lunes, 1 de marzo de 2010

México, Costa Rica y un nuevo PRI

Álvaro Montero Mejía (especial para ARGENPRESS.info)

Desde la década de los años 20 hasta finales del siglo XX, el Partido de la Revolución Mexicana, convertido luego en el PRI (Partido Revolucionario Institucional), gobernó en solitario al hermano país de México. En él se produjo, en 1910, la más grande Revolución agraria del continente y una de las más importantes del mundo. Francisco Villa y Emiliano Zapata simbolizan, hasta hoy, la raigambre popular y campesina que hizo posible las grandes transformaciones sociales de México, plasmadas en la Constitución de 1917, muchas de las cuales aún sobreviven. Con todo y TELECAN, junto al neoliberalismo rampante de los gobiernos de Fox y Calderón, el espíritu revolucionario de los mexicanos aun sobrevive y se levanta con valientes figuras como Cuahutemoc Cárdenas y López Obrador.

El PRI, quien gobernó México hasta el año 2000, mantuvo, durante buena parte de su historia, una estrecha relación con el movimiento obrero y campesino. Quien fuera, probablemente, el más grande de sus presidentes, el general Lázaro Cárdenas, auténtico revolucionario, consolidó la Reforma Agraria, nacionalizó el petróleo y le dio a su Patria y a su pueblo, un profundo sentido de dignidad.

Esa tradición revolucionaria se erosionó paulatinamente. El PRI se deslizó más y más a la derecha y, con notables excepciones, terminó por convertirse en el partido de la gran burguesía mexicana, en fuente de inconmensurables negocios para los gobernantes que le abrieron paso franco al capital transnacional, sin dejar de sucumbir a una tentadora alianza con los carteles del narco. Al final, en un clima de descontento y crecientes protestas aparecen, como el relevo inmediato de las clases acaudaladas, los grupos retardatarios afincados en el PAN.

Como parte de un prolongado esfuerzo por unificar a todas las fuerzas progresistas de México, aparece primero el PSUM (Partido Socialista Unificado de México), luego emerge la candidatura presidencial de Cuahutemoc Cárdenas, quien pierde las elecciones en virtud de un espantoso fraude a favor de Salinas de Gortari y luego surge el PRD (Partido de la Revolución Democrática) con la figura emblemática de López Obrador, a quien, con otro fraude, se le arrebata el triunfo frente al actual mandatario Felipe Calderón.

En Costa Rica, las cosas no han ocurrido exactamente de la misma manera. Pero hay similitudes. El PLN, aparece como la fuerza hegemónica en la política nacional, a partir del triunfo de José Figueres en la guerra civil del 48. Rápidamente se constituyó, sin duda alguna, en el gran partido de la reforma económica y social de Costa Rica. Con Liberación Nacional se consolidan las reformas sociales del doctor Calderón Guardia Monseñor, Mons. Sanabria y Manuel Mora, y se inicia la construcción de un estado moderno, caracterizado por la construcción de grandes empresas de servicio público y la nacionalización del sector financiero.

Ahora estamos ante un PLN absolutamente lavado de sus viejos fundamentos patrióticos y progresistas, copado integralmente por la nueva oligarquía que lo ha convertido en partido suyo y a la vez controlado por una maquinaria corrupta y entreguista. Esta maquinaria influye decisivamente los 3 Poderes del Estado y el resto de la institucionalidad pública: Contraloría General de la República, televisora estatal, Defensoría los Habitantesy Tribunal supremo de elecciones. Estamos, como lo afirmara hace pocos días, el Expresidente Luis Alberto Monge, ante un régimen dictatorial, con ropajes de democracia electoral.

Así funcionaba la vieja dictadura priísta de México. Por decenios realizaron elecciones cada cinco años y proclamaron ante el mundo su lema de “SUFRAGIO EFECTIVO, NO REELECCIÓN”. Los partidos de oposición, con excepción de una parte de la izquierda, operaban con el beneplácito del gobierno y el movimiento social (sindicatos, cooperativas, organizaciones campesinas y comunales) respiraba, con sobradas ventajas para los dirigentes, por las narices del gobierno.

En un artículo anterior y que titulamos “EL PODER VORAZ”, nos referimos a la marcha inexorable de esta nueva estructura de poder dictatorial en Costa Rica. Aunque por años el PLN mantuvo una influencia determinante en algunos gremios y organizaciones sindicales, hoy la maquinaria arista no está dispuesta a aceptar el más mínimo disenso. Cuando un sindicato decide enfrentar e impedir uno de sus grandes negocios, la Terminal Portuaria de Limón, compran y organizan un grupo mercenario al interior del sindicato, borran todo vestigio de autonomía sindical, hacen desaparecer la Convención Colectiva, agitan millones de dólares en la cara de cientos de trabajadores empobrecidos y le ordenan a una pobre oficina ministerial, refrendar el latrocinio.

Esta confrontación, que constituye una batalla de grandes proporciones entre las fuerzas de resistencia cívica y la maquinaria del arismo, no constituye de ningún modo, un enfrentamiento de carácter personal. Más allá de las naturales simpatías o antipatías, inevitables entre los seres humanos, vemos desplegarse ante nuestros ojos un intento sórdido de esta maquinaria política, financiera y mediática, que hemos denominado el arismo, por manejar los hilos fundamentales de las decisiones públicas, e incluso privadas. Es una concentración de poder, algunas veces complejo y a veces compartido, como nunca visto en la historia reciente de Costa Rica. Además, se confirma la expresión del viejo lord inglés, cuando decía que “el poder absoluto corrompe absolutamente”.

¿Confirmará la constitución del gabinete de la nueva Presidenta, esta presunción de que está en marcha, más allá de los diálogos para la foto, la construcción de un “PRI”, es decir, un partido absolutamente hegemónico, absolutamente entreguista y absolutamente corrupto y dirigido por una oficialidad absolutamente servil?

En poco tiempo la vida se encargará de confirmar o desmentir esta presunción.

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