lunes, 26 de abril de 2010

España: La democracia contra el pueblo

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Conocemos la teoría: la democracia es el gobierno del pueblo a través de sus representantes constituidos en tres poderes nominalmente independientes: legislativo, ejecutivo y judicial.

Y en la española aún hay otro que les precede: el poder constitutivo, aquel compuesto por unos cuantos a cuyo frente estuvo Fraga Iribarne que había sido ministro de turismo primero y luego de la gobernación con Franco. ¿Creeremos que un hombre clave en el franquismo no dispuso las cosas como las deseaba quien fue “su” dictador? El caso es que todos aquellos “padres” se concertaron para introducir una Constitución que adoptaba como forma política del Estado español la monarquía parlamentaria, según se expresa en su artículo 1.3: lo que había dispuesto el dictador, viniendo luego luego todo lo demás...

Pues bien, desde entonces los tres poderes vienen confabulados de una u otra manera contra el pueblo. Cada uno en su respectiva competencia. Hasta ahora no era flagrante, aunque los más avisados se habían dado cuenta. Pero ahora ha salido, al fin, el pus de una herida que nunca ha estado cerrada. El legislativo promulgando leyes sustantivas que aseguren el bipartidismo como la Ley Electoral que ningunea a amplísimas porciones del pueblo; el ejecutivo negándose a reformar la Ley de Amnistía, cuando es ella la que ha dado alas a la ultraderecha falangista para impedir el cumplimiento exhaustivo de la Ley de Memoria Histórica. Y el Poder judicial situado en esta ocasión en el Tribunal Supremo, como encargado puntual de aplicar ese impedimento.

Quizá todo esto está sucediendo porque, como dice Douglas R. Hostadter un sistema no puede comprenderse absolutamente a sí mismo. Pero yo más bien creo que es porque el poder siempre sólo es uno, nada más que uno, y no es divisible pese a esa separación teórica formulada por el barón de Montesquieu que, dicen, configura a las democracias modernas.

El caso es que el pueblo, en España, es siempre el que pierde. Las clases dueñas de la hacienda y del dinero no son pueblo. Son las que dominan. El pueblo no es el pueblo eternamente triunfante venido del franquismo y antes llegado de las monarquías absolutas sino el pueblo perdedor, el pueblo hijo de aquel otro pueblo sepultado a pistoletazos en las cunetas por los mismos que ahora tratan de cerrar las puertas al pasado. El pueblo es ése, y, además, el mal pagado en la paz que vive a expensas de las concesiones que le hacen los empresarios ricos y perfectamente situados, políticos que se blindan a medida que desfilan, y jueces que amparan a unos y otros.

Así pues, estar contra el Tribunal Supremo que juzga a Garzón no es estar con Garzón. Empezamos porque quienes soñamos con la Edad de Oro cervantina, aquella en que “...la justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, ni quién fuese juzgado”, detestamos la función de juez. Y con mayor motivo cuando es el mismo juez que se ha dedicado a perseguir, en nombre de leyes que él no ha hecho pero de las que se ha constituido en verdugo, a los vascos insumisos que levantan la cabeza y no se rinden.

Estar contra el Tribunal Supremo, digo, es estar contra la arbitrariedad. Y arbitrariedad es –hay muchos juristas y políticos que la llamarían así si no fuera por temor a no significarse- sentar en el banquillo a Garzón. Garzón, un juez, que de este modo se ha convertido paradójicamente en el símbolo del contra franquismo, el símbolo de la contrajusticia, de la injusticia, del capricho y de la veleidad de los juristas. Eso es lo que denunciamos y por eso nos manifestamos, clamamos y bramamos.

Hasta que grandísimas porciones del pueblo no sientan que son atendidas, oídas y respetadas, la democracia española -digan lo que digan los señores de la paz forzada- es una democracia que en varias materias da la espalda al pueblo y niega a buena parte del pueblo derechos reconocidos por leyes universales pero que le son negadas por sus tres poderes...

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