martes, 15 de junio de 2010

Argentina, Malvinas: Crónica de un final anunciado (Parte II)

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Como señalábamos en el artículo anterior, las negociaciones entre Londres y Buenos Aires para la explotación de las reservas de petróleos existentes en las cuencas ubicadas en el subsuelo de las Islas Malvinas, habían determinado la firma de varios contratos de riesgos con empresas multinacionales -Exxon, Shell, Petrobras, entre otras.

En ese año -1981- se había producido un cambio de administración en Estados Unidos, que determina modificaciones de su política para el Continente, en función de “recuperar su hegemonía” y siguiendo los consejos del llamado Grupo de Santa Fe, se apresura a limar las asperezas que habían surgido con la Dictadura Militar, a raíz de la condena de la Administración anterior a las brutales violaciones de los derechos humanos.

Misiones diplomáticas y militares provenientes de los Estados Unidos visitan a los centuriones del país del Plata, asegurándoles un absoluto respaldo a su modelo de país, al mismo tiempo que el Rockefeller anuncia importantes inversiones en el país.

En las conversaciones se acuerda, teniendo en cuenta la experiencia de los militares argentinos en la “guerra sucia”, que estos participen en el hostigamiento a la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua y en la represión a las guerrillas en Guatemala, Honduras y El Salvador, ya que el Pentágono entendía que la región centroamericana era el área mas conflictiva.

La dictadura genocida, que había variado de comando con el ascenso de Roberto Viola a la Presidencia, admite gustosamente el rol que le asigna Washington y comienza a planificar el envío de “asesores”, que instalan su cuartel general en Panamá, estando al frente de los mismos el Coronel Valin, estrechamente vinculado al General Santiago Omar Riveros, responsable del campo de exterminio ubicado en la Unidad Militar de Campo de Mayo en el que fueron asesinados cinco mil compatriotas.

Contemporáneamente prosiguen las tratativas con el Foreing Office para definir la situación de las Islas Malvinas y así poder apresurar los proyectos de explotación del petróleo.

El escenario en ese momento se empieza a modificar, crece la resistencia popular, el tema de los “desaparecidos” se convierte en el eje de las protestas de todos los sectores políticos, los partidos democráticos reorganizan sus militancias y exigen una apertura, la inflación y la desocupación generan movilizaciones de los trabajadores y se comienza a reorganizar el movimiento sindical.

Esta situación determina que Viola empiece a diagramar, con sus asesores, un plan político, que no cuenta con el agrado del Pentágono que empieza a conspirar con algunos altos jefes militares para reemplazarlo por un oficial mas afín.

Surge a propuesta del General Mallea Gil, representante argentino ante la Junta Interamericana de Defensa, el nombre del tristemente célebre Lepoldo Fortunato Galtieri. Este asume el 22 de diciembre de 1981, asegurando absoluto acatamiento a los dictados de Washington.

Se incrementa la participación militar en Centroamérica y se comienza a gestar la idea de una fuerza intervencionista, que en base al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, invada El Salvador y Nicaragua.

Estos compromisos contraídos por Galtieri con Reagan, le empiezan a generar serios inconvenientes a aquél. En los mandos castrenses, no por humanitarismo, ni patriotismo, sino por los costos que ellos evalúan les traería esta participación en la región centroamericana, comienzan a surgir voces discordantes; al mismo tiempo que sigue presente la idea de “una retirada ordenada”.

En el campo internacional la condena de las naciones europeas al gobierno militar y la de algunos países latinoamericanos -México y Brasil- aumenta el aislamiento y la preocupación de algunos generales sobre “como salvar a la institución” e “impedir un Nuremberg”.

Con el marco de estas “preocupaciones” y en el medio de los conflictos internos reaparece el tema de la recuperación de las Islas Malvinas, como forma de “recuperar prestigio”.

Para los mandos castrenses, protagonizar este “acto de soberanía” les permitiría, según sus análisis, recomponer y ampliar la base social sobre la cuál generar un proyecto político que les asegurara la continuidad en el poder.

Galtieri por su lado recurre a su “progenitor” Ronald Reagan, a quién le plantea los escollos en que se encuentra, y los serios temores que abriga a ser desplazado por un sector “nacionalista” liderado por el dictador Juan Carlos Onganía.

La única solución -le dice el General genocida al inquilino de la Casa Blanca- es adelantarse y ocupar militarmente las Islas para acelerar las negociaciones con los ingleses, que llevaban un ritmo demasiado lento.

Reagan analiza la propuesta con el Pentágono, y entra en sus especulaciones el control militar del Atlántico Sur, por lo que la Administración estadounidense elabora una respuesta que conjugue las dos situaciones: salvar al gobierno argentino, bendecido por Washington recuperando la cohesión de las fuerzas armadas de ese país y, a la vez ubicar una base militar -como la de Diego García en el Océano Indico-que controle el área.

El “okey” que da la Casa Blanca a la “operación Malvinas”, tiene dos condiciones: que la misma sea dirigida por el Alto Mando Militar norteamericano, y que en el Archipiélago se le ceda un área para instalar una base militar. Al mismo tiempo los funcionarios estadounidenses trataran de lograr que la Cancillería inglesa se muestre dispuesta a una solución negociada que actualice la propuesta de Lord Shakletton de una administración compartida de los recursos naturales -de la Exxon y la Royal Dutch- con las correspondientes regalías para el gobierno argentino, la instalación de una base militar para la alianza atlántica NATO -o directamente para los Estados Unidos-.

Además, y para evitarse sorpresas, la administración norteamericana, fija como fecha de las operaciones el mes de julio, a fin de acelerar las negociaciones previas.

Este acuerdo es rechazado por un sector de la oficialidad castrense que empieza a complotar contra el dictador, rechazando toda participación de l Pentágono en la recuperación de las Islas. Como prueba de su decisión hacen estallar una bomba, de regular poder explosivo, en el hotel Sherathon de la capital argentina, donde se alojaban los “asesores” estadounidenses.

Esta situación hace que el mandamás rioplatense decida cambiar la fecha, y, pese a algunas diferencias que se suscitan en la propia Junta Militar ante la oposición del Jefe de la Fuerza Aérea el Brigadier Lami Dozo, se decide que el desembarco en las Islas se haría el 2 de abril.

¿Cómo sigue este proceso? Lo seguiremos viendo en la próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex directo del diario “El Mundo” y de la revista “Nuevo Hombre”.

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