martes, 8 de junio de 2010

Consecuencias de conflictos regionales, desde Chipre hasta la Flotilla Libertad

Andrei Fediashin (RIA NOVOSTI)

El presidente de Chipre, Dimitris Christofias, canceló la reunión, prevista para el pasado 3 de junio, con el nuevo mandatario de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, Dervies Eroglu, elegido en abril del año en curso.

Este acontecimiento que, en esencia, estaba destinado a discutir las perspectivas de un arreglo del conflicto de Chipre, isla del Mediterráneo dividida desde hace 36 años entre comunidades ortodoxas al sur y musulmanas al norte, pasó casi desapercibido en comparación con la gran polémica suscitada por el operativo militar israelí contra la Flotilla Libertad que transportaba carga humanitaria a la Franja de Gaza.

Las negociaciones habrían sido las primeras entre los chipriotas griegos y chipriotas turcos desde las recientes elecciones presidenciales celebradas en la República Turca del Norte de Chipre.

Formalmente, la reunión fue cancelada porque Eroglu exigió cambiar el sistema federal del futuro estado chipriota unido aprobado por la ONU y los griegos.

Sin embargo, el asunto es más complicado. Eroglu, el líder del Partido de la Unidad Nacional, nunca ha disimulado que está en contra de la reunificación con los griegos. Hoy por hoy, es imposible prever cuándo y quién pueda volver a abordar el problema del arreglo chipriota.

Al parecer, no pasó nada extraordinario. Chipre ya lleva muchos años sin resolver su conflicto regional y sobrevivió varios fracasos mucho más graves. Al menos, allí no se libra una guerra.

Por otro lado, es alarmante que todo lo que pasa en Chipre y alrededor de la isla tiene repercusiones globales, incluidas las relaciones interconfesionales, entre los musulmanes y cristianos.

Las palabras como Yihad ó cruzada pasaron a ser muy frecuentes tras el ataque israelí contra la Flotilla Libertad. Los responsables de esto son tanto Chipre, como la propia Flotilla Libertad, la Franja de Gaza, Israel, Turquía que se convierte en el actor principal en la respectiva región, todo el Oriente Próximo, y la UE.

Por ejemplo, el pasado 4 de junio, el Sumo Pontífice Benedicto XVI llegó a Chipre comenzando su primera visita a un país ortodoxo para participar en una celebración ecuménica en la Iglesia de Agia Kyriaki Chrysopolitissa. La comunidad laica diría que fue una visita de buena voluntad realizada con el objetivo de desarrollar el diálogo entre las confesiones cristianas, ya que la mayoría de los grecochipriotas son ortodoxos.

Esta visita ya fue coloreada con sangre. El pasado 3 de mayo, en vísperas de la llegada del Papa a Chipre, el célebre obispo, Luigi Padovese, vicario apostólico de Anatolia y presidente de la Conferencia Episcopal Turca, fue fue asesinado con un cuchillo por su chófer en el jardín de su casa de verano, situada en Karaagc, un balneario en los suburbios de Iskenderun.

Padovese tuvo que llegar a Chipre para reunirse con el Papa y contarle las presiones que sufren los cristianos en el país musulmán de Turquía, entre otras cosas. Según informó el gobernador de Anatolia, Mehmet Celalettin Lekesiz, las primeras investigaciones parecen descartar un crimen político.

Quizás, sea verdad. Pero seguramente se trata de un delito religioso, lo que es mucho peor que político. Porque este asesinato inevitablemente será reconocido como político, y una mezcla de lo religioso y lo político es la sustancia más combustible en cualquier conflicto.

Hay zonas en nuestro planeta, donde los conflictos locales y regionales involucran no sólo a los vecinos sino a los países, gobiernos y políticos de las regiones apartadas. Chipre, Franja de Gaza, Israel y el Próximo Oriente, todos juntos y por separado, son ese tipo de zonas. Cada centímetro cuadrado de la superficie (geográfica, política y confesional) en estas áreas suele causar tantos problemas que todo el mundo debe afrontar sus consecuencias.

El número de las víctimas causadas durante un año entero por el lanzamiento de misiles hacia Israel por los combatientes del movimiento palestino Hamas, o por asaltos militares israelíes en la Franja de Gaza es incomparable con el número diario de los muertos en la provincia sudanesa de Darfur o Ruanda. Pero el mundo nunca ha prestado a Darfur ni a Ruanda la atención que brinda a la región del Mediterráneo desde hace decenas de años.

Aunque este ejemplo pueda parecer un ejemplo cínico, las cosas son así. Y no se puede hacer la vista gorda ante la agresión, obstinación y rabia de ambas partes del conflicto.

El antagonismo entre los propios participantes del conflicto regional llegó a tal punto que ya no pueden resolver la situación con sus propias fuerzas. Han hecho varios intentos, pero no lograron éxito.

En el estado de cosas actual y en el que se nos prepara (un rebrote de la Flotilla de la Libertad y posiblemente una similar reacción por parte de Israel) preocupa no sólo una agudización del conflicto palestino-israelí, sino también la creciente irritación de Turquía.

La primera Flotilla de la Libertad fue dirigida a la Franja de Gaza por los organismos turcos. Además, el presidente de la República Turca del Norte de Chipre no habría truncado las negociaciones sobre un posible arreglo del conflicto con grecochipriotas si no hubiera recibido una previa autorización de Ankara.

Parece que hay una intención de provocar brotes de radicalismo en Turquía. La reacción demasiado agresiva de Israeal a la tentativa de levantar el bloqueo de Gaza mediante flotilla humanitaria no es el único ejemplo de esto.

Durante los últimos 30 años, los políticos prudentes de Europa Occidental trataron de crear una atmósfera favorable para conseguir sentar a la mesa de negociaciones europeos a Ankara, si no adherirla a las estructuras de la UE. En esencia, ningún país europeo valoraba positivamente una integración real de Turquía.

Un posible alejamiento de Ankara de Europa y un acercamiento al Oriente musulmán o a Rusia pareció mucho más amenazante. Y la comunidad europea prodigó promesas de integrar a Turquía en la UE. Hoy en día, ya cesó de hacerlo. Berlín y Paris se pronunciaron en contra abiertamente, y los turcos lo tomaron en cuenta.

La declaración hecha por el ministro turco de Asuntos Exteriores, Ahmet Davutoglu, durante su visita en Washington del pasado 1 de junio, evidencia el grado del radicalismo alcanzado: "Turquía califica el ataque israelí contra la Flotilla Libertad como un S-11 (los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York). Esperamos que el mundo sea solidario con nosotros. No se trata de una alternativa entre Turquía e Israel. Es una alternativa entre lo justificado y lo injustificado, lo legal y lo ilegal".

Y antes Ankara fue el país islámico más tolerante hacia israel. ¿Y ahora? Según el periódico turco Vatan, tras la sangriente ruptura entre Turquía e Israel se puede dar por olvidada la misión mediadora de Turquía en el Próximo Oriente. Además, es imposible ninguna normalización de las relaciones con Israel mientras que el gobierno de extrema derecha de Benjamín Netanyahu esté en poder.

Así las cosas, los funerales del arreglo chipriota no fue lo más grave que pudo pasar. Se trata de los funerales de la paz en el Próximo Oriente y la amenaza de una nueva espiral de terrorismo y violencia.

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