martes, 15 de junio de 2010

Caso Posada Carriles: Con Bush y Obama, cinco años encubriendo décadas de terror

Jean-Guy Allard

Este 15 de junio se cumplen ya cinco años que Venezuela solicitó, de manera formal, al Gobierno norteamericano la extradición del terrorista internacional Luis Posada Carriles, tras su detención el martes 17 de mayo de 2005 en Miami, estado de Florida.

Bernardo Álvarez, embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Washington, recordó entonces cómo se había solicitado sucesivamente, el 13 de mayo y el 10 de junio, en notas diplomáticas, tanto el arresto como la eventual entrega de este prófugo de la justicia venezolana, responsable de la destrucción en pleno vuelo de un avión cubano que provocó la muerte de sus 73 ocupantes.

Presente en la misma conferencia de prensa, la vicecanciller Delsy Rodríguez expresó que "el reloj para decidir la extradición de Posada Carriles se ha puesto en marcha" y señaló que el expediente presentado contaba con 500 páginas donde se documentaba cada aspecto de la presencia de Posada Carriles en Venezuela. El abogado del caso, José Pertierra, añadió que tal solicitud del gobierno bolivariano tenía que ser atendida “de manera inmediata”.

En un primer paso que correspondía aparentemente a una posible expulsión del país de quien había entrado ilegalmente en territorio estadounidense a bordo del barco camaronero Santrina, procedente de México, el magistrado de Inmigración William Lee Abbott denegó la liberación bajo fianza de Posada Carriles, entonces preso en un centro de detención para inmigrantes ilegales de El Paso (Texas).

Sin embargo, unas semanas más tarde era el mismo magistrado quien, después de oír el testimonio de Joaquim Chaffardet, cómplice de Posada en las campañas de contrainsurgencia que dejaron cientos de muertos y torturados en la Venezuela de los años 70, decidía que Posada no podía ser extraditado a ese país… porque pudiera ser torturado.

El 19 de abril de 2007, después de una larga cadena de acrobacias judiciales ante unos siete magistrados sucesivos, se comprobó con la puesta en libertad de Posada por la jueza Kathleen Cardone de El Paso, la determinación del clan Bush a burlarse groseramente de la opinión pública.

Quedó también claro entonces que para el circuito anti-Cuba de la inteligencia norteamericana se trataba de salvar a toda costa a quien había cumplido durante cuatro décadas orientaciones inconfesables de la CIA.

¿Se han olvidado del agente “Amcleve/15”?

Son ya cinco años durante los cuales el Gobierno de Estados Unidos, su Departamento de Justicia y su sistema judicial sui generis se han negado a reconocer e, incluso, pretenden ignorar el pasado terrorista de Luis Posada Carriles. A pesar de que él mismo se describió como terrorista en repetidas oportunidades. Y de que los archivos tanto de la CIA como del FBI desbordan de documentos, desclasificados o NO, que revelan la naturaleza criminal de sus actividades.

Ya a principios de los años 60, estos archivos explican detalladamente cómo Posada Carriles es el agente AMCLEVE/15 y cómo su oficial de caso es Grover Lythcott.

Los archivos ya difundidos cuentan todo acerca de cómo entrenó a terroristas en los Everglades o cómo se integró a la Representación Cubana en el Exilio (RECE), el grupo terrorista de la Bacardi.

¿Cómo no van a conocer el pasado terrorista de Posada si el propio jefe del RECE, Jorge Mas Canosa, era agente de la CIA?

Iniciador de la Fundación Nacional Cubano Americana, Mas terminará orientando y financiando las actividades de Posada.

Frente a decenas de evidencias, la CIA no puede, lógicamente, ignorar por qué el ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, hoy refugiado en Miami bajo su protección dio cobertura a a Orlando Bosch, jefe de la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) y cómplice de Posada en el crimen del avión cubano, hoy radicado en Hialeah, beneficiándose de una total impunidad.

EL 11 de junio de 1976, al auspiciar formalmente la reunión donde se fundó la CORU, en Bonao, Republica Dominicana, la CIA firmó la larga sucesión de sangrientos crímenes que luego reivindicó esa organización terrorista. Presidió esta reunión de gansteres terroristas, entre ellos Posada, un agente más "pintado" CIA que el propio cuartel general de Langley; Alexander Vlonsky, un inmigrante rumano naturalizado norteamericano, conocido entonces bajo la identidad de Sacha Volman.

A pesar de todos los esfuerzos que desarrolló luego para limpiarse de su responsabilidad criminal, la mano de la agencia de inteligencia norteamericana apareció entonces por todas partes, al reunir este encuentro altamente secreto todos los elementos que la caracterizan.

Como aparece en la fuga de Posada de su cárcel venezolana cuando lo reclama el agente CIA Félix Rodríguez Mendigutía, asesino del Che y colaborador de Oliver North, quien le entrega la dirección de las operaciones en la base salvadoreña de Ilipango. Ahí Posada se convierte, al servicio de la CIA, en traficante de armas y de droga.

En la entrevista que concedió al New York Times en 1998, donde confiesa ser el autor de la campaña de terror que desencadenó en La Habana el año anterior, Posada lo admitirá con una asombrosa ingenuidad: "La CIA nos lo enseñó todo..., cómo usar explosivos, cómo matar, hacer bombas...”.

El dossier Posada es mucho más que el caso de un solo hombre.

Lo demuestra diariamente la prensa derechista de Venezuela cuando ataca la presencia de colaboradores civiles cubanos en ese país mientras ignoró e incluso justificó durante años la presencia cubana en la DISIP cuando su tropa de sicarios masacraba, bajo ordenes de Posada y sus socios, a jóvenes revolucionarios.

Ayer con la violencia de Posada y sus semejantes; hoy detrás de la cortina de humo de las campañas de difamación, al pretender presentarse como defensores de los derechos humanos, los dueños del campo de la vergüenza de Guantánamo siempre cosecharán lo que han sembrado.

Para los Estados Unidos, tanto los de Bush como los de su sucesor, Posada es otra cosa que un agente más, un sicario servil que hace falta proteger para no asustar a los demás.

Posada es la palabra clave de décadas de guerra sucia, de operaciones asesinas, de injerencia bochornosa, de complicidades vergonzosas con que se pensó borrar, erradicar, aniquilar en este continente todo ejemplo de rebeldía.

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