lunes, 19 de abril de 2010

El Salvador: Lo último que se debe perder es la fe

Eugenio Castro (COLATINO)

“La Fuerza Armada llegó y rodearon la casa. Llegaron todos armados y entraron dos. Un día antes habían intentado meterse pero no pudieron, pero ese día si pudieron. Unos nos encañonaron desde las ventanas y entraron, nos amarraron de los pulgares, también a mi mamá, nos pusieron boca abajo y nos golpearon”, relata entre llantos y sollozos Rosa Miriam Menjívar, que junto a su hermano José Mario se han reencontrado con su pasado.

Los dos, junto a su madre, originarios del Cantón El Jícaro, en Chalatenango y miembros de una familia de militantes del FMLN, se vieron obligados a huir a raíz de la represión del Ejército en esa zona a principios de los 80´s; por lo que fueron reubicados junto a una célula guerrillera que operaba dentro de una residencia privada en Apopa, hasta que fueron separados de su madre.

En 1983, los militares allanaron la vivienda, por estar “bajo sospecha de actividad subversiva”. José Mario aún recuerda que a las ocho de la noche tocaron la puerta y dijeron “¡abran la puerta es el Ejército!. Un muchacho que nos decían que era tío de nosotros alcanzó a escaparse, los que quedaron en la casa, entre ellos mi mamá, fueron golpeados con el fusil, a uno de ellos le rompieron la cabeza”.

“Con mi hermano estábamos en el cuarto, yo fui a espiarlos para ver que le iban a hacer a mi mamá, ella estaba recién operada de un ojo porque padecía cataratas, era una señora de años y no tuvieron compasión de ella. Los sacaron de la casa y mi mamá gritaba ¡mis hijos, mis hijos!, mientras nosotros llorábamos en el cuarto”.

Esa fue la última vez que los hermanos Menjívar supieron de su madre y de alguien de su propia familia. Los dos pequeños de 8 y 4 años, eran hijos de Petronila Menjívar, que fue asesinada posteriormente al allanamiento porque había sido capturada dentro de una casa de seguridad del Ejército Popular del FMLN, en Apopa.

Rosa Miriam y José Mario, conocidos con los seudónimos de Silvia y Aníbal fueron milagrosamente entregados por el oficial a cargo del operativo a una familia vecina.

“No sé porque no nos llevaron” recuerda “Aníbal”. “Vieron que una vecina nos regaló un plato de comida y tomaron la decisión de depositarnos en esa vivienda”. De esa forma Aníbal y Silvia perdieron contacto con padres biológicos y la familia a la que el Ejército los había entregado se convirtió en su nueva familia.

Los dos crecieron dentro de su nuevo hogar adoptivo hasta la adultez, sin renunciar a la idea de encontrar nuevamente a sus parientes. Por años buscaron e investigaron en Alcaldías y otras instancias sin mayores frutos, todos esfuerzo era en vano debido a la falta de datos para dar con el paradero de su verdadera familia.

“No pasaba por mi mente llegar hasta este momento, ya había dado por concluida la búsqueda de familiares, la información que yo tenía era que mi nombre era Aníbal Flores”, asegura José Mario, hoy un joven de treinta años de edad.

Lo que los dos hermanos no sabían era que provenían de una familia de 9 hermanos y que Carlos Menjívar, uno de ellos, ya había contactado a la Asociación Pro Búsqueda de niños y niñas desaparecidos hace años, pero la ubicación no se dio hasta que un informante que tenía conocimiento de la familia adoptiva los reconoció, “fue así como la investigadora se acercó a esta familia”, asegura Ester Alvarenga, Coordinadora General de Pro Búsqueda.

Ahora, después de casi 30 años de mantener la fe y la esperanza, José Mario y Rosa Miriam se reúnen con su familia biológica y a la vez se ven bendecidos con la unión de dos familias que fueron nobles al tratar de mantenerles vivos aquellos vínculos de amor que ni la misma guerra con sus atrocidades y barbaries pudieron deshacer.

Pro Búsqueda sigue incansable en el hallazgo de más desaparecidos

La Coordinadora General de la Asociación Pro Búsqueda, Ester Alvarenga, acepta que el esfuerzo de reunir información que ayude a localizar más familiares de víctimas de desapariciones forzadas es intenso y que se necesita de una labor combinada con el Estado, con sus gobernantes y los entes que estuvieron más involucrados en el conflicto y que podrían colaborar con datos como la Fuerza Armada o la misma Cruz Roja.

“El trabajo de Pro Búsqueda es noble, duro y complejo, dado que todavía el Estado no ha dado indicios de hacer acciones concretas para la investigación, es un trabajo complejo porque tiene que ver con víctimas de desaparición forzada, protegida, amparada y ordenada por el mismo Gobierno, los resultados investigativos de Pro Búsqueda comprueban la práctica de la desaparición”, asegura Alvarenga.

“El estado tiene una gran responsabilidad moral, ética, política y jurídica, de poder dar esa información que sirva para dar con el paradero de tantos jóvenes y también de tantos niños que, si fueron asesinados, nos digan donde fueron asesinados porque las familias tienen el derecho elemental de saber la historia, la verdad de que fue lo que pasó”.

En enero de este año, el Presidente de la República firmó un Decreto Ejecutivo para la creación de la Comisión Nacional de Búsqueda, que desde 1999 Pro Búsqueda viene exigiendo a la Asamblea Legislativa.

“Ahora, el señor presidente se ha comprometido a crearla, y hasta hoy aun no ha sido creada, no se ha visto nada claro de que esta comisión vaya a funcionar para investigar más casos”.

Esta asociación considera que el Estado está obligado a reconocer materialmente los daños ocasionados y que es necesario que se creen programas de reparación moral y material, además de las reparaciones simbólicas como reconocer y nombrar parques, escuelas, calles, centros culturales con nombres de los niños y las niñas que fueron desaparecidos, la sentencia del caso Serrano Cruz estableció esta última medida reparativa a favor de las víctimas.

Para la Coordinadora de Pro Búsqueda, es una obligación del Estado el cumplimiento de la medida de reparación a favor de las víctimas, y estos paso aportarían a la reconciliación nacional. “Nosotros no podemos hablar de democracia ni de construcción de paz, si existe una deuda pendiente del pasado. Aquí todavía hay familias esperando”, concluyó.

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