jueves, 10 de junio de 2010

Corea: Cheonangate

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Como si tuviera acción retardada, a dos meses del hundimiento de la corbeta antisubmarina surcoreana Cheonan y después de que en su artículo de prensa del pasado día tres, Fidel Castro tirara de algunos hilos de la madeja formada en torno al incidente naval, desde Singapur, el Secretario de Defensa norteamericano Robert Gates, reveló significativos detalles.

Según un cable de The Associated Press, firmado por Pauline Jelinnek (5/6/2010) que cita a “autoridades militares”: “La noche del (26/3/2007) cuando un submarino norcoreano armado con torpedos presuntamente hundió un buque patrulla del ejército surcoreano, Estados Unidos y Corea del Sur realizaban ejercicios conjuntos contra submarinos a unos 120 kilómetros de distancia…” Según fuentes a las que la corresponsal tuvo acceso: “El buque (se refiere al Cheonan) no estaba involucrado en los ejercicios sino que realizaba un “patrullaje de rutina…”

Después de contextualizar el hecho y añadir detalles de color, la corresponsal cita al Jefe del Pentágono, Robert Gates cuando el pasado viernes (4/6/2007) confirmó que: “…Los planes para nuevos ejercicios contra submarinos entre Estados Unidos y Corea del Sur, anunciados tras el hundimiento del Cheonan, están en espera de una posible medida de Naciones Unidas sobre el incidente”.

Volviendo a lo dicho por las “autoridades militares” como quien alude a un insignificante detalle, se revela que: “…El barco (Cheonan) posiblemente no pudo detectar el submarino de Pyongyang. Las autoridades y los expertos de defensa -añade ella- dijeron que un minisubmarino habría sido difícil de seguir, incluso por un buque cercano en aguas de poca profundidad.”(SIC)

Invocando a John Pike, director de Global Security Com, la información añade que: “Lo que sorprendió a los expertos es que un minisubmarino de 130 toneladas, pudiera abatir sin advertencia a un buque 10 veces más grande…” El detalle se atribuye a la “asimetría de armamentos”.

Un elemento confuso se introduce cuando el cable refiere que según John Park- experto en Corea en el Instituto Estadounidense de Paz: “…La versión norcoreana del sigilo son los viejos submarinos diesel que evaden los métodos de detección modernos. (SIC)

De este modo, sesenta días después del más letal y peligroso incidente en la región desde la Guerra de Corea, el Jefe del Pentágono admite que el Cheonan, un buque de guerra de última generación, fue hundido en las narices de un destacamento elite de la US Navy, que participaba en ejercicios de guerra antisubmarina con Corea del Sur. Ensayar como destruir submarinos y ser hundido por uno de ellos es algo así como ir por lana…

Más inquietante debe ser para surcoreanos y norteamericanos la confesión del hundimiento de la nave surcoreana que, presuntamente se realizó por un minisubmarino, casi un juguete de 130 toneladas o por un viejo submarino diesel de diseño soviético fabricado cuarenta años atrás. Por una vez, la habitual arrogancia norteamericana se remite dando paso a la humildad con que se admite que: “…Ninguno de esos buques pudo ser detectado, entre otras cosas por la asimetría de los armamentos…”

Gates deberá afinar bien la retorica para, si fuera cuestionado por la Comisión de Servicios Armados, explicar para qué sirven los miles de millones asignados al Pentágono cuando, a la vista de la flota norteamericana, los norcoreanos con una embarcación antediluviana, se introducen en el dispositivo de un ejercicio conjunto, hunden una ultramoderna fragata y retornan a sus bases sin ser advertidos. Nadie habría sospechado semejante indefensión.

El reconocimiento de Gates, que no especifica cuántos buques, aviones, satélites, estaciones de radar y otros recursos técnicos participaban en los ejercicios antisubmarinos y arroja dudas sobre el informe de la Comisión Investigadora Internacional, que llegó a la conclusión de que la corbeta surcoreana fue impactada por un torpedo norcoreano cuyos oxidados fragmentos fueron mostrados como única evidencia.

Haría falta saber: ¿Dónde están las lecturas de los ultramodernos radares, los aparatos de sonar y las computadoras de las unidades y bases participantes en los ejercicios? ¿Dónde donde están los datos aportados por sistemas de la propia corbeta? que, excepto estar partida por la mitad, fue recuperada integra del fondo del mar. Es imposible que tales trazas, utilizadas ya en la II Guerra Mundial no existan ahora.

Incluso admitiendo que el presunto submarino norcoreano no hubiera sido detectado durante su aproximación y que la corbeta atacada como tampoco ninguno de los navíos participantes en los ejercicio se percataron de que un torpedo había sido lanzado ¿Cuál fue la reacción de los sistemas de aviso de la embarcación embestida? ¿Qué ocurrió con los procedimientos de autodefensa de la nave que operan automáticamente? y sobre todo ¿Qué ocurrió después que la embarcación fue impactada? ¿Por qué en semejante escenario la mitad de la tripulación dormía?

Por otra parte es conocido que en ejercicios de tal envergadura, existen parámetros para evaluar la eficiencia de las unidades participantes, así como observadores, árbitros y expertos que acopian la información generada, utilizándolas como elementos para calificar el desempeño de los participantes. ¿Dónde están tales evidencias? ¿Qué dicen los comandantes de las naves involucrados en el ejercicio y los jefes de las unidades radiotécnicas que han hecho el ridículo? ¿Cuántos oficiales sobrevivientes del Cheonan han comparecido ante los paneles investigadores?

Cualquiera que conozca a los militares sabe que en ejercicios de la envergadura a los que se refiere el Secretario Gates y en ese teatro de operaciones conllevan un nivel de aseguramiento que no deja margen a las casualidades y que incluye el cierre del área de maniobras, habitualmente convertida en “zona de exclusión”. Un elemento que nunca se deja al azar es la vigilancia de los accesos lejanos. ¿Quién cree que una nave como el Cheonan, en una jornada de ejercicios combativos realizaba “tareas rutinarias”?

Cualquier cadete sabe que en un escenario y en una noche como esa, no hay rutina alguna, lo que hay son incoherencias, poca transparencia y muchos cabos sueltos. Algún día la verdad será reflotada. Luego les cuento.

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