miércoles, 10 de febrero de 2010

Panfletos y octavillas

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

No sé hasta qué punto los medios influyen hoy día en las conciencias y en los cambios. Pero si los cambios en la sociedad y en la política y en la economía y en la justicia social y ordinaria dependen de ellos, estamos aviados...

Todo lo que constituye lo que llamamos pensamiento político y social tanto a nivel nacional como internacional, está preñado de ideas salidas de las instituciones, de los think tanks al frente de los cuales está el todopoderoso yanqui, y de los medios. Pero los medios y quienes escriben en ellos, aun los más avanzados en progresía y rojerío, pertenecen también al Sistema y se expresan de acuerdo a las coordenadas del Sistema.

Hay una señal muy expresiva de lo que acabo de decir: me refiero al empleo sistémico y casi metodológico de la primera persona del plural para, se supone, espolear los cambios. “si queremos… hemos, debemos…”. Esta manera de expresarse podrá ser muy educada y sugestiva, pero no tiene fuerza. Ni una personalidad vigorosa e intelectualmente influyente conseguiría resultado alguno. Queda muy bien la buena voluntad estampillada en la columna o el artículo, pero ni siquiera los artículos de editorial de la prensa que va en la proa hacen mella en cambios de postín. Y si se produce alguno será, como reza el dicho conocido, para que todo siga igual.

Las cosas de los países del entorno capitalista van de mal en peor. Y cualquier sugerencia, propuesta o genial idea dirigida en hipótesis para mejorar, será a lo sumo un retoque que no hará más que apuntalar el Sistema y reforzar el capitalismo. Todo el empeño de los periodistas y los medios es dar ideas para corregir lo que sólo se presta a suprimir o a abrogar.

Me preguntaba el otro día un amigo catedrático de sociología si veía yo posible un líder carismático salido de Internet con paciencia y tacto capaz de limpiar a este país de corrupción. Le dije que no creo, no ya que no existan líderes en potencia, sino posibilidades de que cualquiera que intentase la aventura durase más allá de una semana. Sus propios correligionarios acabarían con él antes de que lo hicieran el ejército, las policías y las parapolicías. Y en cuanto despuntase un poco, ya estarían todos los medios abalanzándose sobre él tildándole de populista. Empezamos por que a mi izquierdoso amigo eso es lo que le parece el Chávez venezolano al que considera tosco. Ello, sin aclararse sobre el término populista y sin advertir que la finura, la elegancia y la diplomacia al uso ante esos ejércitos de navajeros que dominan los países y el mundo, no sirven más que para envalentonar al enemigo. Así es que –le dije- lo único que cabe hoy es dar un vuelco a la historia por el clásico panfleto y la clásica octavilla… Ni los escritos encendidos de los incendiarios que mal o bien escribimos en la Red, ni la mejor soflama en Internet los supera en eficacia.

Sólo por esa vía será posible abatir a la monarquía y barrer la Constitución para empezar todo de nuevo. Un inmenso muladar como España no se presta al aseo y la limpieza. Lo único que pueden hacer los limpios de corazón es sepultarlo para levantar sobre el solar una sociedad nueva vertebrada en el socialismo de verdad.

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