lunes, 15 de marzo de 2010

Bachelet se fue... ¿el modelo queda?

Eduardo Palma Moreno (especial para ARGENPRESS.info)

En medio de réplicas telúricas y lágrimas emotivas de una multitud que la ovacionó permanentemente, Michelle Bachelet se dirigió al Congreso Nacional para concretar su último acto cívico: ceder el sillón de O´Higgins al multimillonario empresario Sebastián Piñera, elegido Presidente de la República y representante de una coalición de partidos neoconservadores. Concluían así dos décadas de gobierno de la denominada Concertación de Partidos por la Democracia.

Fueron muchas las razones que se exhibieron en su momento-aún continúan esgrimiéndose otras- que intentan explicar la derrota en las elecciones presidenciales de esta agrupación de centroizquierda. Algunos hablan de errores cometidos durante la campaña. Otros, en el desatino de elegir un candidato que no reunía las condiciones para ser electo…había otros mejores. En todo caso, el resultado de las urnas dejó en claro una insatisfacción importante en la ciudadanía chilena, especialmente en los sectores medios. Es verdad que Bachelet bajó los índices de pobreza y de exclusión de gran parte de la población. La restauración democrática adicionó la creación y legitimación del sistema de protección social, el avance económico sostenido, la inserción internacional y el desarrollo cultural. Eso explica la gran popularidad y el alto índice de aprobación de su gobierno.

Pero Chile sigue aún con las denominadas “CPT” (“Cuentas Pendientes Tradicionales”) : desigualdades y exclusiones inquietantes, problemas graves en lo que respecta al sistema de salud y a la reforma educativa, al sistema tributario y a la institucionalidad política. En este sentido sigue vigente el sistema de elecciones llamado binominal, que consiste en una figura de ingeniería electoral que está orientado a la elección de escaños de representatividad determinado por la superioridad de dos coaliciones. Esta modalidad-herencia de la constitución de la dictadura militar-apunta a excluir a los comunistas y socialistas allendistas de la participación electoral.

El desastre natural, el terremoto y el tsunami del 27 de febrero, demostraron no sólo que Chile es un país sísmico, sino que el modelo neoliberal iniciado en la época pinochetista y continuado-“sui generis”- por la coalición de centro-izquierda, ha sido un fracaso en lo que se refiere a la protección de los más débiles, no sólo en la solución definitiva de sus problemas económicos, sino, también, frente a los desastres de la naturaleza. Lo cierto es que no puede ser de otra manera. No olvidemos que la primera experiencia neoliberal-del Consenso de Washington- se llevó a cabo en Chile bajo la dictadura de Pinochet. Perry Anderson, en “Neoliberalismo: un balance provisorio”, escribe: “Aquel régimen tiene el mérito de haber sido el verdadero pionero del ciclo neoliberal de la historia contemporánea. El Chile de Pinochet comenzó sus programas de forma drástica y decidida: desregulación, desempleo masivo, represión sindical, redistribución de la renta a favor de los ricos, privatización de los bienes públicos”. Si bien es cierto la inspiración teórica de esta experiencia se bailaba bajo los ritmos de Friedman y sus Chicagos boys, el austríaco Hayek también puso lo suyo.

Si observamos reflexiva y críticamente la penetración “solidaria” de aquel país del norte que inventa pretextos para invadir algunas naciones del planeta y que, en estos momentos, al mejor estilo de la Pantera Rosa, va construyendo bastiones en algunos países de América Latina (Colombia, Paraguay, entre otros) es necesario pensar, también, cuál va a ser el rol de los gobiernos de derecha que comulgan alegremente con ese país.

Michelle Bachelet se fue. El modelo continúa…¿hasta dónde?

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