lunes, 19 de abril de 2010

Argentina: Tuberculosis y talleres clandestinos

Elena Luz González Bazán (especial para ARGENPRESS.info)

Un círculo nefasto: la tuberculosis y la degradación del sistema de salud público.

Un proceso inconfundible: malas o pésimas viviendas precarias: villas, asentamientos, hoteles, casas tomadas y hacinamiento laboral, mala alimentación y falta total de información constituyen el caldo de cultivo para la tuberculosis.
La falta de tratamiento hará que un enfermo infecte entre 5 y 10 personas por año.
Los inmigrantes de América Latina que vienen de lugares con tuberculosis y que trabajan en condiciones miserables, explotados y hacinados trasmitirán la tuberculosis.
En un informe del Hospital Piñero se afirma que el Sur de la Ciudad de Buenos Aires, en cuanto a los niveles de infección, sólo se compara con las regiones más pobres de África. Esto es producto del régimen esclavista de las grandes marcas de ropa. El trabajo esclavo en los talleres clandestinos que pululan en nuestra ciudad y el conurbano bonaerense verificables en la actualidad.

Varios factores coadyuvan para que esta situación esté al límite y aún no haya tocado fondo, lamentablemente.
Por un lado, las herencias de la última dictadura militar en materia de la eliminación considerable de camas en el hospital Muñiz y en otros hospitales.
Por otro, los noventa dejaron a la salud pública a merced de inexistentes controles sanitarios y sobre pasada por el negocio de la medicina privada.
En tercer término y no menos importante, la impunidad que gozan los talleres clandestinos, porque la justicia en este tema mira hacia otro lado.

Un informe elaborado en el hospital Piñero, denominado “Veo, veo ¿qué ves?: tuberculosis ¿otra vez?”, deja en evidencia cifras alarmantes.
En el área programática del hospital Piñero se informa que, en el sur de la Ciudad, se detectó una tasa de infección de tuberculosis de 141.46 cada 100 mil habitantes. En 1999 era de 33.1 cada 100 mil habitantes.
El promedio a nivel nacional es de 50 casos cada 100.000. Años atrás era de 30 cada 100.000 habitantes.
O sea, en el Sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se concentra la tasa más alta de tuberculosis de toda la República Argentina, esta realidad es similar a la provincia del Chaco en la zona del impenetrable.

En forma más pormenorizada se sostiene que del análisis de 251 planillas surge que el 50.50 por ciento de los pacientes son de la Ciudad y el resto del conurbano bonaerense.
Tomando los casos de la Ciudad de Buenos Aires: 2.155 registrados el año pasado, o sea, en el 2009, se verifica lo siguiente:

Pertenecen al área programática del Piñero
El 37,3 por ciento: 406 casos.
En esta situación más que alarmante están involucrados los talleres textiles, que operan en forma clandestina y se nutren de mano de obra inmigrante que trabaja en forma esclava, este trabajo es requerido por las grandes marcas de indumentaria.

TUBERCULOSIS OTRA ENFERMEDAD DE LA POBREZA
Este fue el título de uno de los tantos trabajos que entregamos en estos años. Ahora más ratificado y que nos avala la misma ciencia médica, cuando desde el hospital Piñero, sus responsables aseveran que: “Todos sabemos que la tuberculosis está relacionada con la pobreza, falta de alimentación, hacinamiento y tipo de trabajo”. Si alguna duda quedaba, las responsables médicas del Hospital Piñero no tienen medias tintas para sostenerlo.

Igualmente, en el periódico mensual Mundo Hospitalario, Zulma Pisera afirma: En esta área hay mucho trabajo esclavo por los talleres de costura y esto hace que se dificulte el control de esta enfermedad, Pisera es médica pediatra con orientación en neumología.
Además, detalla en el diario de la Asociación de Médicos Municipales que “en los últimos dos meses tuvimos dos chiquitos en una misma escuela con tuberculosis grave, y el mes pasado de otra escuela. Esto habla de que la enfermedad no está controlada”.

Volviendo al informe del Piñero este fue elaborado por la jefa de Microbiología, la jefa de Neumofisiología, una bioquímica especialista en tuberculosis y otra pediatra orientada en neurofisiología, con una conclusión más que preocupante: “Las cifras son similares a las de África subsahariana o a las del Impenetrable Chaqueño”, confirmó Lucrecia Campos, neumofisióloga, quien describe el trabajo con pacientes reducidos a la servidumbre en los talleres textiles: “Es muy difícil acceder a esta población. Los pacientes no dan las direcciones exactas de donde viven, y tampoco se puede entrar a los talleres. En esta zona hay cada vez más migración, y cuando llegan, engañados con la promesa de trabajo, de lo primero que se enteran es de que están enfermos; y al evaluarlos nos damos cuenta de que padecen tuberculosis desde hace seis meses, por ejemplo, y han venido en un micro durante 36 horas, siendo bacilíferos positivos, o sea, contagiando”, concluyen.

LA DEBACLE OCUPACIONAL
La desocupación acompañada del trabajo precario, en negro, tercerizado, y con la llegada de una inmigración de los países limítrofes sin documentación fue el caldo de cultivo de los grandes fabricantes, en este caso, los fabricantes de ropa, que como en otros momentos históricos, evadieron impuestos, se camuflaron, como afirma la Defensoría Porteña, subcontratan y evitan las cargas sociales e indemnizaciones y otras, logrando por medio de la coerción y el trabajo esclavo una forma de enriquecerse sin ningún castigo legal y protegidos por la misma ley.
Es común el planteo de la calle que los inmigrantes vienen a sacar trabajo a los argentinos, en realidad hay una trama nefasta donde necesitan de esta mano de obra para lograr los frutos económicos que tienen. El trabajo precario de los argentinos es suficiente y además, estas marcas escudadas en los talleres clandestinos, presionan y actúan coercitivamente sobre la masa laboral inmigrante y sin documentación, de esta forma logran las largas jornadas y la sumisión total a las reglas que imponen las patronales de los talleres.

Estos talleres son de la muerte. Así lo afirma la Defensora del Pueblo de la Ciudad, y continúa: Hace por lo menos una década fue instalada una industria textil basada en talleres camuflados en viviendas. “La clave económica son los intereses de los fabricantes de ropas. Con este sistema de subcontratación no pagan impuestos, cargas provisionales, y sobre todas las cosas, las responsabilidades (ley 12.713, regula el trabajo domiciliario) de la explotación salvaje.

También afirman: ¨Resisten los grandes fabricantes y cuentan con el apoyo del Estado nacional y Ciudad por omisión¨, dice en la megacausa en manos del juez Julián Ercolini, quien debe investigar a marcas de ropa de primer nivel.
En tanto, el abogado de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, Mario Ganora, especializado en trata y trabajo forzoso, dice que es un negocio que supera los 700 millones de dólares al año. El régimen neoesclavista de producción textil ha dejado una cruel huella en el sistema de salud porteño, concluye.
Hace ya tres años que el abogado Ganora aportó, con la firma de la defensora del Pueblo porteña, Alicia Pierini, una investigación realizada por el Instituto “Profesor Dr. Raúl Vaccarezza” de la Universidad de Buenos Aires. Este trabajo titulado “Inmigración y tuberculosis” da cuenta que “los pacientes que provienen de países con alta tasa de proporción de tuberculosis (Bolivia y Perú) se infectan en su país de origen y las condiciones sociales locales favorecen el desarrollo de la enfermedad”.

LAS PERSONAS INFECTADAS
Casos que son seres humanos con un problema que requiere una atención imprescindible y justa, pero que sin embargo, tal lo plantean desde la Defensoría y el sentido común lo marca: faltan políticas de Estado para lograr erradicar esta enfermedad y que no aumente de la forma exponencial que viene dándose.

La hija de Martina Amachy, madre soltera y con el apoyo de su hermana Santaza, tiene desde los 2 años tuberculosis, ahora tiene cinco años. “Mi hijita, a los dos años y medio, se contagió. Yo no lo sabía pero los costureros que la alzaban y besaban en casa la contagiaron”, su realidad es alquilar una pieza en una casa que a su vez tiene un taller clandestino. Allí viven 25 personas. “Esos costureros no lo hicieron de maldad. Quizás ni ellos sabían que tenían tuberculosis. Pero mi hijita ahora se enferma todo el tiempo. La enfermedad la debilita. Pasa un mes y puede estar bien. Pero vuelve a caer si cambia el clima. Hay que ser muy cuidadosos con la comida”.

Además dice que muchos padres no cumplen con la planilla de atención, cuidados y visitas al hospital. “Muchos prefieren seguir trabajando. Es que dicen que pierden tiempo en el hospital, y lo mismo para anotarlos en los jardines de infantes. Hay muchos que dejan a sus hijos en el taller. Dicen que necesitan trabajar y así es que desatienden a sus hijos”.
Martina cuenta que la directora del jardín del parque Avellaneda, ubicado a pocas cuadras de La Alameda, le pidió silencio respecto a la tuberculosis. “Es por la paranoia de los padres”, se justificó la directiva. Martina revela este dato en otro momento de la entrevista. Alrededor suyo otras costureras inmigrantes escuchan y opinan. Olga Cruz, referente de la cooperativa, dice que la directora no debe hacerla callar. Que se debe hacer algo. Y le dice a Martina que hable acerca de la chica que falleció por tuberculosis en su casa.
Otro caso fue el de Mariam con 19 años, terminó sus días en el hospital Muñiz. Las piezas son chicas, el taller, las máquinas y así los jóvenes beben y es puro hip hop afirma Martina.
El taller fotografiado por la Noticias Urbanas está en Martínez Castro 1141, y que de ese taller provenía Mariam, pero nadie fue, ni inspeccionó, ni llegaron médicos, todo siguió igual luego de la muerte de la joven.
También se revela en estas entrevistas que son insultadas, les restringen el uso del agua, el gas y la luz, que muchas mujeres viven en estos espacios y van a trabajar a otros talleres.
Simona Velazco, cuenta luego de largo tiempo de charla con Martina que su hijo de 19 años, Imber también había muerto de tuberculosis. “Imber tenía 19 años. En abril de 2007 murió. Vómitos, fiebre, decaimiento. Imber, cuando podía, comía, pero lo botaba. Las enfermeras de la salita venían a La Alameda. Pero mi hijo no quería verlas. Estaba en el taller de un coreano. ‘Mami, necesitamos pagar el alquiler. No puedo ir’, me decía. Transpiraba mientras trabajaba. No quería entrar cuando fuimos a la salita. Se negaba, hasta llegó a tener visiones. Pude ir al final con él a la salita. Dos horas estuvimos esperando y los médicos no vinieron. ‘Mami, pedí permiso al coreano y me va a descontar’, me dijo, y se fue de la salita”. La tuberculosis de Imber llegó a su cabeza. “Los ojos se le volteaban. Yo usaba una pieza con todos mis nueve hijos juntos; platos, cubiertos, todo junto, porque cuando a Imber lo hice aparte, como dijo la doctora, él se enojó.” Cuenta que en el caso de su hijo toda la familia fue revisada y hay constancia de eso en el colegio. “En los colegios siempre saben pero ellos también callan, o nos dicen a nosotros que no digamos nada”.

Deasy Cahuapasa, otra de las costureras que fue reducida a la servidumbre en un taller textil, cuenta que en la escuela 17 D E 11 hubo un caso de tuberculosis hace un tiempo. “Después de eso analizaron a todos los chicos de séptimo grado y nada más”.
Hay un Centro de Salud a una cuadra de La Alameda, en Directorio y Lacarra, pero folletos o indicaciones sobre la tuberculosis no llegan, ni hay, ni nadie se preocupa. Esto se afirma desde La Alameda.

No es casual que la zona más afectada sea el sur de la Ciudad, por el contrario, esta zona fue un cordón industrial importante, es la parte de la ciudad en peores condiciones en todos los aspectos: vivienda, educación, condiciones sanitarias, recolección de basura, mantenimiento de los espacios verdes, asentamientos, villas, hoteles, inquilinatos, casas tomadas, todo está concentrado. LA TUBERCULOSIS TAMBIÉN.

FUENTES: 24 horas, La Nación, La Alameda, Defensoría porteña, Noticias Urbanas, Fuentes propias

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.