lunes, 26 de abril de 2010

Argentina, Entre Ríos: Multitudinaria marcha en Gualeguaychú. El puente vibró con el No a las papeleras

ACTA

La Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú ayer cristalizó su sexta marcha al puente internacional “General San Martín” en una multitudinaria movilización que logró reunir a multitudes que llegaron desde diversos puntos del país para exteriorizar su repudio a la instalación de pasteras sobre el río Uruguay.

Aunque no lo aparentan, nuestras sociedades están pobladas de rituales. Desde el principio de los tiempos, los rituales sirvieron como principio de unidad de las comunidades. Su fuerza radica en el valor simbólico que contribuye a generar respuestas frente a una amenaza. Por ello, el ritual es movilizador y transformador.

Pues bien, la sexta movilización de un pueblo que reclama justicia se convirtió desde ayer en un ritual de los gualeguaychuenses, que se niegan a renunciar a su derecho a la vida. Desde la víspera a la marcha, decenas de asambleístas y simpatizantes de la lucha de los entrerrianos contra la contaminación llegaron hasta Arroyo Verde. El fogón no tardó en aparecer y los presentes, con buenos abrigos para campear el frío, no rehuyeron al diálogo cordial, mientras degustaban los más variados platos de la gastronomía autóctona: asado, sábalo y empanadas. De fondo llegaban los acordes afinados de ritmos litoraleños como el chamamé y la chamarrita de grupos locales y regionales.

A metros de allí, y sobre la ruta, algunas de las comisiones organizadoras de la Sexta Marcha al Puente colocaban los últimos carteles y pasacalles que resaltaban el papel de Uruguay como “violador serial” en el conflicto y a la planta de Botnia como “ilegal”.

La jornada se extendió casi hasta la madrugada, poco antes de que comenzaran a arribar los primeros grupos de asambleístas que, no producto de la casualidad, llegaron con su uniforme oficial de remera negra con el “No a la Papeleras” en rojo. Paulatinamente, se fueron erigiendo los sanitarios de la Cruz Roja; colocando los cestos para los residuos; la carpa para otorgar las acreditaciones a la prensa; y las tiendas de los diferentes medios de comunicación; los puestos culinarios; las banderas de las diferentes agrupaciones ecologistas que adhirieron a la marcha.

La llegada de los primeros vecinos coincidió con la aparición de las primeras columnas de humo de los carritos gastronómicos. La presencia de los ciudadanos era una señal inequívoca para dejar de lado el desconcierto que había generado el fallo adverso de la Corte Internacional de Justicia. El pueblo daba señales de que su bronca e indignación se habían transformado en conciencia luego de más de siete años de lucha. No existe el tribunal, por más prestigioso que sea, que pueda cambiar la certeza de un pueblo que entiende que la contaminación de la ilegal Botnia amenaza su futuro, más allá de que los jueces no adhirieron al principio precautorio, muy necesario cuando se falla sobre cuestiones ambientales.

Ante la lectura de un veredicto ambiguo y que no resolvió sus problemas, la comunidad comprendió que la única forma de erradicar a Botnia es asumiendo sus obligaciones y exigiendo derechos. Es lo que evidenció la proclama que se leyó en la Sexta Marcha al Puente Internacional San Martín: “El fallo de la Corte que ustedes integran, premió al violador y castigó a la víctima”. “Sostenemos que la CARU fue cómplice necesaria en la violación del Tratado por parte del estado uruguayo, ya sea por incapacidad, inoperancia y/o corrupción, y que bajo ningún concepto el control y el monitoreo del emprendimiento ilegal BOTNIA-UPM que pueda hacer la CARU, es garantía en sí mismo de la salud del río y de todos los ciudadanos que habitamos la cuenca”.

La dura proclama contra Botnia, Finlandia, Uruguay, los presidentes Cristina Kirchner y José Mujica, el gobernador Sergio Urribarri y la Comisión Administradora del Río Uruguay, fue leída a pocos metros de la inmensa columna encabezada por la Asamblea Ciudadana Ambiental Juvenil y unos 500 alumnos de escuelas secundarias de la ciudad. Fue acertada la decisión de que ellos sean la vanguardia de la manifestación como depositarios de la lucha ambiental y como los verdaderos dueños de la tierra y de todo lo que nos rodea, haciendo carne ese principio de los pueblos originarios que señalaba que “a la tierra no la heredamos de nuestros mayores sino que la tomamos prestada de nuestros hijos”.

Detrás de ellos y de los referentes de la Asamblea Ambiental aparecieron los numerosos integrantes de la Asamblea del Pueblo de San Telmo, que han sido férreos custodios del “Sí a la Vida” de los gualeguaychuenses. A continuación, hicieron su aparición en escena decenas de agrupaciones ambientales de los puntos más remotos del país. Todos consideran que la lucha contra la ilegal Botnia marca un quiebre en materia ambiental, pero más saben que “nada debemos esperar sino de nosotros mismos”, tal como afirmó José Artigas tras la firma de un tratado.

Más de 20 embarcaciones siguieron los acontecimientos desde el río, la víctima más perjudicada desde que la pastera ilegal abrió sus puertas hace más de dos años. En ese tiempo, la planta ilegal produjo 2 millones de toneladas de pasta de celulosa y fueron emitidas 36.800 toneladas de tóxicos que afectan el ecosistema de uno de los ríos más lindos del territorio nacional.

Como sucede desde hace varios años, Uruguay impidió el abrazo entre los dos pueblos. Con un inmenso como ridículo operativo de seguridad impidió que las asambleas ambientales del Uruguay lleguen hasta la cúspide del puente y se fundan en un abrazo con sus hermanos entrerrianos. Del mismo modo, la administración Mujica dio luz verde a un decreto ley que se activó durante la presidencia de Tabaré Vázquez, quien impidió las reuniones de ciudadanos de Gualeguaychú y Fray Bentos en esta última ciudad. Reprime así la circulación de ideas entre los pueblos y da la espalda a más de 200 años de hermandad.

Con la vista al frente, decenas de miles de personas fueron testigos de las bocanadas de la pastera ilegal que pese al envión jurídico de La Haya no permanecerá mucho más tiempo en una región tradicionalmente orientada a otro modelo de desarrollo. Es que jamás conseguirá la licencia social de los pueblos de Fray Bentos y Gualeguaychú, gendarmes de su bienestar contra los Estados custodios de las grandes corporaciones.

Antes y después de la proclama, en la peregrinación retumbaron los temas clásicos de un repertorio musical que desmitifica aquella idea de que las multinacionales llegan para traer trabajo y de que los informes científicos adversos a sus intereses están equivocados. Sus actividades van en contra del precepto de sustentabilidad por el simple hecho de que, como en el caso de la ilegal Botnia, están entre las más contaminantes del planeta.

Finalizado el acto y tras lanzar otro alarido milenario por la vida, las multitudes comenzaron a bajar del puente. Iniciaron aquel ritual en un estado de conciencia y retornaron en otro. Con paso lento pero seguro, las multitudes quietas y silenciosas habían mutado esa experiencia en conciencia. No hacía falta hablar más, caía el sol y era el momento singular de chicharras, ranas y cientos de aves del río Uruguay, que ofrecieron un verdadero concierto por la supervivencia.

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