lunes, 24 de mayo de 2010

Perú: Roberto Rojas Grajeda

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)

En las primeras horas de hoy 21 de mayo recibí una llamada telefónica desde la Ciudad Imperial, el Cusco. Del otro lado de la línea, una de las hijas de Roberto Rojas, balbuceante, me comunicaba entre sollozos la mala nueva: en la madrugada había fallecido su padre, un viejo luchador social, emblemática figura de los trabajadores de la Construcción, antiguo militante comunista y ex Parlamentario de la Izquierda Unida en el periodo 85-90, el primer gobierno de Alan García.

Con él, había hablado sólo algunos días atrás, la noche del sábado pasado cuando me llamó para informarme de los trámites de su jubilación dado que no obstante su edad -73 años- recién acababa de reunir los requisitos que le faltaban para recibir una pensión de cesantía, que le fue denegada antes por tramites de carácter formal.

A Roberto Rojas lo conocí, en realidad, en el Cusco en los primeros años de la década del 60, cuando yo era un dirigente estudiantil y él una figura joven del movimiento obrero en una ciudad ricas en tradiciones de lucha y cuna de descollantes exponentes del proletariado peruano.

En esa época, en el Cusco funcionaba un núcleo fuerte del Partido Comunista al que acababa de incorporarse Roberto. Estaban en su seno veteranos de ilustre renombre como Julio Gutiérrez, Alfredo Somocurcio, Emiliano Huamantica, Miotta y otros, que con Sergio Caller habían creado una aureola de lucha altamente significativa y gracias a la cual se conocía a la ciudad Imperial como el “Cusco rojo”.

No obstante, nuestro verdadero encuentro tuvo lugar algunos años después, cuando desempeñando responsabilidades de orden sindical, pasé desde 1969 a dirigir la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) compartiendo altas responsabilidades con Isidoro Gamarra, esa vieja leyenda del movimiento obrero en nuestra patria.

Ya en ese entonces Roberto Rojas era un dirigente del Sindicato de Trabajadores en Construcción Civil y Artes Decorativas del Cusco, del que sería Secretario General durante varios años. Luego, pasó a dirigir la gloriosa Federación Departamental de Trabajadores del Cusco, desde donde impulsó importantes batallas sociales que lo convirtieron en un auténtico líder de clase y dirigente de toda la región sur. A mediados de los años 70, fue ya miembro del Consejo Nacional de la CGTP en su calidad de Secretario Regional de la Organización Sindical, y tuvo un trabajo ejemplar en una circunstancia compleja y difícil para el conjunto del movimiento obrero, a cuya cabeza batalló con denuedo.

Si se habla de luchas concretas, cabría rescatar el hecho que todos –o casi todos- los Paros Departamentales que se hicieron en el Cusco en los años 70 y 80 del siglo pasado, o que fueron acatados por disposición nacional de la CGTP, tuvieron a Roberto Rojas como protagonista o actor, porque nunca rehuyó ninguna lucha y porque siempre supo, con modestia ejemplar, ocupar un lugar en la confrontación de clases.

Preso en diversas ocasiones bajo el rótulo genérico de “agitador social” sufrió tratos crueles, inhumanos y degradantes, pero supo mantener muy en alto su dignidad y su coraje. Nunca se arredró, y nunca traicionó tampoco a sus compañeros de lucha. A comienzo de los años 80, fue acusado de “terrorista” durante el primer gobierno de Belaúnde Terry, y fue confinado en la cárcel de K’enkoro, antiguo e histórico presidio de la capital arqueológica de América.

Ya en esos años, era una figura descollante del movimiento sindical y popular, razón por la cual fue ungido candidato a Diputado por el Cusco, en las filas del Partido Comunista y de la Izquierda Unida, para los comicios nacionales de 1985, siendo electo con una elevada votación preferencial.

En los cinco años que duró su actividad parlamentaria, no dejó nunca de ser amenazado por la mayoría oficialista del Congreso -era el primer gobierno de Alan García- con el “cuco” del levantamiento de su Inmunidad Parlamentaria y la reapertura del proceso judicial que aún tenía pendiente.

La idea de quienes lo acosaban, era que se doblegara y se sometiera a los requerimientos del entonces Partido Gobernante –el APRA- y traicionara de ese modo a sus electores. Se lo propusieron varias veces entre amenazas veladas y presiones abiertas, pero nunca encontraron receptividad a su propuesta.

Con firmeza, pero también con mucha claridad, Roberto Rojas les respondió siempre que él era parlamentario de casualidad, pero comunista por convicción, y que, por tanto podrían privarlo de su condición primera, pero nunca de la otra.

Intervino pocas veces en el debate parlamentario, pero cuando lo hizo, su palabra directa y su vocabulario sencillo, le sirvieron para demostrar que un simple obrero podía ser un diputado de calidad si adicionaba a su precaria formación académica un corazón siempre dispuesto a la batalla. Por eso estuvo siempre en todas las movilizaciones y luchas de los trabajadores del andamio haciendo dúo con otro cusqueño de oro: Pedro Huilca Tecse, de quien fue un colaborador permanente.

Y así, no sólo acompañó a su gloriosa Federación en múltiples acciones, sino que, además, usó su escaño parlamentario para combatir por los derechos de los trabajadores del andamio. Así, logró arrancar un proyecto que elaboramos juntos: la ley que creaba la Bolsa de Trabajo para los obreros de la Construcción. A esa iniciativa, sumó otras, vinculadas a a jubilación obrera y a la jornada de trabajo para sus compañeros. Era, por cierto, una etapa en la que resultaba posible arrancarles conquistas y salarios a los obtusos dirigentes del sector.

En noviembre de 1989 visitamos juntos a las Comunidades ubicadas en la región más agreste del Cusco, en las llamadas “zonas altas del departamento”. Estuvimos, en efecto, en Comandante Espinar, compartiendo tribuna y desfile con las organizaciones agrarias de la época, pero poco antes marchamos por otro rincón de la patria: por la selvas de San Martín, en el oriente peruano, investigando las denuncias referidas a la violación de derechos humanos contra los pobladores por parte del gobierno aprista. Eran, como se recuerda, los años tumultuosos de la guerrilla del MRTA, cuando andar por el monte, como lo hicimos, era exponer no sólo la libertad, sino también la vida.

Por paradojas que la vida, en un país tan insólito como el nuestro, en los últimos años de su vida, este valeroso luchador social, se vio excluido del Partido Comunista sin razón alguna. Eso, no lo arredró sino que, por el contrario, le sirvió como acicate, empeñado como estaba en demostrar que él era mejor comunista que sus detractores. Y, por cierto, lo logró con creces.

Hoy, cuando sus restos se encuentran con la tierra, su nombre se eleva para convertirse en carta de victoria. Por eso, esta vez, los trabajadores cusqueños, a una sola voz, dirán su palabra: Roberto Rojas Grajeda ¡Presente!

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