jueves, 25 de febrero de 2010

Costa Rica: Invitación al debate sobre el proyecto progresista

Enrique Gomáriz Moraga (especial para ARGENPRESS.info)

He leído con interés el artículo de Luis Paulino Vargas "¿Qué futuro le queda a Costa Rica? Variaciones alrededor de una derrota electoral", sobre todo porque su reflexión sobre la pasada campaña refiere al interés de plantear un proyecto progresista para el desarrollo de Costa Rica (interés que ya había mostrado anteriormente). Dado que se trata de una referencia común, que, de mi parte, señalé en otras oportunidades como un proyecto basado en un bloque histórico progresista, me he preguntado si -en medio de un cierto cambio del clima político- sería posible un debate abierto sobre este asunto. Y como no hay nada mejor para iniciar un dialogo que mostrar claramente la disposición de hacerlo, he decidido redactar estas notas, invitando a don Luis Paulino a discutir sobre la perspectiva de un proyecto progresista.

Para no hacer muy extensa esta reflexión inicial, creo que es posible ir directamente al tema medular de la construcción de un tal proyecto, sin profundizar demasiado en la interpretación de los resultados electorales; entre otras razones, porque sobre este asunto ya he hecho algunos apuntes con anterioridad en estas mismas páginas, incluyendo una muy directa al tema crucial del cambio de las votaciones en el Valle Central, donde el PAC tenía su principal bastión en ocasiones anteriores.

En todo caso, no puedo dejar de apuntar que tengo la percepción de que hay una cuestión de fondo, sobre la radicalización de la democracia, que podría ser parte del debate en ocasiones posteriores. Tengo la impresión que Luis Paulino asocia la radicalización de la democracia a la ciudadanía activa y no a la articulación entre ciudadanía activa y ciudadanía sustantiva, algo que permitiría explicar mejor la posible relación virtuosa entre democracia representativa y participativa, además de otros temas, como por ejemplo, su acertada idea de que no es posible trasladar la experiencia del referéndum a los procesos electorales.

De igual forma, anticipo que comparto su rechazo de dos cosas relacionadas con la situación política que se abre tras las pasadas elecciones. Por un lado, su rechazo de las lecturas conspirativas de los procesos históricos y, por el otro, su toma de distancia respecto de la idea de que, tras la victoria de la candidata liberacionista, o bien la suerte está completamente echada (al estilo del lamento de José Calvo sobre el definitivo "giro a la derecha") o el puro discurso hepático de algunos dogmáticos, donde todo es producto del tremendo fraude electoral sucedido.

Vayamos entonces directamente al asunto de la naturaleza y perspectivas de un posible proyecto progresista en Costa Rica. Me parece constructiva la forma amplia en que Vargas plantea esa posibilidad. Así, dice: "de prevalecer un mínimo de generosidad y sensatez, debería tenerse un programa progresista que probablemente no satisfará plenamente a nadie, pero que sí debería satisfacer suficientemente a todos y todas como para dar base a una amplia alianza político-partidaria y cívico-ciudadana. En general, y por lo que nos indica la experiencia acumulada, debería quedar situada en una suerte de centro izquierda".

Ciertamente, Vargas adelanta que eso no satisface plenamente sus preferencias personales, que preferirían plantearse mejor un proyecto de izquierdas. Tampoco eso me resulta una disonancia: mi cultura política identifica la izquierda democrática con la socialdemocracia, sin que me parezca mala palabra ser de izquierdas. Pero comparto plenamente su análisis de que la perspectiva a plantearse es la del fortalecimiento de un proyecto progresista. Ahora bien, ¿De que proyecto estamos hablando? ¿Cuáles son las fuerzas sociales y políticas que formarían parte de un tal proyecto?

Vargas tiene un dibujo bastante claro: "hablo de progresismo para referirme a ese vasto, pluralista y heterogéneo conglomerado de expresiones sociales y políticas que se oponen al neoliberalismo. Ello incluye a gente y organizaciones que se consideran de centro, como otras de centro izquierda e izquierda. En el plano político-partidario, los dos principales referentes son el PAC -que oscila alrededor del centro político- y el Frente Amplio (FA) a la izquierda. Existen opciones a la izquierda de este último, las cuales, sin embargo, son renuentes al diálogo".

Aquí aparece el núcleo fundamental del debate, porque en la descripción que hago del bloque histórico progresista también incluyo a "gente y organizaciones que se consideran de centro, centro izquierda e izquierda", pero la estimación que realizo al respecto, comprende una buena parte de la militancia y el entorno del PLN, lo que supone que, del 46% que ha apoyado a Laura, no menos de un tercio del electorado es de orientación progresista. Eso confirma mi tesis de que el bloque social progresista podría situarse en torno a un 60% del electorado, al sumar el resto de fuerzas que Vargas incluye.

Desde luego, resulta sorprendente que se incluya gente y organizaciones "de centro y centro izquierda" y se deje por fuera al PLN. Veamos este asunto de forma amplia, yendo de lo general a lo particular. A nivel mundial, es difícil encontrar a quienes sostengan que la Internacional Socialista no es una fuerza progresista internacional (incluso si se desestima que es una fuerza de izquierdas). Pues bien, el PLN es el miembro costarricense de la IS, pero además en su último Congreso se declara socialdemócrata y en sus signos externos como partido, se presenta como "el partido socialdemócrata de Costa Rica". Ni que decir tiene que tiene suficiente historia previa al respecto. Es decir, incluso si se piensa que fue una fuerza de centroizquierda que se derechizó, todo indica que todavía supone un referente reformista. Creo que a eso responde la duda de Jorge Vargas Cullell acerca de si el PLN sigue siendo una fuerza reformista o un partido del stablishment.

Personalmente, no tengo ninguna duda de que el PLN forma parte de las fuerzas progresistas del país, cubriendo un espectro que va del centro al centro izquierda; pero incluso si se tuviera alguna duda al respecto, todo indica que es mucho mas rentable respecto de la construcción de un bloque sociopolítico progresista evitar la tentación de arrojarlo entero al basurero de la historia, mediante la admonición de que representa al neoliberalismo. ¿Representa al neoliberalismo porque estuvo a favor del TLC? ¿Pero no estábamos de acuerdo que había gente progresista que fue favorable al TLC? De hecho, incluso formó parte de candidaturas opositoras en las pasadas elecciones. Dicho de otra forma, no parece muy progresista (ni de izquierdas) abandonar una estrategia de acumulación de fuerzas sacando del escenario progresista al PLN.

Hacer eso sólo puede ser producto de algunos problemas fundamentales. Enunciaré dos de ellos. El primero, mas simple, consiste en colocar el hígado por delante. Y conste que digo esto porque es perfectamente posible. Un buen amigo, Luis Guillermo Solís, me confesaba en una cena que el era consciente que estaba diciendo barbaridades que jamás había imaginado que podría decir sobre el liberacionismo, pero que no podía evitarlo porque la provocación era demasiado fuerte.

El otro error consiste en considerar que una fuerza política es progresista sólo si lo es completamente. Si presenta alguna posición conservadora, entonces no es necesario hacer un balance ponderado: el pecado, por pequeño que sea, la convierte en anatema. Desde luego, así juzgada, la candidatura liberacionista que ganó las elecciones deja de ser un referente progresista. Porque su propuesta social y laboral es enteramente progresista, pero su planteamiento sobre la reforma fiscal es sólo parcialmente progresista (porque estaría dispuesta, pero no quisiera llevar la iniciativa) y su planteamiento sobre el Estado laico no es precisamente progresista. Pero la cuestión es: ¿puede o no considerarse de naturaleza progresista la candidatura liberacionista ganadora, sobre todo a partir de su Plan de Gobierno? Mas aun: ¿Ha sido percibida así por la mayor parte de los electores que la apoyaron?

Insisto, yo no tengo duda alguna al respecto, pero incluso si la tuviere, ¿no sería más riguroso apostar por esa posibilidad, para consolidar un bloque sociopolítico progresista? Mi juicio es que no considerar al PLN dentro del bloque de fuerzas progresistas, prepara una verdadera derrota anticipada del proyecto progresista, que pasa a ser minoritario, en vez de lo que creo que es: una fuerza mayoritaria, que va del centro hasta la izquierda, y que necesita consolidarse ideológica y políticamente.

En otros términos, la consideración del liberacionismo fuera del campo progresista significa aceptar la tesis de gente como Jorge Guardia de que "la mayoría de los ticos, el 72%, estamos en el centroderecha". Dicho de otra forma: el proyecto progresista ya está derrotado y no tiene viabilidad a mediano plazo. Aceptar esa tesis tiene efectos en la cultura política del país: si la población se convence de que el bloque mayoritario tiene un punto de gravedad sociopolítico que es de derechas, en vez de centro izquierda, la batalla cultural se iniciará perdiendo. Obviamente, que se proyecte un bloque progresista o un bloque de derechas, pasa decisivamente por la consideración que tengamos del PLN. Guardia lo coloca al centro derecha y así le salen sus cuentas. Yo coloco la mayor parte de su apoyo electoral con un enfoque progresista y aparecen dos tercios en esa perspectiva.

La cuestión es saber si el trabajo para consolidar un proyecto progresista tiene más posibilidades partiendo de una situación completamente minoritaria o, por el contrario, actuando en relación con el liberacionismo desde una perspectiva mayoritaria. Dicho de otra forma, si la consolidación del proyecto progresista pasa por un trabajo en alianza con el liberacionismo, una fuerza política con un pasado claramente progresista, que sigue identificándose (congresualmente) como socialdemócrata y pertenece a la Internacional Socialista. Y conste que hacer eso no significa que nadie debe forzosamente de cambiar de tienda política: desde cada opción, el asunto es cómo contribuir a acumular fuerzas para el proyecto progresista.

Acepto que queda un número apreciable de cabos sueltos, pero considero que, para empezar la discusión, esta primera entrada sería suficiente. Entre otras razones, porque tampoco hay que agotar el espacio disponible para hacerlo.

LA OPINIÓN DEL AUTOR PUEDE NO COINCIDIR OBLIGATORIAMENTE CON LA DE ARGENPRESS.Info

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