Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)
“Que el fraude electoral jamás se olvide”
Me di a la tarea de recorrer la ciudad para constatar lo observado y cerciorarme de su magnitud, sin asomo de duda en cuanto a su veracidad. Hice, pues, investigación de campo. Una primera observación fue que los letreros se exhiben en establecimientos comerciales, principalmente cadenas de autoservicio o departamentales, o de franquicias de tiendas de menudeo. Recorrí las zonas industriales y fue más notoria la permanencia de los letreros que indican que no hay vacantes. Se me hizo raro.
En una segunda instancia me acerqué a los establecimientos solicitantes de personal y, en calidad de desempleado, ofrecí mis servicios y obtuve respuestas evasivas: “ya se recibieron muchas solicitudes” o “el encargado está de vacaciones” o “vuelva la semana próxima”. En ningún caso tuve la información requerida para identificar el tipo de empleo ofrecido y, mucho menos, del salario y condiciones de trabajo. La empleada de una tienda se explayó: “pusieron el letrero para amedrentarnos, no hay empleos nuevos”. En otro caso, un trabajador de esos que nunca faltan me comentó: “vinieron unos agitadores a invitarnos a una manifestación y, por su culpa, el patrón nos advirtió que serían despedidos los que asistieran; por eso puso el letrero, al fin que la mano de obra desocupada abunda”. Otra cosa que pude constatar es que en ninguno de los casos se notaba algún viso de ampliación de actividades o de nuevos proyectos.
La conclusión de mi pesquisa es muy lamentable: se trata de un vil engaño. No descarto la suposición de que los letreros obedezcan a la consigna de algún organismo patronal con miras a secundar la labor de distracción y formación de falsas expectativas que realiza, con singular alegría, el régimen del fraude para hacer creer que la crisis ya se superó, lo cual es absolutamente falso. Pero además, el uso de tales letreros es útil para desalentar cualquier intento de movilización de protesta, sea por la pérdida del valor adquisitivo del salario o por la amenaza de reformas a la legislación laboral de corte patronal. También les es útil para la aplicación de políticas patronales de rotación de personal, por aquello de la acumulación de derechos por antigüedad. Lo peor del caso es que tienen éxito en sus perversos propósitos.
El 1 de mayo, tanto en la capital del país como en la mayoría de las ciudades importantes del interior, se realizaron marchas de protesta; en todos los casos se expresó con energía la consigna de rechazo a la reforma laboral y la exigencia de renuncia del troglodita que cobra como secretario del trabajo y opera como ministro del no trabajo. Del proyectado, cuan necesario, paro nacional apenas se escucharon algunas discretas menciones. Es claro: el desempleo le ha sido funcional al régimen espurio y a algunos empresarios que son sus comparsas; hay un enorme ejército de reserva para reemplazar a quienes se arriesguen a una expresión de fuerza que intente violentar al sistema.
En la misma fecha, pero en las principales ciudades de los Estados Unidos, las manifestaciones de los migrantes, mexicanos en la mayor proporción, mostraron una fuerza de consideración, adicionalmente alentada por la ominosa ley que criminaliza a los indocumentados en Arizona. Del otro lado del océano, los griegos hacen cimbrar a la Unión Europea y a todo el sistema económico internacional; están parando en todo el país para rechazar las medidas de ajuste criminal que les imponen desde el exterior; les quieren hacer pagar a los pobres por los platos que rompieron los ricos. España y Portugal están en la lista de espera para entrar al mismo esquema y a las mismas protestas masivas. Todo indica que serán los mediterráneos los encargados de dar el tiro de gracia al sistema económico neoliberal. Eso espero.
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