lunes, 1 de marzo de 2010

Haití: tragedias tras el sismo

Raymundo Gómez Navia (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

“El fatal 12 de enero, como todos los días, vendía mis mercancías en una de las aceras de Puerto Príncipe, cuando una de las paredes del edificio de tres pisos que estaba a mi espalda me cayó encima, aprisionándome por una de las piernas”.

Marie Sony Gabrielle, haitiana y madre de seis hijos (cuatro hembras y dos varones), es una de las 720 personas a quienes se aplicó amputación de miembros inferiores por la Brigada Médica cubana en Haití y ahora convalece en el Hospital de la Paz (Delmas 33), en esta ciudad.

Ella se dedicaba al comercio informal antes del 12 de enero del 2010.

“Yo había pedido un préstamo de 10 mil dólares haitianos (unos mil 250 dólares norteamericanos) con el que venía realizando mis operaciones, a la vez que pagaba la escuela de mis hijos”.

Como Marie Sony, miles y miles de mujeres comerciantes de Puerto Príncipe y las zonas dañadas por el terremoto, han sido altamente perjudicadas en su quehacer.

“Me sacaron del lugar el mismo día y me trasladaron hacia un centro de servicios médicos que no tenía ningún personal, pues habían abandonado el lugar ante el temor de derrumbes”, cuenta.

Su marido, que en aquellos momentos se encontraba en la vivienda de ambos, lejos del sitio, no tuvo mejor suerte cuando la casa se derrumbó, lo sepultó y perdió la vida.

“Permanecí cinco días sin higienizar ni curar las heridas, ante las puertas del canal televisivo Telemax, en Delmas 19. Al cabo de ese tiempo fui traída a Delmas 33” ..

Según Marie, su pierna estaba infestada hasta por encima del tobillo. La desinfectaron y le explicaron la situación y las opciones de tratamiento: si se amputaba la porción lesionada mantendría una vida normal; si decidía no hacerlo y tratar de atenderse en otro lugar más adelante, peligraría no sólo su miembro inferior sino toda su existencia.

“Decidí lo más adecuado: la separación de mi pierna”.

La exitosa operación ha sido seguida por un tratamiento constante e integral a su estado por los ortopédicos y especialistas cubanos que atienden este centro hospitalario.

Aradneber Ruiz Lastre, fisiatra, explica que la paciente tiene una amputación hifracondilia, con un muñón aún no preparado para la prótesis, pues tiene una ulceración de más o menos seis centímetros, por una mala cicatrización.

“En estos momentos –dijo Ruiz- le estamos haciendo un tratamiento de laser-terapia y, al mismo tiempo, preparando el fortalecimiento de toda la musculatura para una prótesis próximamente”.

Mientras tanto, Marie Sony ha recibido unas muletas, aunque todavía no se siente lista para andar con ellas. Se mantiene vinculada a ejercicios de fisioterapia para, poco a poco, alcanzar las habilidades necesarias.

“He bajado de peso”, afirma y dice que es ocasionado por el stress de su actual estado y las preocupaciones por su futuro.

En el terremoto perdió a su marido, más sus mercancías y el negocio completo y ha quedado desamparada, sin documentación alguna, ni recursos financieros con que enfrentar el seguimiento de su vida y la de sus hijos.

Ahora tiene que desempeñar los dos roles, el de madre y el padre.

Por eso la preocupación que ocupa la mente de Marie es por el estado de sus hijos Julie, Paulwena, Dalphnee, Ketsia, Wadly y Wilky, quienes se encuentran en otra provincia, en el lugar llamado Fermate, pero no sabe dónde exactamente y qué protección tienen ellos.

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