viernes, 14 de mayo de 2010

Puerto Rico: Mayoría silente se vuelca a favor de huelga universitaria

Jesús Dávila (NCM, especial para ARGENPRESS.info)

Una asamblea de estudiantes promovida por el propio Gobierno para derrotar la huelga universitaria resultó en que apenas un centenar levantó su mano para pedir el fin del paro mientras varios miles votaron entusiastas por continuar el movimiento que comenzó el 21 de abril y mantiene paralizados diez de los once recintos de la Universidad de Puerto Rico.

La aparición en escena de la mayoría silente con el resultado de la ampliación del apoyo contado a la huelga confundió de tal manera a la jefatura administrativa de la UPR y al oficialismo político que se produjeron de inmediato llamados a que se enfrente “candado con candado” y entren en escena los “halcones” para cerrar definitivamente la Universidad, prerrogativa que no aparece consignada en la ley.

Ni siquiera los dirigentes de la huelga anticipaban el resultado de la asamblea, que fue pedida por un funcionario de la Junta de Síndicos, pagada por el Gobierno en el exclusivo Centro de Convenciones y objeto de una potente y costosa campaña mediática para desacreditar las organizaciones estudiantiles. A pocas horas de concluida la asamblea y mientras una marcha de estudiantes arriaba la bandera de Estados Unidos frente al Capitolio e izaba la enseña nacional puertorriqueña, un influyente analista opositor se confesaba en la radio y decía que la idea que él mismo compartió de que la huelga era mantenida por un pequeño grupo de extrema izquierda no era otra cosa que un falso “mito de terror”.

La marejada no se detuvo, sin embargo, en la asamblea estudiantil del Recinto de Río Piedras –centro del movimiento- sino que casi a la vez, la reunión del claustro del recinto de Bayamón aprobaba, también por mayoría aplastante, una moción de apoyo a los huelguistas. De hecho, a partir de este momento, el comité negociador de Río Piedras se convierte en el Comité Negociador Nacional con representación de líderes de los recintos de Bayamón, Carolina, Humacao, Cayey, Ponce, Utuado, Mayagüez, Aguadilla y Arecibo junto a los capitalinos.

Sólo el Recinto de Ciencias Médicas se mantiene abierto, pero esa unidad opera uno de los principales hospitales del país y manifestó su respaldo al movimiento con un paro de 24 horas que no pusiera en riesgo a los enfermos atendidos en la institución. Los estudiantes de ese recinto, además, se encargaron de hacer público que una parte importante del déficit en las finanzas de la UPR se debe a que no se le cobran las deudas millonarias a las compañías de seguros de salud.

Las reacciones provisionales en la dirección institucional de la UPR variaron desde mostrar la sorpresa de que la supuesta mayoría contraria a la huelga no se presentara a la asamblea y alegar que lo que está pasando es “irracional” e “imaginario” hasta pedir a los padres y estudiantes que acudan por su cuenta a los tribunales. Pero hasta ese mismo camino de detener la huelga mediante la intervención judicial ha resultado un verdadero avatar y en suma, el Gobierno no ha logrado todavía una orden que le permita el desalojo por la fuerza de los estudiantes, que han construido sistemas defensivos de barricadas y controlan los portones de los recintos universitarios.

En la madrugada del día 8 de los corrientes, la presidenta de la Junta de Síndicos, Ygrí Rivera, y el presidente de la UPR, José Ramón de la Torre, habían firmado un acuerdo preliminar con el comité negociador estudiantil, pero en cuestión de horas alteraron el documento y dejaron fuera algunos de los reclamos principales de los huelguistas. Cuando los estudiantes acudieron a pedir que continuasen las negociaciones, se negaron y la licenciada Rivera dijo que el diálogo había concluido, además de contestar con “ni lo sueñen” cuando se le preguntó si estaría dispuesta a no imponer sanciones a los militantes de la huelga.

En el centro de los puntos en controversia está la posición –que el Gobierno insiste en que no es negociable- de que los estudiantes pobres tengan que renunciar a la beca con que pagan sus libros, comida y hospedaje si quieren recibir la exención del pago de matrícula a que tienen derecho por contrato laboral de sus padres o por méritos tales como ser estudiantes de honor, atletas o músicos. La jefatura alega que así puede ahorrarse 16 millones de dólares, argumento que ha resultado difícil de sostener en el debate público, en especial luego de saberse que el propio Gobierno ha estado subsidiando con entre 800 y 1,000 millones de dólares anuales a la economía subterránea al tolerar que los comerciantes se queden con la mitad de lo recaudado por el impuesto al consumo.

Las estrategias, tácticas y la diversidad de los grupos estudiantiles resultan hasta ahora indescifrables para el Gobierno y los rectores de la mayoría de los recintos han informado a la presidencia de la UPR que en sus unidades no ha habido vandalismo ni enfrentamientos violentos mientras los estudiantes y la administración mantienen una actitud de diálogo. Adentro, en los recintos tomados, se alzan las casetas multicolores como si fueran tribus de estudiantes que van desde socialistas e independentistas hasta los que promueven los derechos de género y un curioso campamento de un grupo de acción rápida que se hace llamar “los piratas” y ondean su propia bandera de los tiempos del Caribe bucanero.

Hasta las condiciones meteorológicas son usadas por los huelguistas para su beneficio, que la víspera del día ocho llevaron una marcha de miles de estudiantes hasta los portones de la Administración Central de la UPR y obstaculizaron la carretera número uno por varias horas bajo una lluvia torrencial. Este jueves, cuando después de la asamblea del Centro de Convenciones la columna estudiantil avanzaba con aires de comparsa hacia el Capitolio, les volvió a sorprender un aguacero, lo que les dio a los huelguistas la oportunidad de volver a entonar su nueva consigna de “enchumbaos, enchumbaos, pero nunca arrodillaos”.

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