lunes, 1 de marzo de 2010

Argentina, Tucumán: Megacausa ex jefatura de policía. Dos semanas del histórico juicio

PRIMERA FUENTE

El sobreviviente Juan Martín, el ex soldado conscripto Domingo Jerez y la experta en legislación militar, Mirtha Mantaras, fueron los principales testigos que desfilaron en las primeras semanas del histórico debate. Bussi y Menéndez volvieron a sostener que hubo una guerra y justificaron su accionar militar.

Primer día: El 16 de febrero pasado arrancó el segundo juicio histórico por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. Ese día se leyeron las acusaciones contra los represores Antonio Domingo Bussi, Luciano Benjamín Menéndez, Alberto Cattáneo, Mario Alberto Zimmermann, Roberto “El Tuerto” Albornoz y los hermanos Carlos y Luis De Cándido.
Durante la lectura se mencionaron los casos de las 22 víctimas que incluye la megacausa. Se trata del periodista José Ramos y su esposa Alicia Cerrota de Ramos, Marta Coronel, Rolando Coronel, Marta López, Cerafina López, Francisco López, Juan Carlos López, Carlos Ramón Apaza, Edgardo Bordón, Graciela Bustamante de Argañaraz, Ricardo Correa, Adriana Mitrovich, Horacio Ferreira, Hugo Díaz, Daniel Fontanarrosa Larraza, Joaquín Ariño, Diana Oestherheld, Raúl Araldi, Enrique Abdón, Angel Garmendia y Raúl Lechessi.

Declaración de Bussi: “En Tucumán hubo una guerra declarada por un gobierno constitucional y ratificada por otro gobierno constitucional”, dijo en una de sus afirmaciones más encendidas dirigida al fiscal general Alfredo Miguel Terraf, quien sostiene, como dejó sentado en el primer juicio, que no existió ninguna guerra. Luego de admitir que las víctimas eran detenidas en la ex Jefatura de Policía, entre otros edificios destinados para ello negó que hayan funcionado como “campos de concentración”.Allí, según el militar retirado, los detenidos permanecían entre tres y cinco días y luego se determinaba si pasaban a la cárcel de Villa Urquiza o se declaraba la falta de mérito.

El mismo libreto de Menéndez: “Como comandante, soy el único responsable de la actuación de mis tropas. Por eso, a mis dignos subordinados de entonces no se les puede imputar nada, y menos, privarlos de su libertad como ilegalmente se ha hecho con muchos de ellos”, señaló y fuera de libreto, agregó: “algunos de los cuales están aquí, presos”. “Me niego a declarar porque estos juicios son inconstitucionales. La ley vigente cuando la subversión marxista inició el asalto armado a nuestra Patria, era la Nº 14.029-Código de Justicia Militar. Tan vigente estaba, que han tenido que derogarla ahora, por ley del Congreso, para que, en el futuro, cesen sus efectos. Esa ley designaba como mi juez natural al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Por lo tanto, el tribunal que me juzga es incompetente”, dijo Menéndez a través de una teleconferencia que se realizó desde una sala del primer piso del Tribunal Oral Federal, para argumentar su negativa a declarar.

El testimonio de una experta: la especialista en legislación militar Mirtha Mantaras detalló cómo se gestó el Operativo Independencia y de qué manera el Ejército, fuera de sus propios reglamentos, armó un plan secreto para cumplir con un objetivo, que no era -según la especialista- eliminar la guerrilla, sino adueñarse del poder. “El plan del Ejército fue una radiografía del golpe de Estado del ’76, con el día D y la hora H”, lanzó entre sus afirmaciones más categóricas, ante la mirada atónita del ex gobernador de facto Antonio Domingo Bussi y sus ex subordinados, sentados en el banquillo de los acusados. Desde su lugar de testigo, Mantaras dejó en claro que el eje militar era la labor de inteligencia, cargado de un accionar psicológico que tenía como blanco la población. “Para ello se adoptó la doctrina francesa, que tenía la tortura como método y la división del país en diversas zonas de operaciones. Este fue un accionar cívico-militar como si fuera una bicicleta conducida en forma conjunta”, explicó en las casi dos horas que expuso ante el Tribunal Oral Federal, el tercer día del juicio.
“Vi a Bussi matar a garrotazos”. Domingo Jerez aseguró que vio a Antonio Domingo Bussi en calidad de asesino. “Bussi siempre andaba por los centros clandestinos y una vez lo vi matar a dos hombres a garrotazos en Timbó Viejo”, aseguró. Como ex soldado conscripto del Ejército, tuvo una misión macabra: mezclar la nafta y el gasoil en un bidón para quemar los cuerpos de las víctimas de la última dictadura en el monte tucumano. “A mí me hacían sacar la nafta y el gasoil en bidones para la quema de los ‘fiambres’, así le llamaban a los cuerpos. Si no lo hacíamos, nos mataban y pasábamos por guerrilleros”, reveló el testigo frente a los jueces del Tribunal Oral Federal en el marco de la cuarta jornada del juicio oral y público El testigo, propuesto por la abogada querellante Laura Figueroa y ANDHES, precisó que ingresó al Servicio Militar Obligatorio en 1976 en el Regimiento 19 de Infantería y allí permaneció durante 16 meses.

Chuchuy Linares: El testigo Miguel Angel Chuchuy Linares, ex agente del Departamento de Informaciones Policiales durante la última dictadura, confirmó que funcionó un área secreta en el predio de la ex Jefatura de Policía durante los años ‘76 y ‘77, aunque aseguró no saber qué es lo pasaba allí. “Había un área, en el ala sur de la Jefatura, ubicada en Santa Fe y Junín, al que no tenía acceso la Policía y estaba ocupada por los militares. Había un cartel que decía prohibido pasar y no se podía ver nada”, dijo en la quinta jornada del debate.

Testigo clave: “Cuando Bussi visitaba los campos de concentración era como el ogro. No tenía demasiado contacto con los prisioneros, pero cuando lo tenía era para golpearlos y torturarlos”, contó el testigo y sobreviviente Juan Martín, en medio de su declaración que se extendió por casi seis horas frente a los jueces del Tribunal Oral Federal, en el marco de la sexta jornada del juicio. Luego, recordó que en un solo caso pudo ver al represor Antonio Domingo Bussi torturar a un prisionero. “A Bussi lo vi, por debajo de las vendas que tenía sobre mis ojos, puntualmente meterse en una oficina donde tenían a un joven (llamado Bombo Avalos, aparentemente del Partido Revolucionario de los Trabajadores) que trajeron de Buenos Aires al campo de concentración de Nueva Baviera. Allí lo torturaron y Bussi ordenó que le pusieran una chapa metálica encima para que sienta más la tortura con picana. Yo lo escuché gritar mientras lo torturaban”, relató. El testigo, quien permaneció detenido entre el 12 de agosto de 1976 y septiembre de 1978 (cuando fue liberado y autorizado a irse a España), pasó por varios centros clandestinos de detención y confirmó que vio a varias víctimas que fueron torturadas y asesinadas en esos lugares.


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