
CORREPI
Desde el viernes 5 de febrero, los pitucos uniformes (aparentemente comprados a Kanoore Edul, implicado en la masacre de la AMIA) serán vistos en algunos barrios de la ciudad, y se irán extendiendo hasta llegar, a mitad de año, a 2.000 efectivos en la calle.
Medio centenar de modernos (y caros) patrulleros, marca Chevrolet Meriva, 15 motos Honda Deauville 700, pistolas Beretta 9 mm y efectivas tonfas constituyen el “ajuar” de los nuevos policías. Para la unidad “antidisturbios”, además de lo clásico (bastones, escudos, cascos, pecheras), la ya famosa pistola-picana Taser, que inmoviliza al “sospechoso” con una descarga de 50.000 voltios.
Las calles de la ciudad serán, desde ahora, predio compartido por cuatro fuerzas: la federal, con sus 53 comisarías y delegaciones ferroviarias, su sistema de patrullaje y consignas permanentes; la metropolitana, que irá avanzando hasta cubrir todos los barrios, con sus propios “precintos” y cuadrícula; la prefectura, con control del corredor portuario (que cubre tanto la villa 31 como Puerto Madero) y otros objetivos puntuales, y gendarmería, con sus retenes y zonas asignadas. No tardarán en hacerse visibles los choques y conflictos por el control territorial, el manejo de los distintos negocios criminales de unos y otros y otras situaciones que siempre “resuelven” a tiro limpio y armando “operaciones”.
“Todo el personal que sale a la calle cuenta con experiencia previa, ya que fueron policías de la Federal, Gendarmes, Prefectos o miembros de las policías del interior del país”, dice el informe que acompaña el debut. Y, por si no se entendiera, aclara: “Esto es fundamental, porque la Policía Metropolitana no podía arrancar con personal que no estuviera formado desde la experiencia”.
También el pueblo trabajador cuenta con experiencia previa con esas fuerzas, responsables, desde diciembre de 1983, de casi 3.000 fusilamientos y muertes en la tortura en todo el país.
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