lunes, 19 de abril de 2010

Los hilos de la supervivencia

Claudia Rafael (APE)

Una estimación del gobierno provincial, es decir, números oficiales, habla de casi 1000 asentamientos precarios en el Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) con más de dos millones de habitantes. Casi una ironía. Pero no lo es. Es un poco menos de la mitad de toda la población uruguaya. El doble de la de la ciudad de Córdoba o de Rosario. Algo más de dos millones de personas. O dicho de otro modo, poco menos del 25 por ciento del total de la población del AMBA.

Más de dos millones de precariedades. De techos enclenques y vulnerables a la más tenue de las lloviznas o los vientos. Más de dos millones de almitas resquebrajadas por la nada más insolente. Cartones rígidos o arqueados. Maderas o chapas más o menos firmes o profundamente endebles. Bloques que se sueñan con futuro de construcciones a medio terminar. Y barros profundos como caminos que entrecruzan las vidas de sus pobladores.

Lejos muy lejos, desde escritorios firmes y sólidos hablan los funcionarios. No se ruborizan siquiera cuando enuncian los números de la indignidad. Pétreos, imperturbables, anuncian estimaciones que, de todos modos, aclaran, se tratan sólo de proyecciones. Proyectar la pobreza, la inequidad, el desvalimiento. Darle a los números perspectivas que se ornamentan con promesas que saben, a la hora del discurso, se terminarán diluyendo en vanos océanos de crueldad.

El ministro de Desarrollo Social bonaerense, Baldomero Alvarez de Olivera aclara -dice el diario La Nación- “que los niveles de irregularidad y la inexistencia de fuentes confiables hacen que la cuantificación del fenómeno sea tan sólo una proyección sin datos certeros”. Pero que los cálculos toman como basamento un estudio de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNSG) que registró hasta 2006 un total de 819 villas y asentamientos en los 25 distritos del AMBA, que incluye a la Capital, donde hay 23 villas.

Las ciudades tienen sus espacios clandestinos que crecen y se extienden transgresoramente. Sin pedir permiso se abren camino a los codazos. La pobreza es así. Irrumpe y se planta sin más. Se estimula con andanzas callejeras que van sumando brazos y piernas a sus huestes.

Tanto es así, que entre 2001 y 2006 la población general del AMBA aumentó en un 6.6 por ciento al pasar de 8.6 a 9.2 millones de habitantes mientras que las villas se multiplicaron en un 57.5 por ciento.

Es que el estudio de la antropóloga María Cristina Cravino, en el que se basan los cálculos del ministro, ubicó 1.051.519 personas en villas y asentamientos precarios hacia 2006. En 2001 eran alrededor de 450.000 y en 2010 más de dos millones.

Cravino fue clara: “Hicimos la estimación más conservadora posible para evitar caer en el amarillismo”.

“Uno de los fenómenos que hizo crecer mucho los barrios informales fue la flexibilización laboral de los 90”, remarcan desde el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense. Esa es la causa, dice el ministro. La respuesta que no está dada es porqué a más de 20 años del germen no se le pudo poner freno.

El gobierno provincial sigue hablando de planes de urbanización. Dice que a “mediano plazo” aspiran a construir 35.992 viviendas en los barrios “más populosos y conflictivos instalados a orillas de las cuencas de los ríos Matanza y Reconquista, considerados como prioridad para el programa”. Según sus propios cálculos viven en cada vivienda de los asentamientos cuatro personas. Entonces las matemáticas concluirían que a mediano plazo se dará vivienda digna a 144.000 habitantes dentro del universo de más de dos millones. Explican que es “imprescindible partir de un censo en cada lugar porque esto es lo que permitirá planificar y desarrollar acciones, detectar los casos más críticos y poder avanzar. Nuestro criterio es priorizar zonas inundables y con basurales”.

La urgencia es ya. Mientras tanto, Gerardo López Arrojo, subsecretario de Políticas de Inclusión Social anuncia que hay 500 millones presupuestados para este año para el plan nacional de Urbanización de Villas del Ministerio de Planificación y ya existen convenios por otros $ 1500 millones. Y un préstamo por otros 700 millones de dólares.

Palabras que los hombres y mujeres que fatigan cotidianamente sus precariedades sienten e intuyen como vanas. Saben que se diluirán en el tiempo como tantas otras promesas. Después de todo, la historia los ubicó en el creciente lugar de la exclusión imprescindible para la subsistencia de un sistema que se enreja en un paraíso para pocos. Un sistema cuyo perfecto basamento se aceita a diario con los millones que en los márgenes se encuentran a la deriva. Necesitados de ese brazo que, cada tanto, le acerca dádivas que sólo prolongan la agonía. Pero que sirven acabadamente a la continuidad de las prácticas clientelares que resultan domesticaciones medulares para que los mismos, eternamente los mismos, muevan las piezas para su propia supervivencia en el manejo de los hilos del poder.

Fuente imagen: APE

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