miércoles, 31 de marzo de 2010

Paraguay: Militares militando ¡¡Derech!!.

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Una nueva barrida en las altas esferas del Ejército Paraguayo, decretó esta semana el Presidente Fernando Lugo, en una decisión que, en el año y medio que tiene de mandato, ha completado la sustitución de 50 altos mandos de las promociones anteriores a 1989, año que se produjo la caída del General Alfredo, quien había asaltado el poder en 1954, convirtiendo el país en su hacienda privada.

El propósito del gobernante, comunicado oficialmente, es el de conformar unas fuerzas armadas de mejor nivel profesional, que estén al servicio de la nueva realidad del país y del mundo, como garantía de la defensa de la soberanía nacional, de la paz y concordia entre los paraguayos, y de lealtad a la conducción política del país, en el marco del proceso de cambios sociales y económicos reclamado por la mayoría del pueblo en las elecciones del 20 de abril del 2008, que puso fin a 60 años de gobiernos colorados.

La limpieza del Ejército afecta en particular a los oficiales formados con los métodos represivos y criminales del estronismo, muchos de ellos diplomados en la Escuela de las Américas, esa fábrica USA de militares golpistas, de ideología nazi, que durante dos décadas sirvieron en Suramérica bajo la bandera de la Seguridad Nacional y en el Operativo Cóndor.

Esos cambios coinciden estos días con una fuerte campaña política y mediática contra Bolivia, a cuyo gobierno acusan de estar preparando un conflicto armado contra Paraguay, por haber instalado ocho bases militares cerca de la frontera, pese a que son cuatro y dos frente a Argentina y otras dos hacia Brasil.

El objetivo de esa cruzada de la derecha es explotar el chovinismo y tratar de envalentonar a ciertos sectores de la población, que todavía tienen fresca la guerra entre los dos países, entre 1932 y 1935, promovida por compañías petroleras de Estados Unidos y Holanda y que terminó con miles de muertos y los hermanos empobrecidos.

El Ministro de Defensa de Paraguay, Luis Bareiro Spaini, restó importancia a esa ofensiva antiboliviana y justificó el desarrollo técnico y profesional del Ejército que ha decidido el Presidente Evo Morales, “lo que también debemos hacer aquí”, parece que comentó, advirtiendo de la implantación en Colombia de la IV Flota norteamericana, con cerca de diez bases apuntando hacia el Caribe y el centro y sur del continente.

Lugo ha operado los cambios castrenses en tres etapas. La primera fue enseguida de asumir, cuando decapitó la comandancia del Ejército y de su III Cuerpo, la Marina, la Fuerza Aérea, el Comando Logístico y el Estado Mayor Conjunto.

Tres meses después, en noviembre, el mandatario operó la más grande barrida de la historia de las fuerzas armadas paraguayas, al pasar a retiro a 25 Generales y tres Contraalmirantes, sobresaliendo la destitución del aparentemente poderoso Comandante de todos los órganos militares, el General Soto Estigarribia, segundo en la estructura de mando después de Lugo.
Si alguna duda existía acerca de ese reemplazo, el propio afectado la eliminó al instante, ingresando a la vida política partidaria, envuelto en la bandera colorada con una provocante altanería y unos discursos de muy pobre lenguaje y contenido, pero rebosantes de odio al comunismo y a todos los gobernantes progresistas que puedan existir, en particular a los de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Uruguay.

El General caído acusa a Lugo y al Ministro Bareiro Spaini, de ideologizar a las fuerzas armadas, en la línea del socialismo del siglo XXI, incapaz de disimular su malestar ante el proceso de cambios que se desarrolla en el país, que ineludiblemente tiene que sacudir estructuras obsoletas como la del Ejército, confinado en el parasitismo, en la corrupción comprobada en sus altas esferas, y en tareas de represión de las protestas de campesinos que reclaman tierra para poder comer.

En medio de muchos errores y deficiencias, en particular en los servicios elementales de combate a la pobreza, el desempleo y la exclusión, agravados por el sistemático sabotaje parlamentario de cuanto proyecto de ley presenta el Ejecutivo en beneficio de la justicia social, y por la acción de un Poder Judicial que continúa garantizando la impunidad de delincuentes y criminales, hay signos evidentes de que en Paraguay se están produciendo cambios positivos que siguen alimentando las esperanzas populares.

El Ministro Bareiro Spaini, un confeso nacionalista de probada lealtad a Lugo, es uno de los primeros beneficiados con la purga de los altos mandos, con los cuales sus roces aumentaron desde febrero pasado, cuando acusó directamente a la Embajadora estadounidense Liliana Ayalde, de ingerencia en los asuntos internos del país.

Esa reacción se produjo después que la jefa de esa misión extranjera, ofreciera una cena al Vicepresidente Federico Franco, cabeza de la oposición al Gobierno, en presencia de dos altos oficiales norteamericanos y de dos colegas paraguayos, quienes se habrían retirado ofendidos por el contenido de la conversación que, a su juicio, fue insultante para el Jefe de Estado y para el pueblo paraguayo.

El titular de Defensa, sin pasar por el protocolo diplomático a cargo de la Chancillería, lo que dio pié a la oposición para desatar una campaña de injurias y convocarlo a la Cámara de Diputados, con la pretensión fracasada de hacerlo rectificar, en pocos días salió de su anonimato y se convirtió en la bandera popular de defensa de la soberanía nacional. La oposición lo amenaza con un juicio político para buscar su reemplazo.

“Paraguay no necesita de la colaboración militar de Colombia y de Estados Unidos”, sino establecer acuerdos de cooperación con los gobiernos amigos y respetuosos de nuestra independencia, declaró Bareiro Spaini ante los parlamentarios enemigos, una especie de inquisidores, con y preguntas cargadas de una condena anticipada.

La postura de Bareiro está siendo duramente combatida por la fraccionada cúpula colorada, por dirigentes del cogobernante Partido Liberal, que se han pasado a la oposición, por el Partido Unace del exGeneral Lino Oviedo y, lógicamente, por algunos de los militares destituidos. Muchos optan por la discreción y el silencio públicos.

Entre los más retrógrados, se habría detectado, aparentemente a tiempo, a algunos comprometidos con bolsones golpistas, a juzgar por los discursos de la derecha más fanatizada y por las nuevas remociones ordenadas por Lugo desde diciembre último.

En ese mes, saltaron los generales Alfredo Machuca, Comandante del Ejército y el Presidente de la Justicia Militar Carlos Liseras, convertido éste último en otro militante político enfrentado al Gobierno, con mucho apoyo mediático.

Liseras acusa a Lugo de transformar el Ejército, del clásico molde “vertical a uno horizontal, encabezado por siete generales de una misma promoción, lo que facilitara el cambio ideológico, para formar unas Fuerzas Armadas revolucionarias, antimperialistas, socialistas y populares”.

El General destronado lo dice, pero ¿será suyo el pensamiento?. No hay que olvidar la ley de hierro de la abyecta obediencia debida, que tanto sufrimiento ha causado entre los pueblos indoamericanos, cuando las distintas escalas de la jerarquía militar fueron incondicionales en el delito y el crimen a la superioridad.

En la cúspide de esa pirámide, había dos cabezas, una local, encabezada por Strossner, y otra foránea, representada por el águila imperial, que volaba siempre sobre el tirano y se posaba cuando y dónde quería, en un operativo de dominación que es el mismo que sigue condicionando a la generación de los Soto Estigarribia y los Liseras.

Foto: Paraguay, Política - El presidente Fernando Lugo con su ministro de Defensa, Luis Bareiro Spaini. / Autor: Presidencia Paraguay

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