lunes, 19 de abril de 2010

Rusia y sus influencias en Irán

Dmitri Bábich (RIA NOVOSTI)

Las críticas sobre Irán, lanzadas por el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, durante su reciente visita a EEUU sorprendieron agradablemente a la prensa occidental e israelí.

"Irán está causando problemas, por eso es muy importante para nosotros tener muy claras las características de su programa", dijo el mandatario. "Irán ignora las preguntas que se le dirigen o responde con declaraciones ambiguas" continuaba Medvédev. Tras estas palabras ya no se pueden sostener las acusaciones que incriminan a Rusia de consentir las ambiciones nucleares iraníes.

El quid de la cuestión es que algunos socios occidentales de Rusia sobrevaloran la influencia rusa sobre Irán. Tras la renuncia de Barack Obama a sus planes de desplegar el escudo antimisiles de EEUU en Polonia y en la República Checa, el 17 de septiembre de 2009, la prensa estadounidense y europea empezó a divulgar la información de que, en respuesta a tales concesiones, Rusia debía persuadir a Irán a seguir una política de desarme. Un periódico polaco expresó esta idea en unos términos mucho más sencillos y lacónicos: Moscú iba a garantizar la capitulación pacífica de su "socio" de Oriente Medio. Pero al no producirse los resultados esperados, a Rusia comenzaron a lloverle las críticas de la prensa occidental.

Sin embargo, todas estas esperanzas y sus decepciones estaban injustificadas. Rusia nunca tuvo ningún ascendente, ni forma de presionar a Irán. Desde 1979, el año de establecimiento de la República Islámica de Irán, la ideología de este país se basó en el rechazo de cualquier influencia de las grandes potencias, especialmente en su territorio.

Las relaciones ruso-iraníes parecen buenas en comparación con las que existen entre Irán y EEUU (donde no hay embajada de Irán y cuyos bancos congelaron los activos iraníes desde hace ya más de 30 años) o con varios países europeos, involucrados en conflictos diplomáticos con Irán en reiteradas ocasiones. Pero es un error considerar a Irán como un socio y, más aun, como un títere de Rusia. Las únicas personas que pueden creerlo son quienes están bajo la influencia de fuentes de información antirrusa que representan a Rusia como el origen de todo mal, incluido el programa nuclear iraní.

Es lógico pensar que Rusia, como los demás países del mundo, no esté interesada en el desarrollo del programa nuclear iraní. Tampoco está interesada en una guerra preventiva contra Irán, como la que libró George W. Bush en Iraq en 2003 bajo el pretexto de que Saddam Hussein poseía armas nucleares, que nunca fueron descubiertas.

Las consecuencias de un conflicto militar en Irán pueden ser mucho más graves para Rusia que la campaña iraquí. A diferencia de Iraq, Irán tiene una frontera común con las ex repúblicas soviéticas. Además, hay una abundante minoría azerbaiyana que vive en Irán. No es necesario explicar con qué problemas se enfrentaría Rusia en caso de la desestabilización de Azerbaiyán por una posible guerra en Irán.

Por otra parte, Rusia también pretende ayudar a la Administración de Barack Obama a guardar las apariencias. Obama mantiene una actitud pragmática y renuncia a ver en Rusia a un enemigo. Las relaciones ruso-estadounidenses son una de las pocas áreas en las que Obama ha logrado avances. Desgraciadamente, la situación en otros frentes no puede considerarse como un éxito del dignatario estadounidense. Los intentos del inquilino de la Casa Blanca por reconciliar a los israelíes y palestinos han provocado un conflicto abierto con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. El aumento de la presencia del contingente militar estadounidense en Afganistán no ha logrado prevenir el incidente con el presidente afgano, Hamid Karzai. Aunque el mandatario de Afganistán se desdijo de sus críticas a EEUU tras recibir un aviso por parte de la Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton. Por lo que parece, las relaciones entre Washington y Hamid Karzai se agravaron para siempre.

Piensen lo que piensen algunos representante de EEUU y de los países de Europa del Este, Rusia no está interesada en el fracaso de la misión de pacificación y estabilización de las relaciones internacionales de Obama (lo que no tiene nada que ver con el proyecto del nuevo orden mundial, promovido por George W. Bush). Teniéndolo en cuenta, hay que interpretar las palabras de Medvédev sobre el programa nuclear iraní de modo siguiente: "No apoyo las sanciones contra Irán, pero, es posible que sean inevitables en ciertas circunstancias".

Recordemos que el año pasado, Obama se dirigió al pueblo iraní con una oferta similar que se traducía en: observad el Tratado de No Proliferación Nuclear o en otro caso me veré obligado a imponer medidas.

Rusia no traiciona a nadie ni inventa nada nuevo, sino simplemente hace todo lo posible para coordinar sus acciones con las de la comunidad internacional.

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