miércoles, 14 de abril de 2010

Quito secreto II

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El arte de Marcela García

Partir hacia Quito a los dos días de haber recorrido la zona destruida por el terremoto en Chile, significó una parábola extraña. Aunque estaba planificado me parecía impropio salir en un momento así. Al mismo tiempo, impactado por la visión de los bordes costeros arrasados por el maremoto en Chile, y decenas de cuadras reducidas a escombros, sintiendo a la gente, fue instintivo querer estar más cerca del cielo en los casi 3000 mil metros de la capital ecuatoriana.

El turismo no ha caminado conmigo, y cuando he visitado ciudades, selvas, estepas, o páramos, ha sido porque me enviaron para hacer algo y esta ciudad había sido esquiva. Esta vez tampoco era turisteo. Continuaba en la búsqueda de apoyo para proyectar la obra y el legado del escritor Francisco Coloane (mi padre), en el año del centenario de su nacimiento. Cabo de Hornos, Tierra del Fuego, Golfo de Penas, El Camino de la Ballena, son algunas de sus obras.

“Esta ciudad es larga porque se fue construyendo como en un corredor rodeado de montañas”, así la describe Marcela García, fotógrafa ecuatoriana con potente mirada y de gran envergadura artística, multifacética además.

Acomodando una agenda concentrada en el ambicioso proyecto de recrear literaria y artísticamente la riqueza de Potosí y las sendas del despojo, su disposición me permitió ver un Quito para mí secreto.

Con galardones en Europa y América Latina, y una vasta trayectoria cultural, su trabajo fotográfico gravita más allá de lo meramente visual: hay como una historia social y una anticipación detrás de todo. Se puede palpar en su portal www.fotomarcelagarcia.com . El aire y el espacio de la luz es un sello que circunda en sus escenarios multiformes iluminados con una precisión de impactante belleza.

Se expresa la riqueza del Ecuador en la posibilidad humana frente a la diversidad de la naturaleza, y también hay parajes de otras tierras proyectadas en imágenes que navegan y se pierden en el horizonte. “Es la mezcla de los sentidos en diferentes ámbitos” afirma María José G. Minguet, una pintora que vio en las composiciones gran prolijidad y al mismo tiempo sorprendente calidez. Mientras color y luz armonizan en paisajes que remecen por la originalidad de la composición, los retratos son penetrantes. El de Alejandra Kennedy impresiona y evoca a Tina Modotti. Eduardo Galeano está expuesto tal como lo percibo: corrosivo, ácido, buscando el lado oscuro de la vida y el reclamo una forma de vivir. Gandhi reclamó pero refundó cientos de aldeas y nunca se le vio con esa mirada.

En su producción “Ecuador. Paisajes Íntimos” (2008), la variada exposición de personas, animales, hábitats y situaciones, es una reafirmación de ese estilo. A través de composiciones aireadas en luminosidad y colorido, se logra que no haya artificio ni pretensión pictórica; no parecen cuadros ni fotos, son expresiones que comunican, y es el (nuestro) ojo poderoso y fino instalado en el escenario de un Ecuador abierto y secreto a la vez.

Marcela me hizo conocer uno de los secretos mejor guardados en el histórico y tradicional barrio de San Marcos. Allí está Matías Abram y su casa, ubicada en calle Junín, un ensueño para el esteta, la individualidad libresca, y el coleccionista. Respetado académico y lingüista de Bolzano, con más de medio siglo en Ecuador, montó su morada en una joya arquitectónica “republicana colonial” y la ornamentó con objetos dispuestos en diferentes habitaciones como si fueran escenografías circulantes de una obra: Matías y su compromiso con la cultura indígena y el Ecuador. Es un “museo accidental” que cala hondo por el sentido íntimo y teatral. El lugar no cansa, hace pensar y desde una terraza jardín que podría ser de Bolzano se ve la ciudad.

Fuera de la ya afamada parte “tradicional”, y del llamado núcleo originario, autóctono y colonial, la arquitectura de Quito exhibe algo más que un guiño al racionalismo y el legendario sello de la escuela Bauhaus.

El tratamiento de líneas con apertura visual y una belleza sin ostentación, transmiten una serenidad que no se encuentra en las “explosiones” urbanas especialmente de Santiago, México y Sao Paulo. El admirador de la escuela Bauhaus sentirá curiosidad de cómo llegó esa influencia a las montañas. La aplicación de la estética racionalista si bien no está propuesta como una prolongación de la edificación más tradicional, hay una simbiosis. Un profesor de arquitectura reconoce la influencia de Le Corbusier, y apunta que “también se están haciendo cosas muy feas”.

A Ecuador llegaron notorios conquistadores, naturalistas y expedicionarios y algunos dejaron valiosos testimonios. Curiosamente este cordón andino no atrajo a escritores de esa notoriedad. Graham Greene tampoco pudo venir a desentrañar los acuerdos internacionales para devastar la Amazonia a comienzos de los años 70. Un misterio. Sobre este tema, quedó una conversación pendiente con el escritor Gino Lofredo y el periodista Gustavo Martínez, ambos amigos de Marcela García.

“Una tienda de libros es una confitería para golosos que quieren ser tratados con atención y cierta distancia, con conocimiento y precisión”, es una genial frase que extraigo de la celebración de Simón Espinoza por los 30 años de Libri Mundi, un hito cultural de la ciudad; aparece en el periódico HOY del 21 de diciembre de 2001. La expresión se puede aplicar a la coquetería de Quito que se deja y no se deja atrapar. Al pasar se desprende una lúdica alusión a la cultura y el visitante.

No se puede dejar Quito sin acercarse al volcán Antisana, con 5800 metros de altura, cubierto por glaciares y nieve, y circundado por una reserva ecológica. Ubicado a una hora de camino hacia el sudeste de Quito, aproximadamente a unos 70 kilómetros, el lugar está precedido por un vasto páramo, bosques, y una gran diversidad de flora y fauna. En el ascenso se encuentra una inmensa morrena glacial de hace 11.000 años, picos rocosos y una vegetación del páramo sin árboles que hace pensar en la Patagonia.

Pude ver cómo funciona una fotógrafa de fuste en medio del paisaje, los pájaros y los animales. Me hizo retroceder en el tiempo cuando no comprendía y aprendía de Sergio Bravo, el documentalista chileno, por qué se podía viajar tan alto en la montaña nevada para filmar la caída de unas gotas de nieve derretida sobre unas piedras. Es un poder privilegiado tener la posibilidad de explorar y alcanzar con un ojo el espectáculo de la vida, todo detrás del manejo de una compleja tecnología que mezcla lentes con luz, aire, colores, viento y olores, y además con energía y delicadeza. El arte también consiste en observarla cómo se apasiona por lo que descubre y lo que resulta al instalar su instinto meticuloso en la naturaleza.

Quito secreto no se desvanece. Como capital del Ecuador atrae la atención mundial porque atraviesa un momento político interesante que habrá que comentar. La mitad del mundo quiere ser centro. ¡Por qué no!

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