jueves, 25 de febrero de 2010

Chile: Los retos regionales del nuevo gobernante

Omar Mendoza (XINHUA)

Chile asumió la secretaría pro témpore del Grupo de Río al concluir la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, en la Riviera Maya, México, lo que implicará enormes retos para el presidente electo Sebastián Piñera, quien tomará posesión el próximo 11 de marzo.

El futuro mandatario tendrá entre sus responsabilidades la coordinación de esfuerzos para concretar el acuerdo de 33 países de la región para constituir una organización hemisférica sin Estados Unidos y Canadá: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

La tarea conlleva el desafío de buscar el consenso en medio de la inocultable fractura política que divide a los gobiernos de la región y de los diversos diferendos bilaterales que persisten en ella, como el que protagonizan Venezuela y Colombia por la presencia de bases militares de Estados Unidos en suelo colombiano.

Los fundamentos de la nueva organización han sido delineados, pero queda mucho por delante para hacerla realidad y se han propuesto dos nuevas cumbres para su fundación: la primera en Venezuela en 2011 y la segunda en Chile en 2012.

Al ejercer la secretaría pro témpore por dos años, Piñera tendrá que contemporizar sus posiciones derechistas con las izquierdistas de presidentes, como las del venezolano Hugo Chávez, a quien ha criticado porque, a su juicio, no cumple "con las normas" de la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El presidente electo se ha declarado aliado de Estados Unidos y cercano al conservador presidente colombiano, Alvaro Uribe, y ha anunciado su interés en fortalecer a la OEA y modificar dicha Carta, posturas que no son compartidas por un grupo de países, entre ellos, Brasil, Argentina, Venezuela, Cuba, Ecuador y Nicaragua.

Estos países son precisamente los que han impulsado la nueva organización como un mecanismo equitativo de cooperación, integración, resolución de conflictos, solución de problemas comunes e incidencia en los fenómenos mundiales, funciones que la OEA no ha podido cumplir por su supeditación a los designios de Washington.

No hay unidad en torno a si el nuevo organismo latinoamericano debe o no reemplazar a la OEA, pero tampoco existen dudas de la inoperancia de esa organización y de lo imperioso de que la región tenga una voz propia ante el resto de los foros e instituciones internacionales.

Los giros a la derecha en Chile, Panamá y Honduras, tras los recientes comicios, tienden a ahondar la división política entre las naciones latinoamericanas, lo que incidiría en forma negativa en el proceso de toma de decisiones requerido para llegar hasta la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Al hablar en la cumbre de Cancún, adonde fue invitado por la presidenta saliente Michelle Bachelet, Piñera expresó su compromiso con los "principios, valores y la misión" del Grupo de Río, indicando que en sus prioridades están "fortalecer la democracia, libertades y la paz, y derrotar el subdesarrollo y la pobreza".

También instó a los líderes a "unirnos más que nunca para combatir con mayor eficacia y empezar a derrotar a los poderosos y crueles enemigos de las sociedades que aspiran a vivir en paz y en libertad de los tiempos modernos, como el terrorismo, el narcotráfico, el calentamiento global y otras amenazas graves".

La secretaría rotativa del Grupo de Río obligará a la diplomacia piñerista a poner mayor acento a temas políticos, tras haberse anunciado que el nuevo gobierno chileno marcaría una tendencia más económica, comercial y de gestión empresarial en sus relaciones exteriores.

Por ello, Piñera asumiría situaciones políticas y diplomáticas de complejidad y alta sensibilidad a nivel continental, en medio del desencanto latinoamericano tras las expectativas que se levantaron con las promesas del presidente estadounidense, Barack Obama, de mejorar las relaciones con la región.

En Cancún no se aprobó una resolución sobre Honduras, aunque el tema estuvo presente. Hay diversas posiciones respecto al reconocimiento del nuevo gobierno del presidente Porfirio Lobo, que no fue invitado a esta cumbre, en espera de una decisión que debe adoptar la OEA, que mantiene suspendido a ese país.

Venezuela, Ecuador, Argentina, Brasil, Cuba, Bolivia, Paraguay y otros países han planteado que no renovarán sus relaciones diplomáticas con Tegucigalpa porque su gobierno no fue elegido en elecciones verdaderamente democráticas.

Es muy probable que Piñera reconozca al gobierno de Honduras, como lo han hecho Colombia, República Dominicana y Panamá, tras la solicitud que hizo el senador Jovino Novoa, de la ultraderechista Unión Democrática (UDI), uno de los partidos que apoya al nuevo presidente.

Novoa ha hecho esa petición en nombre de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), una agrupación de partidos de derecha. De concretarse, Chile se distanciaría de la mayoría latinoamericana.

Como secretaría pro témpore, Chile deberá también asumir, por mandato de la cumbre, la coordinación para la reconstrucción de Haití y seguramente mediar en el actual conflicto entre Argentina y el Reino Unido por el comienzo de la exploración petrolera británica en las islas Malvinas.

En Cancún, los mandatarios despidieron a Bachelet con un reconocimiento a su política exterior regional en materia de integración comercial, defensa de gobiernos democráticos, respaldo a naciones pobres, defensa de los derechos de la mujer y la infancia y la promoción del diálogo diplomático.

Allí la mandataria reivindicó la solidez democrática de Chile, así como su estabilidad económica y la consagración de derechos sociales que impulsó su gobierno y que la llevaron a dejar su cargo con el 80 por ciento de adhesión popular. Su labor como vocera de la mujeres y niños de Haití, la mantendrá activa en la política regional.

Los retos del nuevo gobernante chileno al frente del Grupo de Río pondrán a prueba su capacidad para lidiar con los viejos conflictos y los nuevos que surgirán en los próximos cuatro años en un continente que aspira a tener integración económica, una voz propia y justicia social para avanzar hacia el desarrollo.

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