lunes, 15 de marzo de 2010

Panorama económico de Brasil

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Desata polémica reducción del PBI: La polémica reducción del 0,20 por ciento en el Producto Bruto Interno (PBI) de Brasil, conocida la semana pasada, puede ser encarada con una óptica más optimista o desde un ángulo más pesimista, dijeron analistas económicos.

En la controversia, los optimistas muestran que pudo haber sido peor, teniendo en cuenta lo que ocurrió en las economías más desarrolladas, y que al fin y al cabo Brasil tiene el sexto mejor resultado anual entre los países del G-20, aunque sea negativo.
Los otros dijeron que, precisamente, los países de ese grupo con resultados positivos en 2009 incluyen, además de los gigantes China e India, a Indonesia (crecimiento de 4,5 por ciento), Australia (+2,7 por ciento) y Corea del Sur (+0,2 por ciento).
Los críticos del gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva han insistido en que la disminución del PIB en 2009 es el primer resultado negativo en 18 años, después de la reducción de 0,5 por ciento en 1992.
Si se observa el gráfico de esas casi dos décadas, se percibe un padrón casi regular: después de los años de crecimiento fuerte, invariablemente vienen años de crecimiento sensiblemente menor.
Es así que en 1993 el país consiguió crecer 4,7 por ciento y, en 1994, 5,3 por ciento, para luego volver a 4,4 por ciento en 1995 y caer a 2,2 por ciento en 1996; una ligera recuperación a 3,4 por ciento, en 1997, fue seguida por una violenta caída a 0,04 por ciento en 1998.
En 1999 el crecimiento se limitó a 0,3 por ciento, para luego saltar a 4,3 por ciento en 2000, pero ya en 2001 había caído a 1,3 por ciento. En 2002 llegó a 2,7 por ciento, para volver a caer a 1,1 por ciento en 2003; pero en 2004 consiguió llegar a 5,7 por ciento, entonces la tasa más alta del periodo.
Sin embargo, al año siguiente (2005) se llegó a sólo 3,2 por ciento, y apenas a 4,0 por ciento en 2006. Entonces, en 2007, se llegó a la tasa más alta, 6,1 por ciento, para volver a 5,1 por ciento en 2008 y caer al campo negativo en 2009.
Es lo que muchos economistas llaman "vuelos de gallina", cortos y nunca muy altos, algo que ha caracterizado a la economía brasileña desde la gran crisis del petróleo de la década de 1970.
Las reformas económicas implantadas por el presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) consiguieron eliminar el fantasma de la inflación, que corroía los avances, pero no modificaron la naturaleza del ave, que siguió volando como gallina.
Una comparación con los demás países sudamericanos (excluidos Surinam y Guyana) muestra que todos, hasta los más pobres de los vecinos de Brasil, consiguieron crecer más entre 2003 y 2008, según datos de Cepal (la Comisión Económica para América Latina de la ONU).
En ese periodo, Argentina creció 63,58 por ciento (acumulado), Uruguay 52,71 por ciento, Perú 50,19 por ciento, Venezuela 49,93 por ciento, Colombia 36,22 por ciento, Ecuador 34,52 por ciento, Chile 31,44 por ciento, Paraguay 31,04 por ciento y Bolivia 29,94 por ciento.
Brasil, la mayor economía de la región, sólo consiguió crecer 27,41 por ciento en el referido periodo.
El lapso de seis años considerado coincide con la mayor parte del gobierno del presidente Da Silva, que con su habitual estilo exagerado había anunciado un "espectáculo de crecimiento".
Ahora, el presidente se ha quejado de que pudo ver "el esbozo de una sonrisa" en algunos de los rostros de personas que fueron a la televisión a comentar el triste resultado del PBI.
La reducción de 9,9 por ciento en las inversiones no es la única razón para el resultado de 2009, pero constituye la mayor disminución de ese importante factor en los últimos 19 años.
De acuerdo con la economista Virene Matesco, de la Fundación Getulio Vargas (FGV Management), "la gallina no vuela porque no tiene sustentabilidad. Y con las tasas de inversión de Brasil, no hay como cambiar ese escenario".
Matesco señaló que el país necesita inversiones del orden del 25 por ciento del PIB, por lo menos, para alcanzar un crecimiento sustentable. Y en 2009 sólo invirtió 16,7 por ciento (en 2009, antes de la crisis, había invertido 18,7 por ciento).
Los optimistas señalan que 2009 ya es el pasado, y hay que concentrar la atención en 2010, cuando es casi unánime la opinión de que el país podrá crecer entre 5,5 y 6 por ciento.
El veterano economista Delfim Neto, ex ministro de los gobiernos militares (1964-85) y consejero del presidente Da Silva, señaló que el buen resultado de 2010 constituye "una fatalidad aritmética", dada la débil base de comparación.
Pero el presidente de la Asociación Brasileña de Industrias de Base (Abdib), Paulo Godoy, advirtió que ese mismo crecimiento colocará sobre la mesa nuevamente el problema de las inversiones insuficientes.
"La presión sobre la capacidad de la infraestructura brasileña será aun mayor y no tengo dudas de que necesitaremos expandir el volumen de las inversiones, para evitar que los 'cuellos de botella', que conocemos tan bien, impongan restricciones a la expansión de la economía", dijo Godoy.


Disputan los estados brasileños los "royalties" del petróleo
Tres estados brasileños enfrentan a los otros 24 estados del país, en un desigual combate para decidir dónde se quedan los "royalties" (participación de ingresos) y contribuciones que la industria petrolera nacional paga por su producción.
La desigualdad quedó patente esta semana en la votación de la enmienda presentada por el diputado Ibsen Pinheiro al proyecto del ejecutivo sobre la explotación del "pre sal" (conjunto de nuevos y ricos yacimientos de petróleo a gran profundidad).
La enmienda se aprobó con 369 votos a favor, 72 en contra y dos abstenciones en la Cámara de Diputados, y ahora deberá ser discutida por el Senado, donde no se espera un resultado muy distinto.
El proyecto establece básicamente que los "royalties" y el pago de otros derechos por la industria petrolera sea divididos por igual entre todos los estados y municipios brasileños, una vez descontada la parte del gobierno central, que es la mayor.
El nuevo sistema de distribución de los recursos sería válido no sólo para los nuevos yacimientos del "pre sal", sino para los que actualmente están en producción, de acuerdo con el régimen de concesiones.
Hasta ahora, el régimen vigente relaciona la proximidad de los estados y municipios a los yacimientos productores para establecer la participación de cada uno, calculada por la Agencia Nacional del Petróleo (ANP).
Cerca de 85 por ciento del petróleo nacional se produce en la cuenca marítima de Campos, frente al estado de Río de Janeiro, por lo tanto éste recibe la mayor parte de los derechos financieros sobre el petróleo producido.
Los otros estados beneficiados por el régimen actual en forma sustancial son los de Espírito Santo y Sergipe, aunque otras unidades de la federación brasileña reciben pequeñas participaciones en la renta petrolera.
En cuanto a los municipios, 90 de los 92 que existen en el estado de Río reciben "royalties", así como 29 municipios de Espírito Santo y 10 del estado de Sergipe.
En el caso particular de Río de Janeiro, esa fuente de ingresos produjo en 2009 un total de recursos de 2.760 millones de dólares para la administración provincial, más otros 1.480 millones destinados a los municipios.
Si se aprueba de manera definitiva la enmienda de Ibsen Pinheiro, esa sumas se verán reducidas a 50,8 millones y 82,5 millones de dólares, respectivamente.
El resultado de la votación en la Cámara de Diputados no fue bien recibida por el gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral.
"Si se aprueba esa medida, el estado de Río de Janeiro irá a la quiebra, tendrá que cerrar las puertas", declaró dramáticamente el gobernador.
Cabral incluso sostuvo que la realización de la Copa del Mundo en 2014 y las Olimpíadas en Río de Janeiro 2016 serán inviables financieramente.
"Los 'royalties' representan del 12 al 15 por ciento de la recaudación del estado. Sin ellos no tendremos ni siquiera garantías para obtener préstamos. Eso lo paralizaría todo", señaló el gobernador.
Una situación parecida enfrentan los municipios fluminenses (del estado de Río), para el conjunto de los cuales la recaudación de derechos sobre el petróleo representa 15,8 por ciento de los ingresos totales.
Para algunos de ellos, el peso es mucho mayor.
En Sao Joao da Barra, 81 por ciento del presupuesto municipal es cubierto con los "royalties", en Campos representa 68 por ciento, en Río das Ostras 67 por ciento y en Búzios 49 por ciento.
La materialización de la enmienda Pinheiro representaría prácticamente la quiebra de los municipios que no tienen con qué sustituir los recursos cesantes, ante lo cual se verían obligados a despedir funcionarios y suspender proyectos en gran escala.
Sin embargo aún existen algunas alternativas, la primera de ellas, en caso de la aprobación de la iniciativa por parte del Senado, sería el veto por parte del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, como prometió al gobernador Cabral, uno de sus principales aliados.
No obstante, en un año electoral el veto presidencial resulta difícil y políticamente costoso, ya que significaría oponerse a un proyecto que beneficia a 5.560 municipios.
Otro factor en contra es que la misma mayoría que aprobó el proyecto puede levantar el veto presidencial y llevar al mandatario a una derrota política.
La otra posibilidad, más viable, es una negociación en el Senado que preserve las rentas petroleras actuales de estados y municipios y que sólo aplique la división igualitaria a los nuevos yacimientos del "pre sal" y otros descubiertos en el futuro.
En caso de que la negociación no resulte, queda la opción de recurrir al Poder Judicial para alegar inconstitucionalidad de la enmienda, sin embargo eso llevaría años, hasta una decisión definitiva.

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