viernes, 14 de mayo de 2010

El diario La Nación comete un acto de censura

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ARGENPRESS pone en conocimiento de sus lectores una ampliación de la versión reducida enviada a La Nación por la Fundación Juan B. Justo, como derecho a réplica a un artículo del periodista Carlos Pagni y que ese diario se niega publicar.

A continuación el texto:

«Señor Director:

«En su edición del 26 de marzo de 2010 el diario La Nación publicó una nota del Sr. Carlos Pagni en la que, después de referirse a una deseada “reconciliación entre progresismo social y corrección económica”, afirma que dicha reconciliación “reproduce, al cabo de un siglo, los argumentos de aquel socialismo que abogaba por el libre cambio”. Para sostener esa afirmación, el señor Pagni cita, sacándola del contexto en que fue dicha, una frase de Juan B. Justo que lo mostraría a favor de las políticas librecambistas aplicadas en Argentina hace un siglo.

«Pero ocurre que ese socialismo amigo del libre cambio no puede volver porque nunca existió salvo, tal vez, en la imaginación interesada de los sostenedores del orden establecido que intentan convertir al Dr. Justo en defensor de una forma de organización económica, social y política que siempre estuvo presto a combatir, afrontando la privación de la libertad cuando fue necesario.

«Como profundo conocedor de los estudios económicos volcados en la obra de Carlos Marx, Justo sabía que la libre competencia engendra el monopolio. Algo que tuvo posibilidad de verificar por su propia observación durante el viaje que realizó por los Estados Unidos a fines del siglo XIX, y que volcó en su obra En los Estados Unidos. Los capítulos IV y V de ese trabajo se refirieren específicamente a la centralización industrial que surge de la competencia y a la existencia de los monopolios que dominan la economía estadounidense. Decía Justo sobre su experiencia en ese país, reino del librecambio y de la libre empresa: “En los Estados Unidos la competencia industrial ha sido libre de todo obstáculo político o de otro orden, y se ha extendido a la más vasta esfera de acción. Exceptuando el ejército, el servicio de correos y la educación común, todo en este país ha sido dejado a la iniciativa y a la competencia particulares […] en la época de los ferrocarriles y las grandes ciudades el individuo ha podido menos en su lucha con las grandes empresas, la guerra entre éstas ha sido más destructiva y violenta y la ‘libre competencia’, en otro tiempo de elemento de libertad y progreso, ha pasado a ser un agente de atraso y opresión”. (1)

«Más específicamente, en lo que hace al libre comercio y el sistema impositivo, Justo no se opuso a los aranceles aduaneros en general sino a “los altos derechos de aduana que rigen actualmente sobre los artículos de primera necesidad” (2) y que encarecían la vida y disminuían el poder adquisitivo de los salarios; es decir, impuestos que, como hoy el IVA, cargan los gastos estatales sobre los trabajadores y los pobres, no sobre los que más tienen. En el artículo El tributo argentino al fisco extranjero (3), Justo denunció como, escudada en los supuestos de la “libre competencia” la Compañía Argentina de Tabacos, de capitales anglo- argentinos, le hacía pagar a los trabajadores y consumidores argentinos sus impuestos a la corona británica.

«Justo también se refirió al sistema impositivo a propósito de la situación del país, y en particular de los trabajadores, en ese momento histórico que suele ser presentado por los liberales de hoy como el momento de auge de Argentina, cuando, según dicen, el país (no importa cuál fuera la situación de muchos de sus habitantes) ocupaba un lugar de privilegio entre los países del mundo. En un trabajo escrito para el número extraordinario del 25 de mayo de 1910 del diario La Nación, que éste no publicó, Justo, después de referirse al progreso tecnológico desarrollado en los procesos productivos se preguntó: “¿Ha progresado en la misma medida el criterio de los gobernantes argentinos para afrontar los problemas sociales? No podemos desgraciadamente, afirmarlo. Su táctica preferida ha sido hasta ahora ignorarlos, cerrando los ojos y tapándose los oídos ante las más urgentes y claras demandas”. Recordó “las leyes de excepción contra los agitadores” y al Censo Nacional de Población de 1895 que definió al socialismo como “una mancha en el sol de nuestros progresos”. Y concluyó Justo “Los golpes del sable policial no fueron los únicos que descargaba un gobierno así inspirado sobre las espaldas del pueblo. Elaborábase al mismo tiempo el complicado sistema de impuestos internos que han encarecido la vida del trabajador, y, so color de proteccionismo o por simple voracidad del fisco, se elevaban los derechos de aduana sobre todos los artículos importados que la clase trabajadora necesita para vivir (...)”.(4)

«La oposición de Justo a determinados impuestos aduaneros sólo apuntaba a aquellos que encarecían la vida de los trabajadores.

«Queda claro, pues, que el intento de los liberales de hoy por apropiarse de una figura como Juan B. Justo (5) atribuyéndole ideas liberales (en lo que, curiosamente se ponen de acuerdo con sus adversarios nacionalistas) sólo se puede asentar en un ocultamiento del ideario socialista de Justo, que no sólo luchaba por mejores condiciones salariales y de vida para los trabajadores sino que tenía como meta la instauración de una sociedad “libre e inteligente, basada en la propiedad colectiva de los medios de producción y de cambio”.

«Fundación Juan B. Justo
«Nicolás Iñigo Carrera (presidente)
«Facundo Bianchini (secretario)

«Notas:
«1) “En los Estados Unidos ( 1895)”; en La realización del socialismo; Buenos Aires, La Vanguardia, 1947; pp. 78-79.
«2) “Los salarios (12 de agosto 1896)”; en La realización del socialismo; Buenos Aires, La Vanguardia, 1947; pp. 138.
«3) La Vanguardia, 16 de noviembre de 1915; reeditado en Obras Completas de Juan B Justo, Tomo V; Buenos Aires, La Vanguardia, 1938.
«4) El socialismo argentino. Interpretación socialista de la historia argentina; Buenos Aires, Fundación Juan B. Justo, 2006; p. 16.
«5) Intentos por forzar una vinculación entre Justo y los liberales de hoy que pueden llegar incluso al plano de las relaciones familiares: en una nota firmada por el señor Joaquín Morales Solá en La Nación del 5 de mayo ppdo. se atribuye al señor Adolfo Salgueiro, encargado del buró internacional de la oposición al presidente Hugo Chávez, en Venezuela, ser descendiente de Juan B. Justo. Esa afirmación es inexacta: el señor Salgueiro es nieto del Dr. Adolfo Dickmann, no de Justo.»

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