lunes, 3 de mayo de 2010

El partido miserable y el otro

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Que el PP es un partido miserable y miserables sus jerifaltes lo sabemos desde el gobierno de Aznar. Lo que no sabíamos es hasta dónde era capaz después de habernos metido en una guerra, mejor dicho en una invasión y ocupación armada de otro país, que no es lo mismo pero es éticamente mucho peor...

Ahora lo sabemos. Dicen sus cabecillas que el gobierno es el culpable del desempleo, y no pasa un día sin echarle en cara su incapacidad para generar empleo. Como si en este fraudulento sistema de mercado que ellos más que nadie defienden con uñas y dientes, no fuese la iniciativa privada lo que falla cuando se destruye empleo y no se crean ni nuevas empresas ni más puestos de trabajo.

Pero aunque el gobierno tuviese la culpa, ¿por qué no da de una vez el PP al gobierno la receta que dice tener para generar empleo? Se necesita ser ruines, insolidarios y enemigos de la sociedad, pese a estar a todas horas alardeando de patriotas, para esconder la fórmula que sacase del abismo en que se encuentra a este país.

Con esta actitud y otras similares, lo que pone de manifiesto el partido de la innoble oposición es que sólo va a lo suyo. Y lo suyo no es precisamente preocupación por aportar soluciones políticas, económicas y laborales a la sociedad española, sino mantenerse al acecho de la presa, saltar a la yugular del gobierno para ponerse ellos en su lugar y seguir succionando la sangre a esta sociedad para seguir enriqueciéndose. No otra cosa hacen en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos donde caciquean. Este Sindicato del Robo es lo que quiere y para eso gobernar.

Pero por eso mismo, mostrando el partido del gobierno y el gobierno una necia debilidad en su política temerosa y conservadora, hace mollar el camino al fascismo real. La chusma de traje y corbata que está al frente de esa facción con vitola de oposición legalizada, muy pronto se adueñará del poder total y, cuando intenten los socialistas de guardarropía arrebatárselo de nuevo, veremos cómo entre unos y otros nos habrán puesto al borde de la guerra civil. Son okupas de este país que llevan usurpándolo centurias y no están dispuestos a que las urnas les desalojen de las conquistas salvajes muñidas en la historia.

Y entonces, los que ahora ostentan una pequeña cuota del poder político y económico (el poder central) en comparación con la que detenta esa canalla (el poder restante), se echarán las manos a la cabeza. Pero no sólo habrán perdido ellos: también habremos perdido los demás.

Tanto el individuo como los colectivos ideológicos han de estar provistos de una moral, de una ética y de unos principios genuinos para la paz completa. Pero cuando hay guerra, deben proveerse de una moral, de una ética y de unos principios para la guerra. Y cuando se hallan en épocas convulsas, entonces tienen el imperioso deber de recurrir a una moral, a una ética y a unos principios de pre-guerra.

Y si algunos no lo quieren ver así es porque el partido del gobierno, que tiene la mayor responsabilidad de hacer frente a los fascistas, se arruga y conduce con miedo o con un entreguismo virtual probablemente acomplejado por el paro (del que no tiene culpa) y por el empeño en mantenerse dentro de márgenes excesivamente versallescos. Por eso no toca siquiera la propuesta de reforma de la Constitución ni de la Ley Electoral ni de la Ley de Amnistía ni de la La Ley reguladora del Tribunal Constitucional, ni aborda un referéndum para la disyuntiva monarquía-república.

Y puesto que éste y todos los gobiernos distinguen entre lo honesto y lo útil (de lo que se derivan numerosas tropelías por razones de Estado, sobre todo en el plano de la territorialidad), bien podría arreciar éste en el contraataque, e incluso preparar ataques por sorpresa contra la oposición básicamente violenta, fascista, disoluta y disolvente de la estabilidad, con objeto de debilitarla. Sin embargo se mantiene siempre en una repelente defensiva.

El caso es que el partido supuestamente al servicio de los trabajadores no esté suficientemente avisado de que cuando se convive en la jungla social con hienas, el único modo de salir airoso es convertirse en otra hiena o actuar como una hiena...

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