lunes, 22 de marzo de 2010

Brasil: La nueva iniciativa diplomática

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La idea del gobierno brasileño de proponerse como posible mediador en la crisis de Medio Oriente no cosechó grandes éxitos, luego de la gira de cinco días que hizo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva por la región.

En realidad, los objetivos de la visita parecían excesivamente ambiciosos para quienes son novatos en el manejo de los complejos problemas de la región.

Según el profesor Marco Aurelio García, asesor para asuntos internacionales de la presidencia brasileña, los ejes de la posición del presidente Lula durante la visita a Israel, a los territorios palestinos y a Jordania, eran principalmente dos.

El primero era tratar de convencer a las autoridades de Israel que Irán es un actor importante en la región, capaz de desempeñar un papel positivo en las negociaciones de paz, cuando éstas se reanuden.

El segundo, estimular en Palestina el fin de las divisiones entre el radical movimiento de base religiosa Hamas y el laico Al Fatah, que controlan respectivamente la Franja de Gaza y Cisjordania, todavía bajo ocupación israelí.

"No será fácil promover esa unión, pero si el lado palestino no tiene una posición homogénea y de gran cohesión, cualquier entendimiento (con Israel) estará destinado al fracaso", dijo García.

La visita de 36 horas a Israel empezó con el pie izquierdo. Un malentendido diplomático hizo que el presidente Lula se negara a visitar la tumba de Theodor Herzl, fundador del sionismo, acto que el gobierno israelí quería reintroducir en el ceremonial de recepción a jefes de Estado.

La delegación brasileña alegó que la inclusión de ese evento en el programa había sido hecha a última hora, cuando la agenda del presidente ya estaba llena, aunque diplomáticos israelíes sostuviesen que había sido propuesta con bastante anterioridad.

"Creo que él (Lula) decidió no ir porque no sabe la importancia que tiene Herzl para nosotros", consideró la jefa del Departamento para América Latina de la cancillería israelí, Dorit Shavit.

El episodio sirvió como pretexto para que el ministro de Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, no participara en las ceremonias de recepción con motivo de la visita del presidente brasileño.

Por si eso fuese poco, Lula fue públicamente presionado a apoyar las sanciones internacionales contra Irán, por su supuesta tentativa de fabricar armas nucleares.

"Ustedes (los brasileños) aman la libertad y ellos (iraníes) tienen otros valores y usan la crueldad. Ustedes adoran la vida y ellos adoran la muerte y el terror", dijo el primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, en su discurso ante el parlamento.

Tono parecido usaron el presidente del Knesset (parlamento), Reuven Rivlin, y la líder de la oposición, Tzipi Livni.

Rivlin llegó a decir que mantener relaciones con Teherán es "legitimar las pretensiones asesinas" de Mahmud Ahmadinejad, el presidente de Irán.

En su respuesta, el elogio de la zona desnuclearizada de América Latina y el Caribe, hecho por Lula, y su afirmación de que lleva consigo "un virus de paz" desde el útero de su madre, sonaron un tanto débiles e ingenuas.

En Cisjordania el presidente brasileño fue más afirmativo, al defender la urgente creación de un estado palestino y proponer la firma de un acuerdo entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el MERCOSUR (Mercado Común del Sur), a semejanza de uno similar firmado con Israel.

De la misma forma fue claro al criticar la existencia del muro construido por Israel en torno a Cisjordania y la ampliación de las colonias israelíes en los territorios palestinos.

Pero aparentemente sus ideas sobre la necesidad de unión entre el movimiento islámico Hamas y el laico Al Fatahj no fueron tan bien recibidas por parte de sus anfitriones.

Su ofrecimiento de encontrarse con el líder del movimiento Hamas para discutir la participación de ese grupo en las negociaciones de paz obtuvo una seca respuesta del presidente de la ANP, Mahmoud Abbas.

"No me incomodaría si Brasil conversase con ellos", dijo Abbas, quien también dejó claro que la negativa de Hamas a ratificar el acuerdo de unidad nacional, concluido hace meses se debe a la presión de Irán.

El momento de la visita no podía haber sido menos oportuno cuando militantes palestinos se enfrentan todos los días a la policía israelí y las relaciones entre Israel y Estados Unidos están en uno de sus peores momentos.

Sin embargo, el inveterado optimismo (o simplismo) del presidente Lula da Silva puede verse aún como un elemento positivo para la marcha de las negociaciones.

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