lunes, 1 de marzo de 2010

El caso de Orlando Zapata Tamayo: Hambre de verdad, en huelga

Erasmo Magoulas (especial para ARGENPRESS.info)

El título puede dar lugar a infinidad de interpretaciones, que sea el lector el encargado de la ardua tarea. Yo me limitaré a defender a la Revolución cubana, su gobierno, su pueblo organizado y su vanguardia, que es decir lo mismo de diferentes maneras.

En 1959 Cuba, su pueblo, con aproximadamente una población de siete millones de seres humanos, decidió no morirse de hambre, y lo logró.

La conquista de su libertad, su independencia económica, su soberanía política y la entronización de la justicia social fueron las armas estratégicas para el logro de esa epopeya.

Hoy Cuba, con once millones de cubanos, mantiene inclaudicable esa decisión, respaldada por once millones de voluntades.

Eso, entre muchas otras hazañas, que se pueden resumir en una sola: “La de existir”, es lo que no se le perdona a Cuba.

La huelga de hambre de una persona con la pretenciosa intencionalidad –inducida- de retrotraer a Cuba a la situación de “libertad” de la República neocolonial, es cuanto menos un síndrome de afectación paranoico-esquizofrénica.

Los acreedores, los que esperan espurios dividendos de esa afectación mental, los lacayos del Consenso de Washington, ya tienen su noticia, una noticia cuya verdad está en huelga.

La verdad que les cuesta ocultar es, a pesar de ser los dueños de todo el andamiaje mediático-cultural, la voluntad de todo un pueblo en pro de la vida y el mejoramiento humano.

Lo inconmesurablemente grandioso de Cuba es que no olvida a sus hijos, a ninguno. Orlando Zapata fue asistido hasta el último instante, para salvarlo.

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