lunes, 3 de mayo de 2010

La utopía del desarme nuclear y los equilibrios de poder

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El desarme nuclear real solo es concebible a partir de los equilibrios de poder, y dentro de la cultura dominante de supremacía construida desde siglos coloniales, alcanzar un desarme sustentado en una reducción significativa de las diferencias de poder bélico entre las naciones, es probablemente una utopía.

Es válido conjeturar por lo tanto, si en un contexto donde predomina un desnivel de poderío bélico tan abismante entre las naciones, el discurso sobre la gobernabilidad, el ejercicio de ciudadanía y la formación de verdaderas democracias se sustenta sobre bases sólidas.
Al definir repúblicas, gobernabilidad y democracia, tres indispensables del discurso político occidental, no se incluye en el concepto la inmensa gravitación que ejerce la marcada diferencia de poder bélico entre las naciones. Es como si el ejercicio democrático local estuviese sustentado por un mundo global artificial. Las verdaderas democracias deberían construirse a partir de ese marco de equilibrios que ha sido desconocido globalmente hasta ahora. Lo que se observa insistentemente entre las naciones en la dimensión que fuere, es el discurso de la supremacía, velada o abierta según sea el caso de la urgencia.

Entonces, ¿Son realmente democracias los regímenes que conviven dentro de un ámbito internacional de naciones que rehúsan a reducir las diferencias de poder bélico con el desarme en mente? ¿Será posible concebir democracias desde bases estructuradas por la cultura de la supremacía y la carrera armamentista?
La profunda brecha de poder a nivel internacional induce en las democracias – particularmente en los países más expuestos a las diferencias de poder, que son aquellos más subdesarrollados- a un estado de efervescencia como si fueran sociedades atemorizadas bajo la amenaza permanente.

Es así que las claves del verdadero desarme no se discuten, porque tanto el sistema de equilibrios, como la calidad de esas democracias que lo sustentan, deberían formar el debate previo hecho con antelación

Desde la perspectiva de trazar un verdadero plan de desarme universal con metas claras y ratificadas por la mayoría de las naciones que componen la llamada “comunidad internacional”, la Cumbre Nuclear de los 47 países celebrada en Washington el 12 y 13 de abril, reveló la fragilidad del debate internacional sobre el desarme nuclear en relación a los equilibrios de poder, si alguna vez hubo algún debate de este tipo asumido con voluntad política.

Desnuclearización y equilibrios de poder no se cruzan y como que pertenecieran a dos esferas diferentes.

Si bien el objetivo de la reunión consistió en obtener el concurso de 47 países para eliminar el contrabando nuclear y la amenaza de redes terroristas con capacidad de ensamblar un dispositivo bélico nuclear, la ausencia de Irán en una reunión cuya urgencia estaba determinada por su desarrollo nuclear, expresa que la reducción de las diferencias de poder bélico entre las naciones y con el desarme como objetivo es marginal en la agenda.

La debilidad de un debate que no considera nivelar el poder bélico hacia el desarme definitivo, sirve de sustentación para que cualquier nación – no solo Irán- aspire a las armas nucleares, aunque sean para fines disuasivos y de paz.

Si “a tiro de cañón” existe el poderío nuclear para destruir Irán, ¿Cuál es el argumento para que Irán no aspire a poseer la capacidad bélica nuclear para disuadir frente a la amenaza de un ataque nuclear? Pakistán así lo sintió con India, y ésta nación con China, y lo debe sentir igualmente Irán con Israel.
La actual urgencia para desnuclearizar ciertas naciones, surge del rechazo especialmente de EEUU y Europa Occidental a regímenes catalogados de extremistas. ¿Quién determina que en el resto de los regímenes poseedores de capacidad bélica nuclear existan menos posibilidades de extremismo?

Esta Cumbre por el énfasis en la lucha antiterrorista, indica las dificultades para desprenderse de las determinantes de la doctrina Bush. No se constata un énfasis en debatir la nivelación del poder bélico con el desarme como objetivo, que para algunas naciones sería como renunciar a los principios de hegemonía. Aunque el gobierno de Barack Obama se ha orientado en el discurso a disminuir la confrontación y abrir los espacios de negociación, con la salvedad de la guerra en Afganistán, y la posición de sanciones contra Corean del Norte e Irán, EEUU no renuncia a la matriz conceptual que lo ha posicionado en la cúspide. Es poco práctico suponer que altere su perspectiva en función de reducir las diferencias de poder bélico, esta no ha sido su aspiración, y no lo será por el momento.
Otras potencias de Europa Occidental, o Rusia, China e India tampoco son proclives a renunciar a la cultura de supremacía en su propia dimensión. Por ejemplo, la disputa entre Francia y China en torno al conflicto en Darfur-Sudán, o la preocupación de Rusia en sus áreas de influencia e India en su circuito próximo.
El desarme universal se bloquea porque cada nación interpreta los equilibrios para su conveniencia. Desarme consistió en reducir los arsenales nucleares para alcanzar un punto 0 – el ideal- de posesión de armas nucleares. El uso del arma atómica se concibió originalmente para aniquilar el centro estratégico del enemigo e impedir la reacción (Daniel Ford). Al mismo tiempo, la justificación para poseer arsenal nuclear ha consistido en la capacidad de disuasión para mantener la paz, manteniéndose como una premisa (de la guerra fría) que la comunidad internacional no ha podido erradicar, debido a la ausencia de un debate internacional a fondo sobre las diferencias de poder bélico entre las naciones.

Una comunidad internacional que no ha conocido un sistema mundial de equilibrios, no generará la voluntad política para el desarme nuclear y detener la carrera armamentista. Ni Irán, ni Corea del Norte con sus regímenes y ambiciones nucleares claramente No constituyen el problema esencial. Es cuando con 47 no se hace el debate pendiente, especialmente el organismo multilateral por excelencia, Naciones Unidas.

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