lunes, 15 de marzo de 2010

Malvinas, la antesala del infierno antártico

Gustavo Herren (especial para ARGENPRESS.info)

Para que Londres se predisponga a negociar con el gobierno argentino sobre Malvinas y el Atlántico Sur, y que además, Argentina obtenga como resultado la recuperación física de soberanía que mejore una suma cero, son necesarias dos condiciones. Por un lado, ejercer presiones en los campos donde se es fuerte y el rival débil. Y segundo, que las presiones tengan la magnitud suficiente dependiendo de los intereses en juego. Este es un axioma histórico elemental.

Si se ejerce presión, pero no es suficiente o no está aplicada en los puntos adecuados, no pasará más allá de una justificación política coyuntural en lo interno, y la prolongación indefinida del problema en lo externo. Esto ha ocurrido con los distintos gobiernos argentinos.

Una de las fortalezas de Inglaterra, país industrializado e históricamente colonialista, está en el área militar. Aún así en la guerra de 1982, para definir el conflicto necesitó de la ayuda encubierta de su aliado histórico EEUU y de otros países incluso latinoamericanos. Otra fortaleza inglesa está en el campo diplomático, donde justamente los gobiernos argentinos basan la mayor componente de sus reclamos y protestas. Al respecto Scalabrini Ortiz, refería '...La diplomacia británica es el resorte oculto de la Historia Argentina.'

Paradójicamente una vulnerabilidad de Inglaterra, país profundamente capitalista (cuna del capitalismo europeo en el siglo XVI), subyace en el plano económico. Si bien muestra fortaleza es justamente allí donde tiene debilidades, en los delicados equilibrios dinámicos del sistema capitalista.

Los imperios y potencias se manejan históricamente con una visión generalizada del concepto de Guerra, lo que se denomina como guerras políticas. Estas son acciones no militares que se desarrollan en tiempos de paz y de guerra militar, pero que son conceptualmente equivalentes a la guerra militar en cuanto a objetivos. Una de ellas es la guerra económica. Inglaterra la aplicó secularmente en Argentina desde antes de Mayo de 1810 con la llamada Estrategia Castlereagh: '...No debemos preocuparnos por quien tiene el gobierno en el Río de la Plata, sino por tener la hegemonía comercial.' (Lord Castlereagh, Secretario de Estado de Inglaterra, 1807).

Durante el conflicto de Malvinas en 1982, se daban condiciones para que Argentina también aplique la guerra económico-financiera contra su enemigo. Gran Bretaña temía tanto o más al arma económica, que a la militar. En aquella época, Londres había hecho el primer ataque acompañada por los países acreedores del Norte, estableciendo un bloqueo económico-financiero a Argentina. El temor inglés (y europeo) que se hizo evidente en los medios financieros londinenses, era que Buenos Aires respondiera a la ofensiva interrumpiendo el pago de los servicios de la deuda externa, y que esto fuera el disparador de una crisis en el sistema financiero mundial.

En unas pocas semanas ya se había desequilibrado el centro financiero internacional de la City de Londres, debido a la incertidumbre que tenían sobre los pagos de Argentina los principales bancos, las empresas e inversionistas ingleses con grandes intereses argentinos, y por la desconfianza de los fondos especuladores volátiles a causa del conflicto.

En Londres, se disparó la fuga de capitales y alza de las tasas de interés, se comenzó a desmoronar la bolsa de valores, el mercado de capitales, y el mercado de cambio, debiendo intervenir el Banco de Inglaterra para sostener a la libra. Se empezó a criticar y cuestionar al gobierno de Thatcher por el gasto del envío de la flota naval al Atlántico Sur, que resultaba superior al mantenimiento anual de la isla, y el costo social que generaría en desocupación e impuestos. El conflicto estaba comenzando a tener un peligroso y muy alto precio para los capitalistas londinenses, los extranjeros, e incluso la estabilidad del sistema bancario mundial.

¿Pero porqué el gobierno militar de facto de Buenos Aires no utilizó la guerra económica, presionando con el arma de la cesación de pagos a los bancos británicos y países acreedores?. En realidad, Londres tenía su quinta columna en Argentina, parte de la cuál incluía a los economistas liberales dentro del gobierno. A medida que crecía el malestar y la incertidumbre en Inglaterra y Europa, el Ministro de Economía, Roberto Alemann, realizó una gira por los centros financieros internacionales asegurando que Argentina seguiría cumpliendo con sus obligaciones en tiempo y forma, y que '...Luego que el conflicto termine, Argentina pagará sus deudas a Gran Bretaña' (1).

La cultura del liberalismo económico y aquella difundida por el mismo imperialismo, hacen creer que las presiones solo pueden aplicarse por medios diplomáticos o militares, soslayando sistemáticamente la guerra por medios económicos. O bien siguiendo el lema 'haz lo que digo pero no lo que hago', presentan a los tres campos posibles de presión como excluyentes entre sí, cuando las potencias imperialistas operan en los tres planos simultáneamente, sino en más, como parte de las al menos 7 componentes de guerra política.

Ante la reciente provocación de Inglaterra, que nuevamente tomó la iniciativa enviando una plataforma de exploración petrolera a Malvinas ¿cuánta debería ser la presión que hay que ejercer, y en que campos habría que concentrarla?. Para esto, hay que considerar las causas actualizadas que la llevan a tener presencia y permanencia en el archipiélago de Malvinas y el mar austral, demandando una ampliación de su jurisdicción marítima tan importante, como no lo había hecho desde la época de oro del Imperio Británico. Pretende una nueva extensión del radio de 200 a 350 millas marinas (2) alrededor de cada uno de los tres, que considera territorios de ultramar, exigiendo derechos sobre unos 3,5 millones de kilómetros cuadrados de océano austral (3), aparte de lo que aspira en la Antártida.

Desde 2000, la producción de hidrocarburos de los reservorios británicos del Mar del Norte está decreciendo. Sus principales compañías petroleras como BP y Shell los están abandonando, buscando yacimientos mas rentables en Irak, Oriente Medio y Asia Central. El Reino Unido está pasando de exportar a importar gas. Está previsto el paulatino cierre y desmantelamiento de las plataformas petroleras del Mar del Norte hasta el 2035. Los potenciales hidrocarburos en el mar malvinense podrían sustituírlos, pero además junto con la pesca, constituyen el vértice de la proyección de los derechos que pretende Gran Bretaña para la exploración y explotación energética del Atlántico Sur, del oceáno antártico, y de la Antártida. En este continente helado, futura fuente mundial de agua dulce, se han detectado también yacimientos de hidrocarburos y minerales (en especial abundante carbón en la región central del Polo Sur). Aunque Londres suscribió al Tratado Antártico (4) que congela la explotación minera y la militarización del continente blanco hasta 2048, hay presiones muy fuertes por parte de las corporaciones y sus gobiernos para liberar antes de esa fecha los recursos del continente. Incluso algunas naciones podrían renunciar al Tratado antes de tiempo.

Con la estructura capitalista del consumo exponencial, la lucha por la Antártida ya está de hecho en marcha. A diferencia de los países periféricos, las potencias planifican en términos de macro-procesos históricos (5). El reparto de la Antártida para la explotación por sus multinacionales conlleva el despliegue militar que la asegure, y asigna su relevancia en función del control estratégico de las rutas y corredores económicos. Inglaterra se adelanta en llenar espacios, tomando posición con el corredor Isla Ascensión- Malvinas -Georgias del Sur- Antártida. Mientras, EEUU busca presencia en el Atlántico Sur con la IV Flota Naval y las bases aeronavales de uso práctico conjunto, como Ascensión y Malvinas (ya que sus corporaciones también entrarán en el negocio petrolero en este área), avanzando en la ocupación del propio continente antártico con asentamientos de la Guardia Costera, la proyección de su poder aéreo, y hasta una estación en actividad permanente (Amundsen-Scott, hasta ahora catalogada como científica) situada en el mismo Polo Sur geográfico.

Una silente lucha intercapitalista entre las potencias del Norte, que ahora incluirá a Rusia y China, se ha desatado nuevamente en el Sur. Aunque algunos países australes como Australia no parecen querer seguir detrás de los acontecimientos, y junto a su demanda de derechos sobre 2,5 millones de kilómetros cuadrados en el Océano Antártico (otorgada por la ONU en 2008), realizó un importante aumento en el gasto militar, con el mayor programa de crecimiento desde la Segunda Guerra Mundial. Detrás del Tratado de protección antártica de 1959, que plantea al helado espacio como reserva natural desarrollada para la paz, subyace la configuración de un 'caliente' y feroz campo de batalla.

En estas condiciones, el nivel de las presiones para que Londres 'se siente a discutir' con Buenos Aires y se recupere efectivamente soberanía, deberían ser acordes a la magnitud de los intereses en juego. Malvinas es mucho más que una isla, representa la punta del 'iceberg' de riqueza, insular y submarina, del lecho y del subsuelo que se proyecta al Atlántico Sur, y representa la antesala al continente antártico. Los archipiélagos y sus potenciales corredores energéticos configuran su valor geopolítico.

Algunas palabras sobre tres de los posibles campos de presión. En el plano diplomático donde los ingleses son fuertes mas allá del respeto al derecho internacional, las protestas sistemáticas del gobierno argentino, sus reclamos sobre Malvinas en los organismos multilaterales, y las declaraciones de apoyo de los países negada por EEUU y la Unión Europea, soportan y mantienen vigente la postura argentina sobre soberanía. Sin embargo, son descartadas medidas más fuertes como puede ser la expulsión del embajador inglés (como se ha hecho lo propio con el embajador hondureño, o lo hizo Bolivia con el embajador estadounidense sin que se haya declarado ningún conflicto bélico), o bien revisar o derogar el llamado Tratado de Madrid (6) y el de Londres sobre protección de inversiones (7), o no reconocer al menos la parte del Tratado de Lisboa referente a la asociación a la Unión Europea de los países y territorios de ultramar. Mientras tanto, parte de la estrategia diplomática de Inglaterra avanza ganando tiempo para consumar hechos concretos, y su connotación en lo político y militar. El 15 de Febrero arribó a las aguas de Malvinas la plataforma petrolera Ocean Guardian, hoy ya está perforando y se espera la llegada de otras. Sin embargo, el tema se muestra con bajo perfil en los multimedios masivos de información. No hay que olvidar que paralelamente con la Embajada, opera la Inteligencia inglesa. Sus servicios son muy poderosos en Argentina, y su grado de infiltración a todo nivel es más que importante, aún en la contrainteligencia argentina. Su influencia en los asuntos internos con interés británico es relevante, sea por acciones u omisiones. Estos servicios ya han festejado su bicentenario en Argentina, no se puede dejar de conocer la tarea de Lord Palmerston, por ejemplo.

En el segundo campo, el militar, en que los ingleses presentan las fortalezas de un país industrializado respaldado por EEUU y sus socios de la OTAN, Argentina descarta de plano cualquier tipo de opción militar. Sin embargo si se tiene en cuenta que una de las guerras políticas es la guerra psicológica, y se considera que el sistema económico-financiero mundial se basa en la confianza y en instrumentos financieros fiduciarios, las opciones militares que no implican acciones armadas no resultan para nada descartables. El decreto presidencial condicionante de la navegación a Malvinas, da la oportunidad para re-equipar a las FFAA en función de su cumplimiento estricto, en cuanto a la enorme superficie del Espacio Marítimo Argentino a vigilar. Lo cual a su vez plantea como siguiente meta que las distintas Fuerzas muestren presencia creíble, permanencia y capacidad operacional sostenida sobre objetivos. Lo que llevará, frente a la fuerte militarización disuasoria del área Malvinas que está implementando Inglaterra, a la otra opción disponible que es justamente la 'disuasión' militar. La supremacía para la guerra convencional no asegura a las potencias la victoria final, como son los casos ejemplificadores en Oriente Medio y el cuerno de África. Esta opción aumentará el costo de mantenimiento militar británico de las islas, e influenciará sobre la baja disposición de las corporaciones petroleras para perforar en zonas en disputa. Para ello, y como según sostiene el gobierno el sistema de planificación no se define por las hipótesis de conflicto, es posible sumar a la defensa convencional nuevas variantes, como por ejemplo el despliegue en puntos estratégicos de redes de plataformas misilísticas móviles dotadas de misiles balísticos de alcance medio, misiles crucero de largo alcance y concluir con la red de radares; en especial asentar nuevas instalaciones para la defensa en el entorno continental del paralelo 50° S y en la provincia de Tierra del Fuego. Con la salvedad que para mejorar la relación costo/beneficio, la producción para la defensa debería ser en su mayor parte endógena, dando trabajo entre otros a obreros, técnicos, profesionales, ingenieros, físicos, matemáticos argentinos, etc., lo cual acelerará al menos el avance tecnológico y aero-espacial. Para que Argentina supere el modelo de un buen nivel científico-técnico, pero a 'remolque' del Norte, se puede tener en cuenta que nunca podrá alcanzar la vanguardia mundial en determinadas ramas de la ciencia y la tecnología, partiendo de las relaciones y la cooperación con las potencias industrializadas. Inversamente, el avance genuino debería iniciarse dentro de políticas de Estado que impulsen vigorosamente la creatividad y la iniciativa propia, tendiendo a generar una masa crítica de conocimiento científico-técnico intrínseca, en que la relaciones con el extranjero cumplan un rol complementario.

Pero muy difícilmente algo de esto sucederá ya que, increíblemente para beneplácito de los ingleses, la actual doctrina militar argentina es puramente defensiva, excluyendo totalmente la disuasión y la ofensiva. La única causa que reconoce para establecer hipótesis de conflicto es un ataque exterior estatal.

Para el Ministerio de Defensa, hoy la Argentina no tiene hipótesis de conflicto, no tiene enemigos regionales ni extra-regionales. Lo que hay es un proceso de cooperación sobre todo regional, en una región de paz. Argentina adopta una actitud únicamente defensiva y sólo va a responder en caso de ser atacada militarmente por otro Estado. Considera que los recursos naturales se incluyen dentro de la protección nacional, no de la defensa nacional, de modo que en este sentido no hay amenazas concretas sobre éstos que habiliten actividad militar alguna. Es decir que, si elementos foráneos saquean nuestros recursos naturales y energéticos utilizando medios pacíficos no son vistos como enemigo externo.

En cuanto al tercer campo, económico-financiero, las presión que ejerce el gobierno en este área se centra casi exclusivamente en dificultar a Londres la exploración de hidrocarburos en la región Malvinas. Para ello el Ejecutivo emitió el decreto 256/2010, que condiciona la navegación marítima hacia los archipiélagos australes en controversia de soberanía. El decreto también previene sobre cualquier operación argentina de índole civil (como la que se inició en 1981 con el empresario Davidoff en Georgias del Sur). Por un lado Gran Bretaña no reconoció la medida, y por otro como se mencionó, difícilmente Argentina pueda hacerla efectiva interceptando la circulación clandestina de suministros petroleros. La medida anterior dista de ser una guerra económica, dada la magnitud de los intereses en juego.

Buenos Aires podría incidir sobre el gasto de las islas para Londres y afectar los suministros de los isleños, intentando influenciar sobre Uruguay y Chile, países donde hoy realizan importaciones (aunque resultará difícil con este último ya que el nuevo presidente derechista liberal, Sebastián Piñera anunció que hará acuerdos petroleros con los ingleses en Malvinas). Tendría además que gestionar con el próximo gobierno de Brasil para que tampoco aporte asistencia, al menos en el área petrolera (donde ya se ha reabastecido la plataforma enviada por los ingleses). Todo esto teniendo en cuenta, que a pesar de la lejanía con el Reino Unido, la población de las islas Malvinas con unos 3000 habitantes y una densidad poblacional mucho menor que la Patagonia Argentina (8), se autofinancia en buena medida con actividades basadas en la ganadería ovina, el turismo y desde 1986 principalmente con la muy lucrativa pesca, cuando Gran Bretaña extendió unilateralmente el control marítimo de un radio de 12 a 200 millas marinas, usurpando mar argentino que nunca estuvo en disputa y entregando permisos de pesca en el Espacio Marítimo Argentino. Así el producto bruto interno per cápita de un isleño pasó a ser en los últimos años uno de los mas altos de América del Sur, triplicando al de Argentina.

La deuda externa también puede transformarse de instrumento de guerra de los prestamistas para condicionar y dominar, en factor de presión en su contra. La deuda no constituye un evento de suma cero, sino que es un componente del equilibrio dinámico de los flujos de capital mundial, con sus nodos en los grandes centros financieros occidentales de los países acreedores, entre ellos la City de Londres. Suspender el pago de la deuda externa hasta realizar una identificación de todos los acreedores y una auditoría que determine su parte fraudulenta (basada en múltiples elementos probatorios en la justicia) (9) como lo hizo Ecuador y Brasil, y convocar a un referendo como lo hizo Islandia en que la mayoría del pueblo rechazó el pago a inversores ingleses y holandeses (10), son algunos de los elementos factibles para presionar en un campo y obtener resultados afines a nuestros intereses en otro.

Sin embargo no hay voluntad política alguna para avanzar en este aspecto, en vísperas del Bicentenario la presidente aseguró enfáticamente '...Vamos a pagar la deuda. Vamos a hacer honor a las deudas que otros contrajeron', generando confianza a los prestamistas internacionales. Por su lado en ese aspecto, la mayor parte de la oposición parlamentaria solo difiere en el origen de los fondos para los pagos.

Para el gobierno (y la mayoría de la oposición) normalizar la deuda externa es una prioridad que está por sobre la política exterior, ya que lo considera una de las 'patas' de su actual gobernabilidad y posible continuidad. La bonanza en los altos precios mundiales de las materias primas junto con las significativas reservas en los bancos centrales de los países emergentes, hace que los bonos de deuda en moneda local tengan la confianza y sean un enorme negocio para los fondos financieros internacionales (incluidos los especuladores y la City de Londres), así como para los grandes bancos extranjeros intermediarios. Esto permite compensar en parte la fuerte transferencia de utilidades y dividendos que hacen las transnacionales a sus países de origen. Para proseguir con su normalización de los servicios de la deuda externa, el gobierno designó (Resolución 267/2009) a un banco clave de cada gran bloque capitalista mundial, el Citibank (Washington), el Barclays (Londres), y el Deutsche Bank (UE). Especialmente los dos primeros ligados al financiamiento de la gran minería a nivel global. El Barklays, accionista de la petrolera inglesa Desire Petroleum (que ya inició sus perforaciones en Malvinas) apoyaba por ejemplo, al apartheid en Sudáfrica en relación con la minería del diamante.

En una guerra económica contra otro país capitalista algunas de las 'armas' mas efectivas tienen que ver directamente con el capital, de modo que las presiones se pueden aplicar accionando sobre el intrincado entretejido de intereses británicos radicados en Argentina.

Es posible tomar fuertes sanciones económicas y hasta expropiaciones a las empresas inglesas que operan en el territorio argentino, extensivas a aquellas compañías locales y extranjeras que contribuyan además con las operaciones petroleras inglesas en Malvinas (ya existe legislación vigente incumplida al respecto, Resolución 407/07 de la Secretaría de Energía) (11).

Sin embargo, los sucesivos gobiernos entregadores, con su parte liberal han permitido una descomunal extranjerización del país. La mayoría de las corporaciones mineras extranjeras que se están quedando con la 'parte de león' de las riquezas provinciales y los grandes bancos internacionales que las financian, son accionistas de las petroleras atraídas por Inglaterra a explotar el petróleo en agua de Malvinas.

Uno de los tantos casos, es el de tres de las 420 subsidiarias de la transnacional BHP Billiton con casa central en Australia, aunque estas compañías actúan con 'falsa bandera' ya que parte del capital es de origen británico, el Banco Barclays también es accionista de esta empresa. Su subsidiaria BHP Petroleum (Falkland) Corporation (con sede en Canadá) en acuerdo con los ingleses explorará en Malvinas, mientras Billiton Petroleum (Argentina) S.A (con sede en la ciudad de Buenos Aires) opera en Argentina, y la minera Billiton Argentina BV (con sede en Holanda) que el gobierno de Catamarca (Eduardo Brizuela del Moral) habilitó para hacer prospección y explotación minera en Andalgalá, produjo recientemente la resistencia del pueblo que fue ferozmente reprimida.

El gobierno argentino no aplicará medida alguna que pueda perjudicar los intereses de estas compañías, sino que según anunció se limitará solo a 'reclamar' a aquellas que operen en el continente y en Malvinas.

Negociar con Gran Bretaña la participación en la explotación comercial de hidrocarburos u otros recursos, o una cooperación conjunta en el desarrollo de las islas con una soberanía segmentada o sin siquiera considerarla, según marcan las corrientes de inteligencia del Norte que han resurgido por prestigiosos voceros locales, llevaría a que muy probablemente los hidrocarburos obtenidos por Argentina sean nuevamente entregados al extranjero, como lo están actualmente las reservas del país, en manos de multinacionales que están conduciendo hacia la importación de recursos energéticos, (un caso testigo es la entrega a Pan American Energy, subsidiaria de British Petroleum (BP) y Amoco, de uno de los más ricos reservorios petroleros de Argentina: Cerro Dragón).

El capitalismo implementado por las dirigencias del país, en las últimas décadas logró terminar de destruir todo aquello por lo que lucharon el general Mosconi y otros patriotas argentinos desde 1922, visionarios de las consecuencias de que Argentina pierda su soberanía energética a manos extranjeras. La Constitución de 1949 del gobierno del presidente Perón (sepultada en 1955), también permitió al Estado disponer de sus propios recursos energéticos; en 1963 hizo lo propio el presidente Arturo Illia. En la era pre-menemista se fue preparando lentamente el camino a la privatización y exacción del patrimonio nacional, que cristalizó el entreguista Menem y su gobierno de cipayos; en la era pos-menemista los sucesivos gobiernos nacionales y provinciales continúan con políticas ambivalentes y con la extranjerización liberal de nuestros recursos naturales y energéticos.

Salvo excepciones, con la ideología, la escala de valores, y el grado de compromiso de intereses de las últimas generaciones de dirigencia política argentina, difícilmente se pueda recuperar soberanía física alguna sobre el Espacio Marítimo Argentino sin pagar un costo mayor que lo que se obtenga.

En estas condiciones las presiones argentinas en lo diplomático, militar y económico para recuperar soberanía se manifiestan insuficientes y mas que iniciativa, muestran seguir detrás de los acontecimientos, por eso el Vicecanciller Taccetti manifestó '...Tenemos que acostumbrarnos a pensar en el largo plazo. El primer objetivo del gobierno argentino es sentarse a la mesa con Inglaterra a negociar el tema de la soberanía de las islas y el mar circundante. Hasta ahora no lo hemos logrado pero pensamos que en algún momento se va a lograr...'
Notas:
1) Oliva Enrique, 'El arma más temida reflejada en la prensa inglesa y no utilizada por Argentina', Argenpress.info, 20/11/2006
2) 1 milla marina o náutica equivale a aproximadamente 1,85 kilómetros.
3) Una superficie mayor que el territorio continental argentino.
4) El Tratado Antártico fue suscripto en 1959 por 12 países: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, EEUU, Francia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, el Reino Unido, Sudáfrica y Rusia. Entró en vigor en 1961 y posteriormente se adhirieron otros 35 países.
5) H. Ricciardelli, L.E. Schmid, 'Los Protocolos de la Corona Británica y Estrategia Anglo-Americana', Struhart & CIA, 2004
6) Cuya denominación oficial es 'Declaración conjunta de las delegaciones de la República Argentina y el gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte', suscripta en Madrid el 15 de febrero de 1990. Llamada 'Declaración' para que no pase en su momento por el Congreso Nacional, aunque tiene carácter de Tratado.
7) 'Convenio entre el gobierno de la República Argentina y el gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, para la promoción y protección inversiones', suscripto por Domingo Cavallo en Londres el 11 de diciembre de 1990. Ratificado por ley N° 24184 (24/11/92).
8) La actual densidad poblacional de las Islas Malvinas es de 0,25 habit/Km2, mientras para la Patagonia Argentina es 1,9 habit/Km2
9) Giuliano Héctor L., 'Argentina: Deuda pública y censo acreedores', Argenpress.info, 29/1/10
10) Teitelbaum Alejandro, 'El ejemplo de Islandia', Argenpress.info, 8/3/10
11) Jose Rigane, 'Defender Las Malvinas, no es posible si no se hace lo propio con el continente argentino', Argenpress.info, 17/2/10

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