lunes, 1 de febrero de 2010

La justicia divina contra Blair

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Se te revuelven las tripas viéndolos campar por sus respetos a lo largo y ancho del mundo. Se te hace un nudo en el alma denunciar una y otra vez lo ya denunciado millones de veces por otros desde que se produjo la ignominia en 2003; se te alteran las neuronas al escribir no para lucimiento personal sino por desahogo, una vez más, acerca de las andanzas por las sociedades llamadas a sí mismas democráticas de esos criminales de guerra amparados en la impunidad institucional, en imitaciones de argumentos y en burdas mentiras para seguir legitimando sus crímenes de guerra y conculcando los derechos de la humanidad.

Como si la colectividad humana no hubiera visto desde el principio la luminosa verdad; una colectividad, por cierto, que al mismo tiempo nada puede hacer, porque sus iguales y la justicia mundial son conniventes con ellos aunque sólo sea por omisión. Así es cómo esa gentuza abominable no es procesada, ni es juzgada ni será encerrada en una mazmorra de por vida...

Causa una impotencia atroz saber del abuso, de la barbaridad y del genocidio y al mismo tiempo que quienes los han cometido y cometen en coalición, una de dos, o son pervertidos o son tontos. Este es el caso de Bush, de Blair y de Aznar. Lo que dijeron antes de la invasión de Irak y vienen diciendo tras la ocupación es un gravísimo ataque tras otro a la inteligencia más elemental.

Primero proclamaron que “el tirano” tenía armas de destrucción masiva, pero al comprobar todo el mundo que su error era maliciosamente intencionado se decidieron desde entonces hasta hoy a culpar de todo a Al Qaeda. Ya no había sido Hussein el autor del 11-S, era esa organización fantasma como lo es el tal Bin Laden.

El orden mundial asestado por Estados Unidos con la complicidad de Blair (a Aznar no le incluyo porque ya nadie le hace caso) sigue fundado en esas mentiras monstruosas. Blair, tras abrazar la fe católica donde tan a gusto se encuentran los canallas, viene diciendo por esas salas de conferencias del diablo: "Nosotros no matamos 100.000 iraquíes. Ellos, los insurgentes, los iraníes (apuntando a justificar otro futura guerra con Irán) fueron los verdaderos culpables". ¿Se puede expresar así un politicastro, antes y después de la felonía, sin ser un pervertido o un necio imaginando que lo somos los demás? Está claro que escudado en las democracias de Occidente, un polítiquillo puede decir tranquilamente barbaridades, vaciedades y mentiras para legitimar el genocidio, mientras que al dirigente que estuvo fuera de “el sistema” al que éste llama tirano, le cuesta la vida y la invasión de su país. Blair, además de mentir y de participar en la orgía asiática, gracias a la liberalidad de la democracia ramera puede permitirse dos cosas a un tiempo muy relacionadas entre sí: hacerse católico y hacerse rico. Blair gana 53 millones de euros al año, y, al igual que Pío XII bendijo los cañones de Hitler, Benedicto XVI ha acogido a otro depravado. La ecuación es la siguiente: Blair primero se escuda en la mentira, y luego se embosca para reforzar la coartada en la fe católica de Benedicto.

Pero, ya que Blair se ha enrolado en una de las sectas heterodoxas del cristianismo, lo que a los cristianos sin adjetivos más les indigna, y de ello se resienten, es que puesto que la justicia humana no va a darle un escarmiento en justa proporción a su abominación, tampoco van a poder asistir a la justicia divina que le espera.

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