lunes, 1 de marzo de 2010

Repugnante galardón

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Ya escriben otros sobre la aberración que supone mantener en una democracia, si es que lo es, la aristocracia. Ahora vamos a por los socialistas en esta cuestión. Los socialistas mantienen la aristocracia y no se contentan con ignorarla, es que tratan de exaltarla. Pues esto es lo que hace el gobierno que se dice socialista cuando galardona, en una cuestión que nada tiene que ver con la creación artística sino con la “retención” del Arte, a la española por los cuatro costados Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba.

Vivimos, el pueblo vive, entre la espada y la pared. La pared son justamente las clases privilegiadas, es decir, la aristocracia y la plutocracia. La espada es bien el poder fáctico hecho poder políticode la derecha, bien el poder acomplejado y mimetizado de los falsos socialistas. Estos últimos no se sabe en realidad de dónde salen ni a dónde se dirigen, a menos que el objetivo sea la creación de ocasiones para enriquecerse ellos también algún día. Obsecuentes ante el poder de hecho, ante el de la derecha y ante el imperio, son sumisos ante la realeza y ahora resulta que también babosean con la aristocracia.

González, Almunia, Leguina, Solbes... y todo un plantel de “socialistas” se ganaron a fuerza de engaños ideológicos los votos que les catapultaron a la riqueza que jamás soñaron y que ahora vienen acumulando en puestos de privilegio en la sociedad capitalista. No extraña que los que gobiernan se acuerden ahora de la duquesa de Alba. A buen seguro que ya están calculando las rentas que les esperan una vez dejen el poder o les echen.

Los españoles empiezan a acostumbrarse también a esta clase de fraudes específicamente políticos, como ya lo estaban a los fraudes económicos de todos los pillos, de los estafadores, de los timadores y de la gente mal nacida que si no está en el mundo de la empresa se mete en la política. Los españoles en general se vienen acostumbrando a vivir en un burdel moral que lo abarca todo. En este asunto del dinero y del privilegio todos los que van desfilando por la política parece que estuvieran de antemano consorciados. Por eso no es ya, desgraciadamente, ni siquiera llamativo que la ministra González Sinde haya premiado a la Duquesa de Alba por su extraña contribución al Arte. ¿Se puede ser más rastrero o rastrera, políticamente hablando, galardonando a una sanguijuela de la sociedad porque posee y conserva obras de arte en su mayoría confiscadas u obtenidas mediante el crimen de sus ancestros?

Pensemos que a quien ahora premia con la Medalla de Oro a las Bellas Artes la ministra y el gobierno, es a una persona con apellidos extranjeros que hereda multitud de obras de arte que sus antepasados han ido acumulando desde el siglo XV, las primeras de las cuales arrebatadas con arcabuces y picas por el primer Duque, en los Países Bajos. Lugar donde aún, para atemorizarles cuando hacen alguna trastada se les grita a los niños: ¡Qué viene el Duque de Alba! Que no haría el caballero travestido hoy en la señora Fitz-James Stuart, para haber llegado hasta el siglo XXI repleto de riquezas que ahora el gobierno mal llamado socialista premia tan indecorosa como repulsivamente. Por otro lado, ¿quién, que no pertenezca a las clases privilegiadas o sea oligofrénico, considerará políticamente “correcto”, en los socialistas y en una democracia, encumbrar a una persona tan alejada de la condición del pueblo llano por más campechanía demagoga que se gaste?

Entre unas cosas y otras, estos socialistas parecen impostores.

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