martes, 2 de febrero de 2010

México: Imposible frenar la protesta. Mujeres en resistencia

Guadalupe Cruz Jaimes (CIMAC)

Hombro con hombro, desde el domingo pasado, Modesta, Gisela, Marina y Rosa iniciaron la caminata desde Nuevo Necaxa, Puebla, rumbo al Distrito Federal, para denunciar las carencias que padecen tras el decreto presidencial de extinción de Luz y Fuerza del Centro (LyFC), y para exigir a Felipe Calderón, que les regrese el empleo a sus esposos e hijos.

Sin importar las heridas de sus pies tras cinco largos días de caminata, afirman que el gobierno federal no tiene manera de frenar la protesta, que ellas desde su pueblo iniciaron organizadas como el grupo Mujeres en Resistencia SME, desde el pasado 11 de octubre, cuando se decretó el cierre de LyFC, que dejó sin empleo a cerca de 4 mil mujeres y 40 mil hombres electricistas.
“Esas llagas son resistencia, coraje, coraje con el que exigimos que les devuelvan el trabajo a nuestros esposos”, mencionó Modesta Hernández, ama de casa y madre de 3 niños, de 8, 10 y 12 años de edad.
Y agregó categórica: “defendemos el empleo de nuestras parejas hasta morir. Si con la muerte le regresan el trabajo a mi esposo, doy la vida para que a mis hijos no les falta nada y tengan un buen porvenir”.
Alrededor de una docena de esposas de trabajadores de LyFC, de Nuevo Necaxa, Puebla, comunidad considerada cuna electricista, caminaron junto a cientos de empleados afiliados al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), desde las 8 de la mañana del domingo pasado.
Esta comunidad es conocida como la cuna electricista, debido a que ahí está la planta hidroeléctrica más antigua en México y América Latina, la cual cumplió 106 años de existencia en diciembre pasado. En estos años, el gremio de electricistas y sus familias llegaron a conformar el 80 por ciento de los 10 mil habitantes de la comunidad.
A fin de estar presentes en la movilización que este viernes se lleva a cabo en la capital, convocada por el SME, “no importa pasar frío, quedarnos en la intemperie, porque el fin que perseguimos es muy digno”, expresó Guadalupe Islas Mejía, de 78 años de edad, viuda de un trabajador electricista y madre de 4 empleados de esta compañía pública.
Movidas por la exigencia de que Calderón Hinojosa les restituya su fuente de trabajo, y de que la Policía Federal salga de su comunidad, “no nos importó dejar a nuestros hijos, venirnos con lo que traíamos en la bolsa” para manifestar nuestro descontento.
“En las marchas me dicen que ya soy grande, que ¿qué hago aquí?, y yo les respondo que antes comía del trabajo de mis hijos, y ahora de la caridad de la gente, esa es la razón de mi lucha”, añadió Islas Mejía, quien junto con su hijo llegó ayer a la Basílica de Guadalupe, primera parada del contingente proveniente de Puebla e Hidalgo.
Las carencias en Nuevo Necaxa se multiplican cada día. Después de tener estabilidad, comida en la mesa, lo suficiente para estudiar y vestir, actualmente la dieta principal de las familias electricistas se reduce a arroz, frijoles y papas. Además, “ahora nuestras hijas e hijos están usando ropa y calzado de medio uso”.
Para Cecilia Platón Hernández, esposa de un joven electricista y madre de un niño de 11 años y de un bebé de un año y tres meses de edad, la necesidad que debe resolver es conseguir la leche de su hijo menor.
“Por eso estamos aquí, no queremos dinero, ni lujos, esos no los conocemos, queremos que nuestros esposos tengan trabajo de nuevo, para que podamos darles de comer a nuestros niños”, manifestó Cecilia.
Para sobrevivir…
Hasta ahora, las amas de casa, esposas de los electricistas, han tenido dificultades para emplearse, aún en el comercio informal, porque, aseguran, en Nuevo Necaxa no hay quien nos compre. Esta es la misma razón por la que no encuentran empleo como trabajadoras del hogar, pues tampoco hay personas con la capacidad económica de emplearlas.
“Sólo yendo a Huauchinango, pero no nos conviene, gastamos mucho en pasaje”, mencionó Gisela Eslava Vargas, de 47 años de edad, también ama de casa y madre de dos universitarios.
El viaje a Huauchinango, localizado a 30 minutos de Necaxa, cuesta 24 pesos, y el salario que reciben las empleadas del hogar es de 50 pesos.
En esta comunidad, que pertenece al municipio de Juan Galindo, las y los 600 electricistas, (16 por ciento son mujeres) eran las únicas personas con empleos formales en la región y junto con 900 jubiladas y jubilados, sustentaban la economía de Nuevo Necaxa.
El 20 por ciento de la población restante, brindaba servicios a las y los electricistas, como son albañilería, carpintería, trabajo doméstico. Otros más, son las personas dedicadas al comercio, ellas también se vieron afectadas.
Ante este escenario, en noviembre pasado, el gobierno de Puebla, encabezado el priista Mario Marín, les ofreció un crédito a las mujeres del pueblo para que pusieran un negocio, la única condición era que sus esposos estuvieran liquidados.
“Decían que del dinero que quisiéramos, eso sí con intereses, pero pedían que nuestros maridos aceptaran la liquidación. Nosotras no lo dudamos, porque nuestra exigencia es clara, no queremos un micronegocio, queremos de vuelta el trabajo digno”, aseveró Modesta Hernández, en compañía de sus compañeras de lucha.
Para sobrevivir, ellas consumen las despensas que desde el Distrito Federal, les hace llegar el Comité Central, del SME. También se “ayudan” con los 250 pesos que donan las y los jubilados de Nuevo Necaxa, quincenalmente.
Algunas de ellas tienen padres jubilados, que por el momento “les echan la mano con la comida y lo más esencial”, mencionó Gisela.
¡La lucha sigue!
A pesar de la “indiferencia” y “malos tratos” por parte de las autoridades del gobierno federal, sobre todo, de Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo y Previsión Social, ellas sostienen que ¡la lucha sigue y la tenemos que ganar!
“Esos son los valores que nosotras les vamos a dejar a nuestros hijos, que no se deben dejar pisotear, que ya basta de tanto engaño de los gobernantes”, refirió Modesta, ama de casa de 38 años de edad.
“Por eso nos venimos en peregrinación para que la gente se dé cuenta de lo bajo que nos ha tratado el gobierno. Vamos a luchar hasta las últimas consecuencias, hemos estado en marchas, en plantones, cerrando carreteras, casetas”, añade.
“No damos un paso atrás porque están siendo violados los derechos de nuestros esposos, y sin ese ingreso, nosotras y nuestras hijas e hijos quedamos desprotegidos”, señala Gisela.
Al respecto, Marina Márquez, esposa de un electricista jubilado asevera que Felipe Calderón, quien se autonombró “presidente del empleo” durante su campaña presidencial, transgrede también sus derechos humanos, “él siempre habla de la mujer, pero está desamparando a miles de mujeres electricistas”.
Las esposas de los electricistas, las llamadas mujeres en resistencia SME, se reúnen desde el día del decreto presidencial, acuden sin falta al llamado de la división Necaxa. Y también, realizan guardias en los centros de trabajo de LyFC, cuando sus esposos salen a buscar “unos centavos”.

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