lunes, 1 de marzo de 2010

Reflexiones en Rusia sobre la compra de un buque de desembarco francés

Iliá Krámnik (RIA NOVOSTI)

A juzgar por todo, las negociaciones ruso-franceses sobre la compra del buque anfibio de desembarco francés Mistral y la fabricación de otros tres buques más de este tipo bajo licencia en astilleros rusos entraron en la fase final.

El presidente ruso, Dmitri Medvédev, dijo que Moscú está interesado en la compra del Mistral. El contrato en cuestión es objeto de detenida atención no sólo en Rusia y Francia sino también en otros países de Europa preocupados por el posible fortalecimiento de la Armada rusa.

Los buques de desembarco anfibio tipo Mistral dan cobertura, incluyendo la aérea, a la infantería de marina en teatros de operaciones de guerra apartados; desembarcan tropas con lanchas y helicópteros, incluyendo en costas no acondicionadas.

Mistral asimismo puede emplearse como como buque de mando, hospital flotante, base de apoyo logístico en operaciones de paz y en situaciones de emergencia.

El experto militar y director del Centro para el Análisis de Estrategias y Tecnologías ruso, Ruslán Pújov, dijo que sería oportuno comprar el buque tipo Mistral junto con corbetas y fragatas teniendo en cuenta las necesidades de Rusia a largo plazo, porque en los próximos 20 ó 30 años Moscú tendrá que mantener su presencia naval permanente tanto en las zonas costeras como en mares y océanos del mundo.

En esta situación, el buque Mistral se considera un elemento móvil de la infraestructura militar capaz de desplegar rápidamente tropas necesarias en una zona de conflicto y asegurar el cumplimiento de las misiones asignadas.

Además del archipiélago de las Kuriles y el Lejano Oriente ruso en su totalidad, los buques de este tipo pueden estar presentes en otras zonas estratégicas, incluida África, el Sureste de Asia, Antártica y otros sectores de los mares y océanos del mundo, donde pueden surgir conflictos locales que afecten los intereses de Rusia.

La adquisición del buque anfibio francés y su fabricación en serie en astilleros rusos tiene importancia tanto militar como industrial porque supone para Rusia el acceso a modernas tecnologías navales.

Los hangares y cubiertas de carga fueron reducidas en los Mistral para acomodar con todo el confort a hasta 450 miembros de la tripulación y unidades de desembarco. Debido a esto, los Mistral pueden transportar menos helicópteros y material bélico.

Hoy día, el problema prioritario para Moscú y Paris es acordar las posibles modificaciones en el diseño del buque, según los requerimientos de la Marina de Guerra rusa.

Todavía no se ha establecido si se modificará el interior del buque o si se aumentará su nivel de supervivencia. Tales modificaciones, incluido el aumento del espacio de hangares, cubiertas de carga y camarotes para acomodar más tropas de desembarco y emplazar más equipos contra incendios, incrementarán el potencial del buque, y en consecuencia, quedará más preparado para operaciones de combate.

La Marina de Guerra rusa estima que tales ajustes son imprescindibles. Al consensuar todos estos detalles, será posible determinar el precio de venta final. Hoy día, un buque de la clase Mistral (proyecto BPC 160) cuesta unos 400 millones de euro. Este precio, evidentemente, crecerá a raíz de la remodelación.

El precio total del proyecto podría alcanzar unos 2.000 millones de euro, teniendo en cuenta los planes de Moscú de construir tres buques más en los astilleros nacionales.

Las negociaciones ruso-francesas han generado especulaciones políticas de mal gusto. Los líderes de varias naciones limítrofes con Rusia, incluidas Georgia y países bálticos, se muestran preocupados por la posible adquisición rusa, pues, en su opinión, el buque Mistral podría tener en jaque a sus territorios.

En realidad, esta postura refleja su tradicional "complejo político de víctima".

Al especular sobre una supuesta agresión de Rusia, Georgia y las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico, a juzgar por todo, no se preocupan tanto por la seguridad nacional, sino que intentan impedir el fomento de las relaciones entre Rusia y Francia, uno de los líderes de la Unión Europea.

Las élites gobernantes de Georgia, Lituania, Letonia y Estonia parecen no entender lo irracional que sería emplear un buque oceánico tipo Mitral para desembarcar tropas en países pequeños con fronteras terrestres con Rusia y, además, situados cerca de sus bases navales.

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