jueves, 25 de febrero de 2010

Costa Rica: Concreto armado

Álvaro Montero Mejía (especial para ARGENPRESS.info)

¿De dónde vendrá ese símil tradicional y tan frecuentemente usado por nuestro pueblo, cuando se les endilga a algunas personas tener “cara de barro”? En efecto, una cara de barro no puede ser otra cosa que una máscara de arcilla y por tanto, inmutable, con una mueca impasible, congelada y fingida, que no revela, de ningún modo, el verdadero gesto del rostro que la máscara oculta.

Tener “cara de barro”, es poner de manifiesto la capacidad para decir una enorme mentira, o expresar con aparente convicción algo en lo que del todo no se cree y decirlo, además, con absoluta tranquilidad y desparpajo.

¿Recuerdan ustedes el chiste del amante sorprendido, en paños menores, por el airado marido en el clóset de la habitación conyugal y que, tomado de la varilla del colgadero, con cara de absoluta inocencia le preguntó al marido “perdone señor ¿éste no es el autobús que va para Desamparados?”…? Eso es tener “cara de barro”.

Pues bien, en la cumbre de Cancún, entre muchas otras consideraciones de naturaleza ideológica que sería interesante comentar posteriormente, Oscar Arias dijo:

“más que promulgar nuevas constituciones políticas o celebrar elecciones, debe construirse una institucionalidad confiable, garantizar la supremacía de la ley que algunos insisten en saltar con garrocha, fortalecer el sistema de pesos y contrapesos hoy amenazados por gobiernos tentaculares que borran la frontera entre gobierno, partidos y Estado”

El querido y anecdótico ex Diputado alajuelense, eminente médico y mejor conocido como Melico Valverde, cuando la “cara de barro” de algún funcionario sobrepasaba toda medida, desde su curul lo increpaba diciéndole: ¡“cara de concreto armado”!

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