lunes, 1 de marzo de 2010

Inmolación inducida por el odio

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)
Por las credenciales que ha presentado en los últimos años el sistema penal estadounidense, hay que suponer que, de los siete mil prisioneros que, según datos de fuentes dignas de todo crédito, mueren cada año en cárceles en el territorio de esa nación, muchos han de haber sufrido graves atrocidades vinculadas a su defunción.

Conociendo de las crueldades practicadas en las prisiones viajeras de Estados Unidos en Europa y los centros de detención de Abu Graib en Irak, Guantánamo en Cuba y otras penitenciarías creadas por Washington en el mundo, hay que dar crédito a los horrores que solo Hollywood, en filmes de horror, describe como existentes en Norteamérica.

Pero es sumamente raro encontrar en los “grandes” medios de prensa del mundo alguna alusión a tales irregularidades. Con cierta frecuencia algunos medios alternativos denuncian escalofriantes casos de torturas y otros abusos, así como de asesinatos de reclusos en diversas prisiones del país, pero es raro que lleguen esas noticias a los medios de la prensa corporativa.

Por eso es elocuente el hecho de que los grandes medios hayan brindado tanto destaque al inédito caso de un prisionero que en Cuba realizó una huelga de hambre de 68 días que no sobrevivió pese a los grandes esfuerzos de los prestigiosos médicos de la Isla.

Se conoce que la demanda que motivó la huelga era frugal y absurda (televisor, teléfono y cocina en su celda), al menos como razón para que una persona cuerda entregue la vida.

De ahí que resulte evidente que el recluso en cuestión tenía otras motivaciones u otra condición mental para suicidarse, algo que sin embargo no es inédito en prisión alguna del mundo, dadas las características psicológicas de quienes sufren encierro.

El sujeto, según la información ofrecida por la prensa cubana, se llamaba Orlando Zapata Tamayo, de 42 años. No integraba el grupo de 75 mercenarios sancionados en marzo de 2003 por los tribunales de justicia cubanos y no era preso político sino común, aunque en prisión fuera reclutado por contrarrevolucionarios.

Su historial criminal es el de un delincuente común que cumplía sanción conjunta de privación de libertad de 25 años. Desde julio de 1990, había sido enjuiciado y sancionado en reiteradas ocasiones por delitos comunes tales como estafa (dos cargos), alteración del orden, daños, resistencia a las autoridades, exhibicionismo público, lesiones y tenencia de armas blancas. Mientras cumplía penas de privación de libertad, fue sancionado en varias ocasiones en el establecimiento penitenciario por provocar desorden y por desacato.

En el 2001, se vinculó a sujetos que probablemente fueron sus reclutadores para actividades contrarrevolucionarios que no están en prisión pero son muy divulgados en Estados Unidos. En el 2003, Zapata ingresó nuevamente en prisión condenado por los tribunales por reincidir en sus conductas antisociales. Protagonizó entonces acciones de agresión física a funcionarios de la penitenciaría y otros actos violentos. En reiteradas ocasiones rechazaba los alimentos del penal, para consumir solo alimentos que recibía de su familia.

El 18 de diciembre de 2009 declaró una huelga de hambre y se negó a recibir asistencia médica, no obstante lo cual fue trasladado al Puesto Médico del penal, luego al Hospital Provincial de la ciudad de Camagüey y, después, al Hospital Nacional de Reclusos de La Habana.

En todos estos centros se le realizaron estudios clínicos y se le prestó toda la asistencia médica a que tienen derecho y acceso todos los ciudadanos cubanos en cualquier circunstancia y situación, incluida la terapia intermedia e intensiva y la alimentación voluntaria por vía parenteral (endovenosa) y enteral (mediante levín). A Zapata se le administraron todos los medicamentos y tratamientos necesarios hasta su fallecimiento, algo que fue reconocido por su propia madre.

La información indica que el 3 de febrero presentó una fiebre que desapareció en 24 horas pero, posteriormente, se le diagnosticó una neumonía que fue tratada con antibióticos y los más avanzados procedimientos. Al observarse que tenía comprometidos ambos pulmones, fue asistido con respiración artificial hasta su muerte.

Desde que ingresó Zapata en el establecimiento penitenciario, su madre, Reyna Luisa Tamayo, mantuvo vínculos constantes con grupos contrarrevolucionarios y recibía dinero de sus organizaciones en el territorio de Estados Unidos, como la Fundación Nacional Cubano Americana, según revela el informe publicado en la prensa cubana.

La equivocada decisión suicida que tomó este infeliz, inducida o manipulada por enemigos de la revolución cubana, ya sean éstos nativos cubanos que sirven a los intereses de la extrema derecha imperial que lucha por recuperar la Casa Blanca o directamente la CIA (también probable), está siendo utilizada para intensificar la vieja campaña mediática contra Cuba en el mundo.

La agonizante Fundación Nacional Cubano Americana espera servirse de la campaña para “salvar” Radio y TV Martí, el programa de ayuda a Cuba de USAID y otros mecanismos creados por la CIA que engordan las cuentas de los magnates de la industria del odio en la Florida con fachada de promoción de la democracia en Cuba.

Washington ha obligado a sus aliados a formular acusaciones contra Cuba de ridícula solidaridad con el suicida para castigar a la Isla por lo que significa y representa para la independencia de las naciones de América Latina y el Caribe.

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