jueves, 25 de febrero de 2010

Alzheimer Tupamaro

Alfredo Grande (APE)

“el problema de estos tiempos no es ponerse triste cuando se pierde, sino que no podemos ponernos alegres cuando ganamos”
(aforismo implicado)
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Daniel Hadad dice que Mujica es “El presidente liberal”.
El periodista participó del almuerzo que el presidente uruguayo compartió con 1500 empresarios. En la nota publicada hoy en diario Perfil, Hadad no puede disimular su alegría por haber estado con un presidente que “apuesta al liberalismo, a la libre empresa, a la convivencia civilizada”. Daniel Hadad fue defensor acérrimo del menemismo, del déficit cero, del pago de la deuda externa, de la sujeción al FMI, de las “relaciones carnales”. Hadad es Director del Grupo Infobae, y escribió esta nota luego de participar del almuerzo con Mujica. Hadad festeja que Mujica no quiera mirara al pasado y apueste al futuro, en obvia alusión a que no se juzgarán los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura uruguaya. Pero el periodista de los grupos económicos omitió una cosa, fue la ciudadanía quién aprobó una suerte de amnistía y José “Pepe” Mujica, hizo campaña en contra, es decir, perdió esas elecciones. Dice Hadad: De las armas a los ceos. Mujica sonríe con su vice el miércoles luego de haber seducido a los ejecutivos de la Argentina. (Plan B Noticias - 13-02-2010)

Cuando Maria Elena Walsh escribió “en el país del no me acuerdo, doy dos pasitos y me pierdo”, anticipaba desde su enorme talento, algo mas que un futuro poco venturoso. Lo que realmente quedaba a la desventura y a la intemperie era el pasado. La manera en que vivimos el presente resignifica el sentido con el cual vivimos el pasado. Haberse quedado en el 45, o en el 17, incluso en el 1810, era una befa habitual en los marrones 90 para todos los que sostenían utopías libertarias. En esa década de la convertibilidad monetaria y de la aún más profunda convertibilidad ideológica, el espacio de la sana autocrítica fue invadido por el espacio del patológico autorreproche. La indagación teórica y política sobre la caída de los metarrelatos era frecuentemente acompañada por la cruel desazón de haber sido tan gil. La pérdida de la memoria no es solamente el extravío de los datos, sino la torsión y distorsión del sentido de los hechos. Del guerrillero heroico al psicópata perverso. Del hombre nuevo al primer mundo. Perder la memoria no es solamente el extravío del recuerdo; es antes que nada, la devastación del fundante que le dio sentido a los hechos. En ese sentido los cambios súbitos, descriptos incluso en el campo de la ciencia, son analizadores históricos en el campo de la política. ¿Combatir al capital es compatible con el capitalismo serio? Recordar los versos de la Marcha Peronista no es lo mismo que seguir compartiendo el sentido profundo de sus palabras. “Agrupémonos todos, en la lucha final, y se alcen los pueblos, por la Internacional”, pueda cantarse, es cierto que cada vez menos, pero simultáneamente defender el progresismo pequeño burgués no clasista y mucho menos combativo. Son las formas mas graves del olvido. Pienso que el alzheimer político presenta los síntomas de un recuerdo vaciado de sentido. Desde ya, a veces ni siquiera aparece el recuerdo, por lo tanto la memoria se derrumba. En un trabajo diferencié entre memoria histórica, memoria heroica y recuerdo. Este último, es la impronta afectiva y vivencial de la memoria. No deja de ser interesante que la memoria heroica puede mantenerse (caso paradigmático el bicentenario), a pesar de haberse licuado el sentido emancipador del acontecimiento. La lucha por la segunda y definitiva independencia no es compatible con el olvido de que toda lucha emancipadora es siempre lucha contra un imperio. Si un terremoto “natural” genera 200.000 muertes en un país y una sola en otro, algo debe ser subvertido. Es peligroso perder la memoria del presente, porque crea las condiciones para el desmonte del pasado. Lo singular de la situación actual es cuando ese desmonte lo realizan las mismas personas que décadas atrás sembraron utopías. Quizá sea más justo decir que terminan el desmonte que empezaron las topadoras y excavadoras del neoliberalismo invasor. ¿Cualquier presente anula cualquier pasado? ¿Puede el pasado por la pesada carga de la memoria histórica determinar en forma absoluta el sentido del presente? La respuesta es si. Absolutamente y sin fisuras. Los antecedentes, la currícula militante y política, no solamente no sirve como excepción, antes bien se constituye como agravante. No podemos aceptar como una vergüenza haber sido y mucho menos se hace soportable el dolor de ya no ser. El Pepe Mugica es el signo de la más radicalizada expresión de la lucha de clases: la lucha armada. Que solo es posible cuando es posible vivenciar el odio hacia la clase opresora, como desde diferentes lugares explicaron el Che Guevara y Sigmund Freud. Ese odio que sostiene la lucha emancipatoria se apagó con todo el agua y todas las formas de la represión, especialmente la mas salvaje. Un artículo de Eduardo Aliverti señala con precisión la producción del odio en las clases dominantes. Pero no señala que la tragedia es la anestesia del odio en las clases dominadas. Jorge tambero Zabalza lo dice con precisión: "Amortiguación política de los conflictos sociales fue el concepto que don Carlos Real de Azúa usó con acierto para describir el modo "pacífico y pacificador" de dominación, el que introdujo el batllismo a principios del siglo XX con el fin de postergar el choque frontal entre los dos ejércitos. Amortiguar es una estrategia funcional al capitalismo.” En los términos del psicoanálisis implicado: “gobernabilidad es reinar con la apariencia de gobernar”. El choque frontal está negado en aquellos que no aceptan la lucha de clases como el motor de la historia. Una persona puede negar la ley de la gravedad: eso no impedirá que un ladrillo que cae desde una respetable altura le parta la cabeza. Y el pasaje de la lucha a la mediación amortiguada es una de las formas clínicas del alzheimer polìtico. La diferencia es si constatar ese viaje sin retorno del presidente uruguayo nos da bronca o tristeza. Quizà ambas cosas. Los argentinos conocemos el alzheimer peronista que algunos llaman menemismo. El alzheimer radical que algunos llaman la fase del chupete delarruista. El alzheimer socialista que algunos llaman progresismo. La búsqueda del voto 37 en la figura de “la rata”, forma parte de ese síndrome de licuado cerebral. Quizá debamos en forma análoga a los tratamientos denominados “estimulación temprana”, realizar una “estimulación tardía”. Banderas rojas, el amor y respeto por los compañeros tupamaros en lucha, la veneración por aquellos que pusieron “el cuero en la estaca”, al decir del Tambero, será la respuesta de todos los revolucionarios que quedamos para que al Pepe se le escape un lagrimón o varios, y mas temprano que tarde, recuerde que solamente “con los pobres de la tierra, nuestra suerte podemos echar”. Y pidiendo perdón a José Martí, le decimos al Pepe: “al cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo y ortiga cultivo, nunca más la rosa blanca”.

Uruguay, Política - José Mujica, presidente electo. / Autor: Presidencia Uruguay.

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