viernes, 14 de mayo de 2010

Venezuela: Para avanzar en Revolución

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)
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Un cambio social requiere una conducta ejemplar

En Venezuela, en el continente americano, incluso en el hemisferio occidental estamos viviendo, una vez más un período de revoluciones. Las llamadas crisis cíclicas del capitalismo, producidas por sus contradicciones insolubles o irreconciliables, se presentan cada cierto tiempo, sin que se pueda predecir del todo cuál va a ser en cada caso la salida de esa crisis. Eso depende de muchas circunstancias concurrentes de orden objetivo y de naturaleza subjetiva.

La búsqueda de los trabajadores y del pueblo

En Venezuela, la crisis incubada durante los últimos cincuenta años del siglo XX, dio origen a muchas salidas de distinto orden, que lograron evitar el inicio de transformaciones más profundas. El total deterioro de la credibilidad de los principales dirigentes del proyecto socio-político del subcapitalismo venezolano, en medio de la agudización de la crisis económica, social, político-institucional y moral, hizo inviable continuar detentando el Gobierno por parte de sus representantes y, a pesar de las maniobras político-electorales, en 1998 una alianza patriótica de corrientes alternativas ganó ampliamente las elecciones con Hugo Chávez como candidato. Las desprestigiadas, divididas y debilitadas fuerzas conservadoras se vieron en la obligación de entregar el gobierno. La opción revolucionaria logró vencer las múltiples resistencias y mutaciones que se le habían opuesto durante todo el siglo XX y alcanzó el gobierno para iniciar un proceso de transformaciones.

La búsqueda de los trabajadores y del pueblo venezolano es, en general, alcanzar un nivel de vida que les permita disfrutar del bienestar promedio logrado por las clases y sectores dominantes de la sociedad capitalista, con estabilidad y en progreso constante. Ese nivel es igual a la satisfacción de las necesidades primarias oportunamente y con holgura. Pero no sólo eso, sino además, disponer del tiempo y de las posibilidades materiales, mentales y espirituales de ejercer a plenitud y conscientemente los derechos individuales, políticos, económicos, sociales y culturales que han sido reconocidos y proclamados por el derecho nacional e internacional. Para muchos el camino de esa búsqueda consiste simplemente en cambiar unas personas “malas” por otras “buenas”, es la visión ingenua ignórate de las leyes del funcionamiento social. Fuertemente estimulada por el sistema de explotación porque ese camino no afecta la estructura socio-económica y cultural del sistema y, entonces, los supuestamente “buenos”, una vez que se posesionan de la dirección, son inmediatamente absorbidos por los valores, principios y creencias que interesan a la de reproducción del sistema social.

El verdadero camino es el cambio social

El camino real es el de cambiar la estructura de la sociedad para que el resultado de la producción no sea apropiado por una pequeña parte de la sociedad, la cual, producto de las leyes de acumulación, se va convirtiendo en cada vez más pequeña; sino que la riqueza social se produzca con mayor eficiencia y en mayor cantidad y sea distribuida conforme al aporte de cada quien en ella de modo crecientemente a mayor cantidad de personas. La revolución consiste en cambiar la estructura de la sociedad para que se produzca con mayor eficiencia y en mayor volumen y que ello vaya a la satisfacción de las necesidades colectivas en proporción cuantitativa y cualitativamente mayor hasta alcanzar a la totalidad de la población nacional.

No se trata, como creen algunos, simplemente de dar bienestar a los que no lo reciben ahora sin cambiar la estructura socio-económica: “Quitarle a los ricos para darle a los pobres”. Con esta operación se estaría, en el mejor de los casos, repitiendo el ciclo del capitalismo para volver a conjurar temporalmente su crisis sin una solución definitiva. Algunos de los que estaban abajo oprimidos y explotados, ahora estén arriba oprimiendo y explotando. No es que unos disfruten y derrochen lo que antes disfrutaban y derrochaban otros, en una especie de envidia vengativa y destructiva, con los mismos valores y patrones de conducta de la sociedad opulenta capitalista. Ese círculo infinito de explotados que se convierten en explotadores tiene su final con la transformación estructural del sistema de explotación capitalista. Pero, es necesario que esa transformación se haga realmente. Tal es el meollo del problema.

La conducta es base de la credibilidad.

Uno de los principales pilares de esa transformación es la conducta de quienes se proponen dirigirla, de la organización o las organizaciones que concentran las capacidades para impulsar las transformaciones. La construcción de esa fuerza o bloque de fuerzas sociales y políticas, la formación de los participantes y dirigentes de las organizaciones deben alcanzar la máxima credibilidad ante la población y especialmente ante los trabajadores (los que producen la riqueza) para poder articular la capacidad de transformación de la sociedad. De lo contrario, la sociedad no acompañará la propuesta, porque nuevamente se presentará engañosa y contradictoria, no alcanzará la legitimidad necesaria para afrontar con éxito las amenazas y agresiones de los adversarios y la acción política e ideológica de los conservadores y restauradores del sistema.

Algunos vicios que son una bomba de tiempo

La conducta displicente, autoritaria y corrupta de los funcionarios del gobierno revolucionario es un vicio que no permite asentar la credibilidad de que estamos ante una transformación verdadera y por tanto duradera. La designación de altos funcionarios: Ministros, Vice-ministros, Presidentes de empresas del Estado, entre otros, que no reúnen las capacidades, ni tienen las convicciones ni la moral para desempeñar los cargos de tal exigencia es una prueba, frente al conjunto social, de nuestra debilidad para dirigir el proceso de transformación. El incumplimiento de derechos fundamentales de los trabajadores y otros sectores, así como el desconocimiento de sus potestades y autonomía para ejercer la participación política y social se configura en la psicología colectiva como una deslealtad que desautoriza a la dirección del proceso e incluso, descalifica el proyecto socialista de transformación. El ventajismo de los altos funcionarios gubernamentales para imponer sus candidatos, el clientelismo “puntofijista”, la violación de las normas de igualdad, el engaño, la manipulación de las cúpulas dirigentes favoreciendo candidatos y los fuertes indicios de fraude en las elecciones internas del PSUV muestran a esta organización como una reedición de las que han sostenido a la sociedad de explotación, “más de lo mismo” en el lenguaje coloquial. La falta de franqueza, la excesiva y evidente publicidad con el fin de crear una idea distinta de la realidad da la impresión de estar en presencia de una falsa solución.

Todo ello es una especie de bomba de tiempo que puede detonar el proceso y la conducta correcta es la crítica y el debate franco, público y valiente para señalar las desviaciones, corregir los errores y reimpulsar el proceso.

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