martes, 5 de enero de 2010

México: Carne de cañón

Teodoro Rentería Arróyave (especial para ARGENPRESS.info)

Imposible evitar que nuestro país esté a expensas de la delincuencia cuando los gobiernos que no el Estado. Han negado a las generaciones lo más valioso para labrar y asegurar futuro: el estudio.

De acuerdo a leyes que nos hemos dado, la primera obligación del Estado es asegurar las condiciones para que todos por igual tengan las oportunidades para realizarse en la vida.

Eso no ha existido en México, salvo en casos preferenciales, los niños y los jóvenes tienen la oportunidad del estudio. Fue una de las grandes conquistas de la Revolución de 1910, que tal parece se quiere archivar sólo en el renglón de una efeméride más.

Los datos son oficiales, sino fuera así nos resistiríamos a creerlos: 10 millones de jóvenes truncan periódicamente sus estudios por las carencias económicas y por la falta de estímulos para continuar en ellos.

El problema se presenta desde la educación básica, puesto que en el sector de jóvenes de 16 a 18 años de edad, poco más de 35 por ciento truncó sus estudios en esa etapa y de ellos menos de 5 por ciento regresa a la primaria o a la secundaria para concluir con los estudios mínimos, según estadísticas de la Subsecretaría de Educación Superior, SES.

Luego el problema se agudiza con la deserción escolar en bachillerato y universidad que se sitúa en un 13 por ciento, y para mayor alarma en el terrible 2006, aumentó el porcentaje a 17 por ciento.

La realidad es lacerante, hoy hay cerca de 10 millones de jóvenes en edad de asistir al bachillerato y a la universidad, que no lo hacen por falta de recursos económicos, porque truncaron su educación a temprana edad o porque no quisieron continuar con sus estudios, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Educación Pública, SEP.

Tan sólo en edad de acudir a la educación media superior existen 6.6 millones de jóvenes, de ellos, 37 por ciento, esto es, 2.4 millones, están fuera del sistema, mientras que 63 por ciento, es decir, 4.15 millones, sí tienen acceso a este nivel educativo.

Para el año que empieza, la SEP tiene proyectado alcanzar 65 por ciento de cobertura mediante la apertura de 110 mil espacios en dicho nivel. Para ello anunció que en este 2010 pondrá en marcha 320 nuevos bachilleratos en el país -120 federales y 200 en cooperación con las autoridades educativas de los estados-, además de rehabilitar 4 mil 500 planteles.

Entre tanto, los jóvenes de 19 a 23 años en edad que deberían acudir al nivel profesional ascienden a cerca de 10 millones. La gran mayoría de ellos, 75 por ciento, que representan 7.5 millones de jóvenes, no acude a una institución de estudios superiores. Lo anterior obedece, entre otras causas, a que no terminaron la primaria, la secundaria o la preparatoria o incluso, si concluyeron esta última, no continuaron adelante, según la SES.

Ante este terrible panorama de deserción y rezago educativo, el político carente de toda experiencia magisterial, Alonso Lujambio Irazabal, nombrado secretario de Educación Pública necea en la reducción del presupuesto a las universidades, en el entendido de la prioridad del grupo en el poder: la privatización de la educación.

Antes decíamos que la negación de la escuela a los jóvenes era crear carne de cañón para las cárceles, ahora es carne de cañón para la delincuencia organizada.

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