Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)
Y en esto estamos. Como puede comprenderse por la fisiognómica del concepto suicidio anómico, los que más a salvo están de esa amenaza son los que pertenecen a las clases dominantes en poder y dinero. Y a esos especimenes, aunque a ellos no les interese reconocerse como tales, los podemos identificar como los fascistas del siglo XXI mezclados o confundidos con los neoliberales.
El caso es que la derecha y los medios -los medios casi sin más excepción que Público y Globomedia (aunque aun estos no pasan de dar últimamente una de cal y otra de arena que me están exigiendo leerlos y verlos cada vez con más recelo)-, la judicatura, mis vecinos y mis amistades de toda la vida (que porque viven bien y son tan viejos como yo no puede esperarse de ellos otra cosa que acantonamiento a ultranza y abandono de la inteligencia que pudieron tener y de la conciencia que me consta tuvieron, me están haciendo pensar en emigrar a Venezuela o Cuba, donde podría respirar, enrolarme en la resistencia o pegarme un tiro.
En Francia, veintitrés empleados de France Telecom se han suicidado desde que comenzara 2008. Se asocia, con razón, el incremento súbito de suicidios con las condiciones de trabajo. Y es que la desesperación por carecer de lo indispensable, en el capitalismo no supera ni con mucho a la desesperación causada por las empresas que estigmatizan selectivamente a sus empleados de muchas maneras, que no se limitan a despedirlos sino que antes y hasta después les hacen la vida imposible. Y cuando no es así, por ahí tenemos otro ejemplo de mísero papel, el de periodistas de segunda y tercera trabajando en bajos menesteres y dando gracias, cuyo patetismo puede equipararse al que nos inspira un inmigrante sin papeles en busca clandestina de trabajo. Y es que la esclavitud (así la califica Antonio Orejudo) que propone la CEOE para salir de la crisis, no dista gran cosa de la esclavitud ya existente por más que muchos de la “situación” se empeñen en llamar a las relaciones de trabajo de otra manera. Otro motivo que se añade para pensar en el suicidio.
El acoso a Garzón, por parte de la judicatura inducida por P. J. Ramírez, Trillo y Esperanza Aguirre, apunta mucho más alto en la intención. Garzón, por más controvertido que sea, es el brazo judicial que, dentro de la ambigüedad que se desee atribuirle, asoma en el conjunto de su quehacer una decidida voluntad de justicia, sin hacer concesión alguna a ideologías, a creencias y a sobornos. Por más que dentro de los grupos de izquierda, en unas cosas, unos no estemos de acuerdo (la persecución de abertzales, por ejemplo) y otros no estén de acuerdo en otras, Garzón representa al juez Spencer Tracy que persigue hasta el final a los asesinos de Komako. Esto es lo que temen sus enemigos, que tarde o temprano llegue hasta ellos. Esto puede ser también motivo de suicidio, pues si desaparece otro vengador "justo", otro de los pocos dispuestos a hacer que se cumpla la ley (aunque haya leyes que salieron de los intereses espúreos de la suma derecha e izquierda floja), el camino hacia el neoliberalismo oficial y el fascismo encubierto se allanará cada día un poco más. Y cuando queramos darnos cuenta los ciudadanos que ni pinchamos ni cortamos (que somos la inmensa mayoría), nos encontraremos en manos de la “voluntad de poder” nietzscheana que anula toda individualidad. A mí me parece que en eso están...
Cuando la derecha estaba en la Moncloa, llegó un momento en que muchos sentimos señales inequívocas de asfixia, de angustia y de opresión. Fueron demasiados los desafueros, los desafíos y los desgobiernos cometidos con la altanería por los dispuestos a todo. Pese a no estar ahora la derecha (oficialmente) en aquélla, la impotencia que transluce este gobierno para enfrentarse a ella y a los que carecen de todo escrúpulo en la oposición y la judicatura, nos regresa a sensaciones parecidas. ¿Otro motivo de suicidio?
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