jueves, 6 de mayo de 2010

La economía es un camelo

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Al capitalismo no hay que atacarle en escaramuzas. No sirven para nada. Como en las grandes batallas, hay que atacarle por los flancos. Y su principal cuerpo de ejército está en la Economía.

La Economía, como materia de estudio, es un gigantesco camelo, y como superestructura cambiante de lo político (corrijo a Marx, que afirmaba lo contrario), un subproducto lamentable del teorema de Gödel, que nos lleva a desistir de encontrar sistemas completos y consistentes al mismo tiempo, entre los que destacan precisamente los sistemas capitalistas.

La Economía, a diferencia de las matemáticas que prueban que el orden de los factores no altera el producto, sí lo altera. Pues (un ejemplo economicista, como podríamos señalar una docena más) si es cierto que si el desempleo se reduce también se reduce el déficit, en cambio si se reduce el déficit no por ello se reducirá el desempleo sino más bien al contrario. Por algo los países del socialismo real la Economía es lo primero que tienen que revisar y depurar, lo mismo que los países fascistas lo primero que hacen es eliminar a la intelectualidad.

La Economía es un camelo desde que se empezó a estudiar en las universidades, pero desde que el capitalismo financiero ha ocupado los espacios del capitalismo de mercado originario, la Economía especulativa no es más que una especie de arte ocultista de la treta, de la argucia y de la sinvergonzonería elevada al cubo, consagrada por los tiburones y manejada por las tres agencias de calificación del riesgo que existen en el mundo. No hay más.

Y la prueba del nueve de que la Economía es un camelo es que si entre seis médicos (otro ejemplo de Ciencia superinexacta), habrá muy pocas posibilidades de que se pongan de acuerdo siquiera tres, entre seis economistas reunidos no habrá ninguna de que se pongan de acuerdo dos para resolver un problema más allá de cacarear unas cuantas leyes de mercado que el mercado postmoderno ha abrogado desde hace mucho tiempo. Si la Economía como disciplina fuera verdaderamente útil para la colectividad, y no para grupos sociales o de clase, habría expertos, expertísimos o taumaturgos que serían fichables por los Estados como se fichan los entrenadores de fútbol fabulosos medida su eficacia por los trofeos conseguidos.

La Economía que no proscriba la Deuda pública y no fomente el endeudamiento individual, no es más que un estorbo o un engaño sideral. Y justo es la Economía del entorno capitalista la que empuja a esas dos maneras de prostituirse (hay muchos tipos de prostitución) un país y una sociedad. Todo lo que no sea una economía simple reducible a una hoja de cálculo cuyo fin innegociable sea la nivelación entre ingresos y gastos o el superávit, es una Economía tramposa y fuente de las mayores desarreglos para el mercado colectivo, para el individuo responsable y para cada sociedad que no es autárquica. Y, en este sentido, qué decir de las sociedades esclavizadas que están en el punto de mira del inconsciente o del subconsciente de la Economía que se estudia en las universidades, al final sólo pensada para enseñar y aprender cómo mejor depredar...

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