lunes, 15 de marzo de 2010

Igualdad: La regla de oro

Martín Guédez (especial para ARGENPRESS.info)

“Los Ciudadanos de Venezuela gozan todos por la Constitución,
interprete de la Naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando
esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en
América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia
que existe. Mi opinión es, Legisladores, que el principio fundamental de
nuestro sistema, depende inmediata y exclusivamente de la igualdad
establecida y practicada en Venezuela.
Simón Bolívar – Discurso de Angostura-

Ser revolucionario y socialista supone una irrefragable pasión por la igualdad, no puede ser de otra forma. Las desigualdades –en cualquier ámbito de la vida- conducen de modo inexorable al establecimiento de privilegios, injusticias, odios y resentimientos entre los hombres. Todos y todas debemos ser iguales en condiciones y oportunidades sin más limitaciones que aquellas que derivan de las propias vocaciones o aptitudes.

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tiene el mandato irrevocable de practicar los principios de igualdad proclamados sin concesiones de ninguna naturaleza. El primer fundamento socialista supone la aceptación –de buen talante y sin que nadie nos lo imponga- de la igual dignidad fundamental de todos los hombres y mujeres. Todos y todas somos iguales porque poseemos la misma naturaleza y procedemos del mismo origen, así, estamos destinados a disfrutar de la misma vocación y de idéntico destino.

Es verdad que existen desigualdades y diversidades naturales en cuanto a capacidad física y a cualidades intelectuales y éticas. Pero la igualdad fundamental de la persona humana exige que se llegue a la situación más justa posible. En demostración de indudable valor democrático y revolucionario, el PSUV abre el proceso de escogencia de sus abanderados por los distintos circuitos electorales para ser presentados en el proceso electoral que determinará quienes serán los diputados y diputadas que deberán defender las conquistas alcanzadas y profundizar en el camino de transición al socialismo.

Todos los miembros del partido podrán participar en esa escogencia de modo universal, directo y secreto. Hasta ahí la lección de vocación democrática es absolutamente incuestionable. Cada candidato o candidata podrá poner su nombre en el tapete sin más limitaciones que las establecidas en el reglamento. Ahora bien, ¿Disfrutarán de las mismas condiciones equitativas todos y todas? Las capacidades y los talentos pueden, sin duda, ser distintos; pero toda discriminación –o su contrario: todo privilegio- en los derechos fundamentales a la participación debe ser radicalmente condenada y abolida.

Debe encontrarse la forma –más allá de la decisión ética propia de un revolucionario cuyo talante lo debería llevar a rechazar por propia iniciativa cualquier forma de ventajismo- de impedir que los viejos vicios burgueses tan sólidamente enraizados en muchos y muchas vuelvan a hacerse presente y dar al traste con lo que debe ser un hermoso capítulo revolucionario. Hay que impedir que burócratas, gobernadores, alcaldes y en general gente con poder terminen imponiendo sus candidatos y candidatas a fuerza de poder económico. Ningún revolucionario debe aceptar prácticas ventajistas.

En lo personal –y sin quererme poner como ejemplo de nada, porque no lo soy- venía haciendo los programas “De Primera Mano” y “Temas sobre el tapete” por la Radio Nacional de Venezuela con la diputada Chiche Manaure. Tan pronto se abrió este proceso entendimos que no era ni igualitario ni justo que ella pudiese contar con una tribuna de tal magnitud para su proyección si esa misma oportunidad no la tenían otros candidatos y candidatas. Así lo hicimos y no volvió al programa aún cuando no me garantizó que se autopostularía. ¿Harán igual otros candidatos y candidatas? Esto no fue así en la oportunidad en la cual se eligieron candidatos y candidatas a gobernaciones y alcaldías. Tampoco ocurrió así al momento de elegir delegados y delegadas al Congreso Extraordinario del Partido. La inmensa mayoría de los “líderes” dieron la “batalla” haciendo uso de todos sus privilegios, fueran estos privilegios espacios mediáticos importantes, por medios del Estado (es decir de todos y todas) o poder fáctico. Nadie renunció, por iniciativa propia al uso y abuso de sus privilegios, al contrario, estos privilegios fueron utilizados hasta límites asquerosos e insufribles para aplastar e invisibilizar liderazgos de base. El resultado está a la vista: un buen número de gobernadores y alcaldes a punto de salto de talanquera. Un buen número de camaleones con poder obstaculizando e impidiendo el desarrollo pleno del poder popular. Una buena suma de saboteadores de un proceso revolucionario de transición al socialismo en el que no creen ni han creído nunca.

El socialismo exige, de por sí, un ideal de igualdad humana, no sólo de oportunidades y condiciones, sino también en el sentido de que nadie pueda vivir o alcanzar metas a expensas de los demás. Para que todos los hombres puedan vivir armónicamente entre sí, es necesaria la igualdad de todos ante la ley y la igualdad de derechos para todos, tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las posibilidades que ofrece el desarrollo integral de la persona. La única razón que pudiera justificar de alguna manera una intervención para favorecer a una determinada persona debería estar sólidamente justificada en un movimiento estratégico en el cual el fin último de la Revolución esté en juego. Salvo esto, que en el fondo expresa una necesaria lealtad a la conducción del proceso revolucionario en manos del Comandante Chávez, todo lo demás debe estar caracterizado por una igualdad establecida y practicada a todo evento. Estoy persuadido de que si no lo hacemos podríamos perdernos y esa opción no existe ni puede existir para ningún revolucionario auténtico.

A la lid electoral debemos ir con hombres y mujeres que garanticen la victoria. Todo el pueblo revolucionario debe verse impulsado a votar por su Revolución en las personas de estos y estas líderes. Esto sólo ocurrirá si ese pueblo -plenamente consciente- asume para sí la estrategia global del proceso. La confianza del pueblo en su líder, Comandante Chávez, en su tino y capacidad de dirección para tomar decisiones muy particulares, debe estar unida a la convicción absoluta de estar eligiendo en buena lid a sus mejores líderes.

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