lunes, 1 de febrero de 2010

La cruel historia de los niños huérfanos de Haití

Raymundo Gómez Navia (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
Cierta reacción internacional a la tragedia de Haití ha devenido en un problema no solo humano, sino ético y político.

Personas sin escrúpulos descubrieron en la actual situación de ese país, una oportunidad para imitar lo ocurrido en otras regiones del mundo sin un terremoto: el tráfico humano. En la frontera con Dominicana acaban de detener a varios norteamericanos en esa inhumana acción.

La captura ilegal, transacción monetaria, donación por los progenitores y otras causales de miles infantes en países asiáticos, africanos, árabes y hasta latinoamericanos, se manifiesta ahora en Haití bajo el manto de adopción de los niños huérfanos del sismo.

Pero la infancia, adolescencia y juventud haitianas han vivido huérfanas desde que prácticamente los padres de la Patria tuvieron la audacia de derrocar al mejor ejército francés de Napoleón Bonaparte, declarar la abolición de la esclavitud y su independencia.

Han vivido huérfanas desde que las naciones coloniales aplicaron a la naciente República de Haití un férreo bloqueo militar, diplomático y financiero, para ahogar todo intento de ese país de salir a flote.

Muchos niños haitianos son huérfanos, también, por la carencia de oportunidades de desarrollo económico, social y humano, sin puestos de trabajo para sus padres en una industria casi inexistente, o en una agricultura deteriorada, ante tierras deforestadas y semidesérticas.

Orfandad latente y que por siglos revistió, incluso, una nueva forma de esclavitud.

Familias campesinas, ante el hambre y la miseria padecidas en un medio rural deforestado, se vieron obligadas a aplicar la entrega de sus vástagos a personas pudientes en las ciudades para que, aún niños y adolescentes, trabajaran como empleados domésticos y en otras funciones, mientras eran alimentados y alojados en las residencias de sus nuevos tutores, y no recibían pago monetario alguno.

Miles de los actuales haitianos vivieron y viven estas experiencias de semiesclavitud.

Huérfanos los niños, los adolescentes, los jóvenes y hasta los adultos haitianos, porque contra su país, a lo largo de su existencia como nación, las principales potencias internacionales se han encargado de que no salgan del ostracismo en el cual están inmersos.

Ora los han invadido militarmente con el pretexto de que son violentos, ora los han mantenido en un saco sin fondo con una deuda impagable por los siglos de los siglos.

También les ofrecieron dádivas financieras para obligarlos a hacer lo que se les ordena, los amenazan con quitárselas si no obedecen y estimulan en el seno de su sociedad el latrocinio, el robo y la corrupción, mientras ahogan los intentos de funcionarios públicos que se atreven a actuar limpiamente.

Las metrópolis de ayer y de hoy tampoco estimulan la creación de miles y miles de puestos de trabajo, ni en la ciudad ni en el campo, para que la insuficiente y desordenada formación de sus fuerzas calificadas se mantenga en el país y no emigre hacia las naciones industrializadas.

Los niños huérfanos de Haití requieren que a su país se le ayude con un programa integral de desarrollo económico y social, incluida la creación de instituciones para acogerlos, educarlos y formarlos como futuros ciudadanos, y no tengan que contemplar en la lejanía cómo sus coterráneos continúan siendo como hasta ahora.

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