la prioridad estratégica para EEUU en el hemisferio occidental sur, es contener el Chavismo y la insurrección.

Por esa fuerte presión anti Chávez, la expansión del fenómeno político de Chávez no beneficia las opciones de la Centro Izquierda, y no la está beneficiando en Chile.

El rol de Hugo Chávez en desafiar la hegemonía de EEUU en la región tiene implicancias globales, y es allí donde EEUU ha comenzado a usar su aparato de guerra fría y que se observa en el tono apocalíptico de la campaña anti Concertación en Chile.

En el cuadro mayor, Chile para EEUU se ve un aliado más seguro con un gobierno de derecha, que con las ambigüedades -para EEUU - de la coalición de Centro Izquierda respecto a los gobiernos de Chávez y los que lo apoyan.

En verdad, con su postura más bien tolerante y orientada a la negociación, la Concertación no antagoniza lo suficiente a Hugo Chávez, a Fidel Castro, Evo Morales, y Rafael Correa.

Si bien Chile no está en el ALBA, para EEUU y su política internacional muy condicionada aún por la agenda neoconservadora, la política internacional de la Concertación NO es garantía de un anti chavismo militante.

Preferiría no pensar en una mano extranjera en esta elección.

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