martes, 18 de mayo de 2010

Represión en Collahuasi: Las lecciones para la clase

Julio Oliva García

Un avión Hércules con numerosos vehículos y efectivos policiales aterrizó en las cercanías de la mina Doña Inés de Collahuasi, helicópteros sobrevuelan la zona del campamento minero y tanquetas recorren sus caminos, hasta hace poco tomados por los obreros subcontratistas que exigen mejoras en sus condiciones.

Algunos dirigentes santiaguinos llegan a intentar apaciguar los ánimos, no los de la policía militarizada ni las autoridades, si no los de los trabajadores para “mostrar ánimo de negociación”. Lamentable escenario de desmovilización y baja de guardia.

La empresa, un conglomerado de transnacionales, se ha negado a mejorar los lugares donde viven hacinados sus trabajadores, tampoco se abre a elevar los salarios ni a entregar, por término de conflicto, un bono de un millón y medio de pesos, que es un céntimo de un pelo de la cola frente a los 800 mil millones de pesos que les quedan como ganancia anual. Además, acentúa la discriminación de los subcontratados en las grandes diferencias que se producen en salud y alimentación con los trabajadores de planta, aún cuando ambos grupos de obreros realizan las mismas labores, y desconoce las leyes laborales sobre el trabajo pesado mientras usa los tribunales para acusar a los trabajadores de “daños y secuestro”. Ellos saben lo que hacen.

También lo saben las autoridades políticas de la zona, que han reaccionado solicitando refuerzos de la capital para que la represión y el amedrentamiento sean más efectivos, y el ministro de Interior justifica el escenario de guerra como continuidad de los operativos instaurados para el 29 de marzo, Día del Joven Combatiente, y el Primero de Mayo.

No es secreto en la región que la empresa minera auspició campañas parlamentarias y mantiene en su mano a diversos medios de comunicación que reciben su publicidad, por eso se explica la información tergiversada que circula y la vista gorda o la abierta intervención proempresarial de algunos conspicuos honorables.

La solidaridad de clase no ha estado ausente, aunque parece poco un comunicado o la visita de algún dirigente ante la magnitud de la reacción patronal, pero hay otras formas de solidarizar que pueden comenzar a desplegarse. Sin embargo no se entiende el viaje de personeros de la CUT para llamar a la calma, para mostrar signos de “voluntad de diálogo”, mientras el ánimo de muchos era continuar la pelea. Es conocida ya la situación post movilizaciones interrumpidas, bien lo sabe Cristián Cuevas cuando intentó reponer la huelga el 2007 y se quedó solo, amenazando con una huelga de hambre mientras la mayoría ya se había sentido traicionada y no había ánimo de volver al combate. Así fueron “olvidadas” muchas de las promesas de CODELCO y los subcontratados continuaron siendo trabajadores de clase C.

Por eso, mientras los empresarios, el gobierno y la denominada clase política tienen bien claro lo que deben hacer para continuar profundizando el modelo económico y la superexplotación, a los trabajadores no les queda más que comprender que la unidad hace la fuerza y la movilización es la forma de conseguir mejoras en sus vidas.

En el ambiente hay nuevos aires que insinúan cambios profundos, la CUT de hoy –tan lejana de la CUT de Clotario Blest y Luis Figueroa-, vive su agonía lejos de las bases y con la corrupción instalada en sus dirigentes. Nuevos y antiguos trabajadores, comenzando por los más discriminados, aquellos que no tienen nada más que perder que el miedo, comienzan a organizarse y a hablar de unidad, de lucha, de solidaridad de clase. Pasan a la acción y sueñan, concretan realidades en periódicos, preuniversitarios, trabajos voluntarios, negociaciones exitosas, movilización.

Hay que seguir sumando a miles, a millones, en este cauce de la transformación. Los trabajadores necesitan un gobierno de ellos, no en nombre de ellos con supuestos representantes que engordan en mullidos sillones. Habrá de erigirse la fuerza social y política que haga eso realidad y que, una vez alcanzado el gobierno, sepa defenderlo con las lecciones aprendidas.

Julio Oliva García es presidente Sindicato EL SIGLO.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.