miércoles, 10 de febrero de 2010

Resquicios calientes Moscú-Washington

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Luego de la promesa de Washington de dejar en ciernes la instalación de su llevada y traída sombrilla antimisiles en Europa del Este, lo cierto es que no ha habido tranquilidad en torno a este escabroso asunto, el cual recalienta una y otra vez los vínculos con Moscú.

Precisamente, la mencionada decisión de la Casa Blanca se asocia con el malestar producido en el Kremlin por la noticia de que elementos del escudo anticoheteril Made in USA radicarían en Polonia y la República Checa, justo sobre las fronteras rusas.

Ahora, sin embargo, aparece en la palestra el gobierno de Rumania como posible receptor de este engendro, cuya finalidad apunta a otorgar a los Estados Unidos la ventaja de propinar un golpe nuclear sin respuesta del oponente.

En ese sentido, el presidente rumano, Traian Basesku, declaró que su país permitirá a Washington emplazar en el territorio nacional cohetes interceptores integrantes del sistema de defensa antimisiles estadounidense.

De inmediato el canciller ruso, Serguei Lavrov, afirmó que su país está seriamente preocupado por este giro en el despliegue militar norteamericano, y recalcó: el Kremlin espera de EE.UU. una explicación exhaustiva sobre el particular.

El preocupante hecho ocurre en medio de la ya atrasada confección de un nuevo tratado bilateral para la reducción mutua de los arsenales nucleares.

La información procedente de Bucarest estuvo antecedida por otra noticia del rotativo The New York Times, en el sentido de que Washington “despliega navíos especializados frente a las costas iraníes, así como interceptores de misiles en Qatar, Emiratos Arabes Unidos, Bahréin y Kuwait, bajo el pretexto de “evitar una agresión de Teherán”.

Desde luego, tal panorama no puede infundir confianza ni comprensión en las relaciones con Rusia, que evidentemente se considera uno de los blancos claves del escudo antimisiles Made in USA.

Y en ese sentido, Moscú acaba de anunciar el reordenamiento de su doctrina bélica, al convertir los arsenales nucleares en un elemento activo de primera línea en la defensa nacional, dejando atrás la concepción disuasiva que por decenios caracterizó la política local en relación con ese tipo de armamentos.

En consecuencia, el gobierno ruso tendrá las manos libres para usar el arsenal atómico en caso de conflictos que puedan involucrar a Rusia o a sus aliados, en aras de repeler masivamente agresiones foráneas con ese tipo de armas, o para enfrentar acciones enemigas convencionales de alto poder destructivo.

Rusia, dijeron altos mandos militares en Moscú, “no se quedará de brazos cruzados a esperar como la atacan.” A buen entendedor…

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