miércoles, 21 de abril de 2010

La prioridad en zona de promoción

Carlos del Frade (APE)
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“Los chicos, prioridad 1”, dice la publicidad oficial en cada pantalla que reproduce el fútbol para todos.Ese cartel es la continuidad de la llamada asignación universal por hijo de 180 pesos mensuales propuesta e impulsada por la administración de Cristina Fernández.En términos futboleros, ser la prioridad 1 sería pelear el campeonato del presupuesto.Estar en serio entre las principales inversiones del gobierno.Sin embargo, la llamada prioridad 1 está en promoción con serios riesgos de irse al descenso directo.De acuerdo a la información periodística, Ernesto Kritz, director de la Sociedad de Estudios Laborales, “una familia tipo -matrimonio y dos niños- cubre hoy con el programa de asignación por hijo sólo el 30 por ciento de la canasta básica de alimentos, valuada en 963 pesos en marzo. En cambio, en junio de 2002 esa familia con un plan jefe de hogar de 150 pesos compraba el 53,5 por ciento de la canasta de alimentos, cuyo costo entonces era de 280 pesos mensuales”.El cálculo está basado en que cada chico recibe 144 pesos mensuales y el resto que completa la suma de ciento ochenta pesos es depositado en una cuenta y es retirado cuando los padres presentan los certificados de escolaridad.Para el periodista Maximiliano Montenegro, “los casi 10.000 millones de pesos que se destinarán este año al subsidio a la niñez parecen una cifra monumental en comparación a otros planes sociales del pasado. Sin embargo, en un contexto inflacionario, siempre se corre el riesgo de la “ilusión monetaria”: es decir, que la magnitud nominal de las cifras conduzca a conclusiones equivocadas. Según un estudio de Giselle Cogliandro, de la Fundación Siena, el subsidio a la niñez, más otros planes sociales (el seguro de capacitación y empleo; el plan familias, y lo que queda del jefes de hogar), en total 13.471 millones de pesos, representan este año el 4,9 por ciento del gasto público total”, apunta la nota.De tal forma el plan jefas y jefes de hogar de 2003 que representaba el 6,6 por ciento del gasto total del presupuesto es mayor de lo que significa la actual asignación universal por hijo.Es decir que la famosa prioridad 1 no parece tener semejante grado de importancia en el total del presupuesto de la administración kirchnerista.Pero como los números tienen memoria, es necesario recordar que estas cifras tienen en el archivo una postal inquietante.Cuando se hizo una de las tantas marchas del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo hasta el corazón palpitante de la historia argentina que es la Plaza de Mayo, el entonces presidente de la Nación, el doctor Néstor Kirchner, decidió no recibir a la conducción de la organización ni a los pibes porque eligió sacarse fotos con el basquebolista Manu Ginobili. Aquella decisión fue toda una postura política que ahora se enmascara en una ayuda que es mucho menor a la que reciben las grandes empresas, a las que concentran la riqueza de los argentinos.Como se verá, en el país en donde alguna vez los chicos eran los únicos privilegiados, los números que reflejan la estatura real de la preocupación del gobierno por esos mismos pibes están muy lejos de ser la verdadera prioridad número 1.Los pibes, una vez más, parecen estar más cerca de la promoción o el descenso directo al infierno cotidiano que de ganar el campeonato de la felicidad.Fuente de datos:Diario Crítica de la Argentina - 14-04-10Edición: 1751(APe).- “Los chicos, prioridad 1”, dice la publicidad oficial en cada pantalla que reproduce el fútbol para todos.

Ese cartel es la continuidad de la llamada asignación universal por hijo de 180 pesos mensuales propuesta e impulsada por la administración de Cristina Fernández.

En términos futboleros, ser la prioridad 1 sería pelear el campeonato del presupuesto.

Estar en serio entre las principales inversiones del gobierno.

Sin embargo, la llamada prioridad 1 está en promoción con serios riesgos de irse al descenso directo.

De acuerdo a la información periodística, Ernesto Kritz, director de la Sociedad de Estudios Laborales, “una familia tipo -matrimonio y dos niños- cubre hoy con el programa de asignación por hijo sólo el 30 por ciento de la canasta básica de alimentos, valuada en 963 pesos en marzo. En cambio, en junio de 2002 esa familia con un plan jefe de hogar de 150 pesos compraba el 53,5 por ciento de la canasta de alimentos, cuyo costo entonces era de 280 pesos mensuales”.

El cálculo está basado en que cada chico recibe 144 pesos mensuales y el resto que completa la suma de ciento ochenta pesos es depositado en una cuenta y es retirado cuando los padres presentan los certificados de escolaridad.

Para el periodista Maximiliano Montenegro, “los casi 10.000 millones de pesos que se destinarán este año al subsidio a la niñez parecen una cifra monumental en comparación a otros planes sociales del pasado. Sin embargo, en un contexto inflacionario, siempre se corre el riesgo de la “ilusión monetaria”: es decir, que la magnitud nominal de las cifras conduzca a conclusiones equivocadas. Según un estudio de Giselle Cogliandro, de la Fundación Siena, el subsidio a la niñez, más otros planes sociales (el seguro de capacitación y empleo; el plan familias, y lo que queda del jefes de hogar), en total 13.471 millones de pesos, representan este año el 4,9 por ciento del gasto público total”, apunta la nota.

De tal forma el plan jefas y jefes de hogar de 2003 que representaba el 6,6 por ciento del gasto total del presupuesto es mayor de lo que significa la actual asignación universal por hijo.

Es decir que la famosa prioridad 1 no parece tener semejante grado de importancia en el total del presupuesto de la administración kirchnerista.

Pero como los números tienen memoria, es necesario recordar que estas cifras tienen en el archivo una postal inquietante.

Cuando se hizo una de las tantas marchas del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo hasta el corazón palpitante de la historia argentina que es la Plaza de Mayo, el entonces presidente de la Nación, el doctor Néstor Kirchner, decidió no recibir a la conducción de la organización ni a los pibes porque eligió sacarse fotos con el basquebolista Manu Ginobili. Aquella decisión fue toda una postura política que ahora se enmascara en una ayuda que es mucho menor a la que reciben las grandes empresas, a las que concentran la riqueza de los argentinos.

Como se verá, en el país en donde alguna vez los chicos eran los únicos privilegiados, los números que reflejan la estatura real de la preocupación del gobierno por esos mismos pibes están muy lejos de ser la verdadera prioridad número 1.

Los pibes, una vez más, parecen estar más cerca de la promoción o el descenso directo al infierno cotidiano que de ganar el campeonato de la felicidad.

Fuente imagen: APE

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